La situación política española está que arde y con muchos frentes abiertos entre los que destaca el jaque al Estado que se deriva de las revelaciones del comisario José Manuel Villarejo sobre el espionaje masivo que él mismo orquestó durante el intento fallido de Sacyr (en 2004) de tomar el control de BBVA, grabando conversaciones de ministros, empresarios y periodistas. Un segundo aviso del comisario al Estado tras la difusión, unos meses atrás, de la grabación de Corina en la que se lanzaban graves acusaciones contra el Rey emérito Juan Carlos I.

Sobre todo esto hemos oído decir a la ministra de Pedro Sánchez, Meritxell Batet que ‘el Gobierno no acepta chantajes’. Lo mismo que meses atrás dijeron ministros del Gobierno de Rajoy. Y algo parecido a lo que declaró el director del CNI, general Felix Sanz Roldán (que está abrasado con Villarejo y con su fracaso en Cataluña) cuando respondió al comisario diciendo: ‘si me echan un órdago, lo tomo’.

Villarejo tiene en jaque al Estado, por más que se niegue y exige su puesta en libertad a cambio de su silencio. En el otoño amenazó que haría estallar una bomba atómica ‘coronada’ antes de Navidad, pero el artefacto, que se relacionaba con el famoso ‘compi yogui’ Javier López Madrid, no estalló. 

Pero ahora y tras la Epifanía, Villarejo ha vuelto y lanzado una bomba de racimo sobre el BBVA, en pleno relevo de la presidencia en el Banco. En donde, además de las asombrosas golferías del ex presidente Francisco González, quien veremos donde y cómo acaba, aparecen afectados la ex vicepresidenta del Gobierno de Zapatero, Maria Teresa Fernández De la Vega (ofreciendo protección a Emilio Botín frente a actuaciones judiciales), el ex ministro Miguel Sebastián, la CNMV y notorios empresarios como Juan Abelló y Luís del Rivero. 

Estamos hablando en el caso BBVA de más de 4.000 teléfonos pinchados y grabaciones de 15.000 llamadas simultáneas y directas que sólo podían hacerse desde las instalaciones oficiales de escuchas del Estado (que están en Telefónica) y con la firma previa de un juez, lo que es asunto de la mayor gravedad y puede que de seguridad nacional. 

Y no solo por este caso en concreto de BBVA o por otros recientes sobre Corina y el emérito Rey Juan Carlos I, sino porque semejante despliegue anuncia la posible existencia de otros espionajes, con la misma facilidad a las más altas personalidades del Estado, la política, el poder económico y los anteriores gobiernos. 

Además, las variadas terminales mediáticas de Villarejo en Internet y Redes Sociales tienen su gran altavoz en La Sexta TV del Grupo Atresmedia. El que preside José Creuheras y controla la familia Lara y Jaime Roures y donde, de manera habitual e intencionada, se promociona a golpistas de Cataluña y a los dirigentes de Podemos en sus ataques a La Corona y al Estado. Lo que garantiza que la onda expansiva de los obuses que va lanzando el comisario llegue a toda España e incluso traspase las fronteras.

Al fondo de todo ello están las cloacas del Estado y sus conexiones, bajo tierra y en la oscuridad, con el poder político, judicial, policial, económico y mediático de este país. Un lodazal ínter conectado donde han crecido las corrupciones, las luchas de poder y hasta el reciente golpe de Estado en Cataluña. Donde fracasó el CNI (que ni encontró las urnas del 1-O) y donde  aparecen conexiones con las cloacas por donde chapoteaba Villarejo de aquí para allá, visitando y grabando personajes en los primeros despachos de poder (Francisco González de BBVA puede estar grabado).

Y si no que se lo pregunten a Dolores de Cospedal a quien Villarejo la grabó en su despacho de la secretaría general del PP. Lugar a donde le llevó su marido Ignacio López del Hierro, para que Cospedal le pidiera al comisario que investigara a dirigentes de su partido como Javier Arenas, en lo que fue el preámbulo de la Operación Kitchen contra Bárcenas, otro enorme lodazal del Gobierno de Rajoy, 

‘Trabajos baratitos’ le decía López del Hierro a Villarejo en el despacho de Cospedal a la que políticamente destrozó. Más caros fueron los pagos de BBVA a Villarejo y algunos recientes hasta enero de 2018, por lo que no han prescrito judicialmente (como no prescriben la publicación de los audios) lo que podría acusar a Francisco Gonzalez del delito penal de ‘Administración Desleal’ y ya veremos si también al ahora presidente Carlos Torres que era Consejero Delegado del Banco en ese tiempo. 

Un banco donde durante del intento fallido del asalto de Sacyr era jefe de Comunicación el periodista Javier Ayuso, ahora enemigo de Villarejo, y por donde ahora deambula como jefe de prensa un siniestro personaje llamado Paul Tobin, al que Torres debería fulminar si quiere limpiar BBVA e iniciar una nueva etapa en este Banco que atraviesa una crisis de gestión, además del presente escándalo. 

El que, vista la manera de actuar de Villarejo, que ahora ha pedido ‘cantar’ ante el juez, puede ser sólo un segundo aviso o segunda amenaza al Estado (la primera fue la de Corina a La Corona) como diciendo que la próxima o la tercera revelación puede ser la definitiva, la de ‘la vencida’. 

Fue por ello por lo que días atrás el Presidente Pedro Sánchez visitó el CNI para reunirse en el Centro con su Director Sanz Roldán, cuya cabeza vino pedirle Villarejo en una carta abierta al presidente, aunque Sanz Roldán cree (no conoce a Sánchez) que está seguro en el cargo mientras brame Villarejo por aquello de la máxima ignaciana de que ‘en tiempos de tribulaciones no conviene hacer mudanzas’. 

Pero el general se puede equivocar, porque si Sánchez para permanecer en el poder hasta junio de 2020 está dispuesto a dar indultos a los golpistas y a comprar los apoyos de ERC y PDeCAT a los Presupuestos de 2019 con los fondos del Estado en el favor de Cataluña y rompiendo la solidaridad ínter territorial, pues imagínense lo poco que le costaría a Sánchez sustituir a Sanz Roldán. 

Sobre todo si Villarejo continúa sacando trapos sucios de Zapatero y PSOE que seguramente los tendrá. Aunque ese cese sería leído como una victoria de Villarejo, el Rey de las cloacas, frente al Estado que pretende dinamitar. 


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