La hemeroteca ha jugado una mala pasada a un Mark Zuckerberg en horas bajas tras el escándalo de la filtración de datos a la empresa Cambridge Analytica. En una entrevista al diario belga Le Quotidien en 2009, el gurú tecnológico insistía con vehemencia en que la red social jamás compartiría la información de sus usuarios: “Para muchos otros servicios, la privacidad es importante, pero para Facebook, es un tema central”. Ante la pregunta de la periodista sobre si la empresa contemplaba vender esa información, la reacción de Zuckerberg rayaba en la indignación: “Claro que no”.

La red social por excelencia se enfrenta a un aluvión de críticas desde que los diarios The New York times y The Observer publicaron que Cambridge Analytica había obtenido en 2014 datos de más de 50 millones de usuarios de la plataforma en Estados Unidos a través de una aplicación de un tercero. Pero eso no era todo. De acuerdo con los rotativos, la información que llegó a manos de la consultora fue utilizada para crear contenidos específicos con la intención de influir en la campaña electoral estadounidense a favor del candidato republicano, Donald Trump.

Facebook afronta ahora a una investigación de la fiscalía de Nueva York, y la presión mediática y social ha llevado a su fundador a aceptar someterse a las preguntas del Congreso estadounidense, una petición que ha rechazado en el caso de la Cámara británica. El escándalo podría culminar con una multa millonaria por no atender a “la responsabilidad fundamental de proteger la información personal de sus usuarios”

Pero Facebook se ve acuciada por un problema mucho mayor: la pérdida de la confianza de sus usuarios -su sustento-, que se ha traducido en una campaña para eliminar perfiles personales de forma masiva. El movimiento #deletefacebook se ha vuelto viral en su competidora Twitter, donde un gran número de usuarios han divulgado instrucciones sobre los pasos a seguir para dar de baja la cuenta.

La tercera vía de agua de la tecnológica viene de la mano de los mercados: tras conocerse la noticia, la cotización de Facebook cayó un 7%, lo que se traduce en cerca de 50.000 millones en pérdidas. Los inversores estudian acciones legales por el menoscabo económico sufrido.

Ante el aciago panorama, la red social ha pasado a modo “control de daños” e intenta reparar las fugas. Zuckerberg ha pedido disculpas públicamente, la compañía ha anunciado que revisará sus protocolos en lo referente a la protección de la información y sus responsables tratan de cortar la sangría en bolsa anunciando una auditoría externa para averiguar si los datos filtrados aún siguen a disposición de Cambridge Analytica, que aseguró haberlos borrado en 2015. El reto será ahora recuperar la confianza de aquellos usuarios que han descubierto la cara menos amable de la difusión de información privada en la red.

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