Corría el 2001. Hacía un año que Vladímir Putin había llegado a la presidencia de Rusia y era una época en la que el Kremlin todavía mantenía buenas relaciones con los gobiernos occidentales. Durante una visita del entonces presidente de Francia, Jacques Chirac, a San Petersburgo, la ciudad natal de Putin, este decidió agasajar a su invitado llevándole a uno de los restaurantes de postín. El barco restaurante se llamaba New Island, y su dueño, Yevgueni Prigozhin, era un emergente empresario de la ciudad del Nevá que se estaba haciendo un hueco en los círculos del poder por el estómago.

Casi dos décadas después y basándose en las investigaciones del FBI, Robert Mueller, el fiscal especial de Estados Unidos para el Rusiagate, cree que Prigozhin está tan dentro del sistema político ruso como para usar su fortuna empresarial al servicio de las malas artes del Estado. Y asegura que es precisamente él quien está detrás del mayor ataque llevado a cabo con éxito contra la democracia más poderosa del mundo, según la acusación que el pasado 16 de febrero presentó ante un gran jurado de Washington.

Prigozhin, de 56 años, empezó sus negocios vendiendo perritos calientes en un quiosco de San Petersburgo en la década de 1990. Según el propio empresario, estos comienzos sorprendieron a Putin, que entonces trabajaba en el Ayuntamiento de la ciudad. “Él vio cómo levanté mi negocio empezando con un quiosco”, explicó Prigozhin en una ocasión a la revista local Gorod 812. Pero también han sorprendido ahora al fiscal Robert Mueller, que sostiene que Prigozhin lleva utilizando sus recursos desde el 2014 para financiar una empresa dedicada a lanzar en las redes sociales miles de comentarios y noticias falsas para interferir en la realidad política de EE.UU. Según sus datos, esa actividad se intensificó durante la campaña electoral a las presidenciales del 2016, con el objetivo de hundir a Hillary Clinton y favorecer a Donald Trump.
 

Tras pasar por la cárcel por robo, disuelta la URSS, montó prácticamente de la nada un imperio de restaurantes. En el 2001 Putin llevó a cenar a Jacques Chirac a uno de ellos; en el 2002, el invitado fue Bush, el presidente de EE.UU.

Dicha empresa se llama Agencia de Investigaciones de Internet, pero en la prensa local se la ha apodado la fábrica de trols. Mueller presentó acusaciones contra Prigozhin y otros 12 ciudadanos rusos por influir en las elecciones que llevaron a Donald Trump a la presidencia de EE.UU. La acusación se extendió a tres empresas: la citada agencia, con la que portavoces de Prigozhin aseguran no tener relación, y dos de sus compañías: Concord Management y Concord Catering.

“Los americanos son gente muy emocional, ven lo que quieren ver. Yo tengo un gran respeto por ellos. No estoy en absoluto enfadado por estar en esta lista. Si quieren ver al diablo, dejémosles”, fueron las templadas palabras que salieron de la boca del empresario ruso, citadas por la agencia Ría Nóvosti.

De hecho, a pesar de su éxito en los negocios, Yevgueni Prigozhin parece tener los pies en el suelo y sabe por donde se mueve. En ocasiones no le ha importado dejar su puesto de gran jefe y pasar a servir la mesa como si fuera un camarero más, como se ve en unas fotos del 2010, cuando Putin visitó la fábrica de Concord Catering, que se encarga de distribuir comida a colegios públicos. Sólo en Moscú logró contratos por 1.600 millones de rublos (casi 23 millones de euros) para ese fin.

La relación con el poder ruso le ha permitido al mismo tiempo expandir sus negocios. Además de a colegios, Prigozhin suministra alimentos a cuarteles militares y presta sus servicios al Kremlin. Por organizar los banquetes que ofrece el presidente, en Rusia le llaman “el cocinero de Putin”. En los últimos años, además, ha diversificado sus negocios y tiene participación en empresas petroleras. Según la web independiente Fontanka, de San Petersburgo, ese porcentaje se le concedió por organizar a través de su empresa Evro Polis el envío de mercenarios para proteger los campos de petróleo de Siria de las huestes del Estado Islámico.

Yevgueni Prigozhin nació en 1961 en la entonces Leningrado. Estudió en un colegio orientado a los deportes y después de 1977 intentó convertirse en un esquiador de fondo profesional, explicaba el diario electrónico Meduza en junio del 2016, cuando comenzaba a vérsele a la sombra de Putin. Pero sus sueños fracasaron en 1981, pues fue condenado por robo y fraude a 12 años de prisión. Cumplió nueve y logró la libertad poco antes de la desintegración de la URSS.

Esos dos acontecimientos, el personal y el histórico, le permitieron comenzar de nuevo. Tras volver a intentarlo con el esquí y tras ingresar en la universidad, de donde fue expulsado, los negocios fueron su salvación. Abrió una cafetería de comida rápida, más tarde algunos quioscos y finalmente restaurantes de calidad en San Petersburgo y Moscú. En 1996 abrió el restaurante Stáraya Tamózhnaya (la vieja aduana). Según él mismo dijo en el 2008 a la revista Elite Society, pronto tenía entre sus clientes a altos funcionarios de la ciudad.

