Dejó la universidad, donde impartía Historia, para volver a los movimientos sociales que conoció en su juventud.

Pablo Iglesias dijo de él, cuando aún no eran amigos: «Es uno de esos historiadores realmente útiles para los que hacemos política». Podría ser una de las más exactas definiciones de Francesc Xavier Domènech Sampere, de padres anarquistas, que siempre nadó entre dos aguas, la académica (es profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, UAB) y la social (fue insumiso y fundó un movimiento en defensa de la universidad pública).

El 15M decantó el futuro de Domènech hacia el activismo, aunque su salto a la primera línea fue difícil, ya que era muy reacio a perder tiempo de dedicación a su familia. Familia que está formada por Sonia, su mujer desde el 2015 y con quien celebró una boda «libertaria» en la que leyeron poemas republicanos, y Drac, su hijo, que realmente se llama Isaac y que tiene 5 años.

También están sus padres, Pep Domènech, un artista conceptual de la vanguardia artística de los años setenta reconvertido en diseñador de páginas web, y Lola Sampere, librera y militante de la CNT. Tiene además dos hermanas: Irene y Joana, más jóvenes que él. Domènech presume de una familia matriarcal, con una abuela, Paulina, que fue la primera mujer que trabajó en el Ayuntamiento de Sabadell, aunque después fue depurada por la dictadura.

Con esa herencia, no es de extrañar que antes de cumplir los 20 ya estuviese implicado en movimientos sociales. Siempre quiso ser profesor, pero en ese decenio también fue otras cosas. Por ejemplo, insumiso contra la mili y manifestante contra la guerra del Golfo, además de haberse apuntado a grupos que defendían el pacifismo, la solidaridad internacional o la educación pública (fundó la Plataforma en Defensa de la Universidad Pública). Pero poco a poco fue alejándose de las pancartas para centrarse en la investigación, dentro del departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB. Los movimientos obreros, Cataluña y la Transición centraron sus estudios: Clase obrera, antifranquismo y cambio político (2008), Quan plovien bombes. Els bombardeigs de Barcelona i la Guerra Civil (2008), Construint la ciutat democràtica (2012) o Hegemonías. Crisis, movimientos de resistencia y procesos políticos (2010-2013), entre otros. Obtuvo el doctorado con premio extraordinario de la UAB.

Pero cuando Domènech ya parecía acomodado en la universidad, llegó la crisis, y escuchó que el problema era haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Pidió una excedencia y se dedicó al activismo. Era el 15M y después llegaron las elecciones municipalesDomènech emprendió una nueva vida de la mano de Colau, y en Barcelona puso a los Borbones en el punto de mira: quitó el busto del rey del salón de plenos del Ayuntamiento y diseñó un plan para sacar la monarquía del callejero barcelonés. Sin embargo, se convocaron elecciones generales y el profesor de mirada traviesa y eternamente juvenil encabezó la lista de En Comú Podem animado por Pablo Iglesias. Fue el candidato más votado en Cataluña.

En el Congreso declaró que sus ingresos se limitan al sueldo de profesor (45.000 euros al año) y que no tiene propiedades, solo 11.000 euros en la cuenta.

Sin nacionalismo no hay opción

Domènech tiene un ideario social, pero con tintes nacionalistas: cree que no se puede cambiar nada en su comunidad fuera del espacio soberanista y es un firme defensor de un referendo pactado en el que él votaría, así lo repite, seguir en España.

Ahora se presenta al Parlamento catalán como «llave» del endiablado panorama político. En esta campaña hace malabarismos para salir del paso a las acusaciones de independentista, y se esfuerza por ofrecer un pacto a ERC y PSC para formar un Gobierno de izquierdas y sin unilateralidades. Le esperan jornada de diálogo, sin duda, un arte que domina -a pesar de la sordera que le dejaron unos antibióticos en su infancia en el oído en el que lleva un pendiente- y que ejecuta hasta con Felipe VI, de quien dice que es la persona con la que más ha hablado «del derecho a decidir, la plurinacionalidad y el referendo».

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