En 1998 abrió un restaurante de lujo en un barco, llamado New Island. Allí fue donde Putin llevó a cenar en el 2001 al presidente de Francia, Jacques Chirac, y en el 2002, al presidente estadounidense George W. Bush. Meduza dice que incluso una vez el presidente ruso celebró allí su cumpleaños.

Sus negocios de catering comenzaron en 1996, con la creación de Concord Catering. En el 2012 la empresa dio un salto cualitativo y empezó a distribuir comida al ejército ruso. La Fundación de Lucha contra la Corrupción, del político opositor Alexéi Navalni, asegura que en los últimos años Prigozhin ha logrado contratos estatales por valor de al menos 2.500 millones de euros. Según esta organización, los únicos méritos de Prigozhin son “su cocina y la confianza de Putin”.

El Departamento del Tesoro de EE.UU. ya sancionó a Prigozhin en diciembre del 2016, alegando que sus empresas dieron “apoyo material, financiero, tecnológico o de servicios a altos funcionarios de la Federación Rusa”, incluido el Ministerio de Defensa, como en la construcción de una base militar cerca de la frontera con Ucrania que, según Washington, se usaba para desplegar las tropas rusas. Según la Fundación para la Lucha contra la Corrupción, los contratos con Defensa le reportaron 314 millones de euros sólo el año pasado.

El diario independiente Delovói Peterburg le colocaba el año pasado en el puesto 83 entre 304 multimillonarios en rublos de esa ciudad, con 11.000 millones, casi 160 millones de euros.
 

Prigozhin ha asegurado que no está enfadado por la acusación de desinformación: “Los americanos son muy emocionales, ven lo que quieren ver. Tengo un gran respeto por ellos”, ha afirmado

Yevgueni Prigozhin ha sido una sombra a la vera del poder. Hecho a sí mismo, no formaba parte del grupo de grandes oligarcas que amasaron miles de millones de dólares con las privatizaciones de los noventa, así que como un pequeño magnate lograba pasar desapercibido. Sin embargo, como hombre de fortuna, dejó un rastro… La riqueza de su familia quedó retratada en las cuentas de las redes sociales de sus dos hijos adultos.

A internet subió su hija Polina fotos del avión privado, del Lincoln Continental azul oscuro y de un yate de 35 metros, con seis dormitorios, un salón, una terraza, un comedor, una cocina, un camarote para el personal y dos cubiertas. Otra foto muestra al hijo de Prigozhin, Pável, posando desnudo en el yate.

Las imágenes llamaron la atención de los investigadores de la Fundación para la Lucha contra la Corrupción, que las ha publicado. La organización de Navalni también hizo volar un dron sobre la propiedad de la familia en las afueras de San Petersburgo, captando la mansión del empresario, la mansión de su hija, un helipuerto y una cancha de baloncesto.
Polina también publicó en Instagram una foto de un complejo arbolado en la ciudad de vacaciones de Gelendzhik, en el mar Negro. Según la Fundación para la Lucha contra la Corrupción, esta propiedad, que incluye un muelle para barcos y está en una zona de bosque muy vigilada, es muy querida por Putin y sus amigos. 
Tras las revelaciones de la fundación, las cuentas de los Prigozhin ya no están abiertas al público.

Pero la aventura que más interesa a los investigadores de Robert Mueller es la Agencia de Investigación de Internet, desde donde se cree que operaban blogueros y comentaristas de internet para lanzar miles de mensajes e influir y distorsionar la realidad a través de las redes sociales con cientos de cuentas y perfiles falsos. Según la acusación de Washington, Prigozhin la financia y se reunió frecuentemente en el 2015 y el 2016 con Mijaíl Bistrov, un excoronel de la policía al que se cree el principal responsable de la fábrica. El objetivo era organizar una campaña de desinformación llamada proyecto Lakhta y que en septiembre del 2016 ya tenía un presupuesto de 1,2 millones de dólares. 

Facebook, Twitter y Google han identificado esta fábrica de trols como la fuente principal de posts sobre temas que provocan división en EE.UU., lo que incluye raza, religión, leyes sobre armas o derechos de los homosexuales, y que su difusión se hizo de forma más intensa durante la campaña a las elecciones presidenciales del 2016. Según Facebook, la fábrica subió a la red 80.000 piezas cuyo contenido llegó a más de 126 millones de estadounidenses.

La acusación de Mueller indica también que la empresa compró anuncios de ­internet en nombre de ciudadanos americanos cuya identidad habían robado. Tres de los trece rusos acusados por Washington visitaron un total de diez estados de EE.UU., haciéndose pasar por activistas. “Presuntamente llevaron a cabo lo que ellos llaman una ‘guerra de información contra EE.UU.’, con el objetivo declarado de difundir la desconfianza hacia los candidatos y el sistema político en general”, dijo el subsecretario de Justicia estadounidense, Rod Rosenstein, cuando presentó las conclusiones de la oficina de Mueller a la prensa. Los sospechosos “tomaron medidas excepcionales para hacerse pasar por normales activistas políticos americanos”, añadió este político. 

Un portavoz de Prigozhin dijo a la agencia rusa RBK que “ni Concord ni ninguna otra estructura perteneciente al empresario están de ninguna manera conectadas con actividades dirigidas a interferir en las elecciones de Estados Unidos”.

La acusación de Mueller no implica al Gobierno de Rusia en la operación. Aun así, el secretario de prensa de Putin, Dimitri Peskov, también ha negado cualquier conexión del Kremlin con la Agencia de Investigación de Internet.

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