Inicio este post, tras una semana de vacaciones, repitiendo la frase con la que Enric Juliana finalizaba el pasado domingo su artículo de opinión “El PP, en el barranco del lobo”: “La izquierda prometió limpieza en València”. No solo eso; el PSPV, Compromís y Podem se conjuraron en el Pacte del Botànic para construir un nuevo relato político en contraposición a la ética y estética mostrada por los dirigentes del PP valenciano durante 20 años. En acabar con la “hipoteca reputacional” ocasionada por la multitud de casos de corrupción, investigaciones, imputaciones, condenas y encarcelados, todos del partido popular, y en convertir la “transparencia” en una de las principales señas de identidad de la gestión pública.

La autoexigencia de “honradez” era, y es, el principal valor que motivó en las urnas el cambio de ciclo político en mayo del 2015. En resumen: los valencianos, hartos y un tanto asqueados por tanta pestilencia en las instituciones, decidieron apartar al PP y dar la oportunidad a una izquierda que se presentaba con el objetivo de recuperar la dignidad de las instituciones valencianas. Se abría así un nuevo periodo que debía servir para reconectar a los ciudadanos con su administración, para demostrar al mundo que los valencianos no somos unos corruptos (”la paella y la corrupción, como en València en ningún lado”, se decía por España), y para sentar las bases de una nueva manera de hacer política alejada del clientelismo, del amiguismo, del enchufismo, y de esas prácticas que a punto estuvieron de derrotar a “todas” las instituciones valencianas (sí hundieron en las empresas públicas como, Ciegsa, RTVV o en nuestras cajas de ahorros).

El formidable trabajo iniciado por el diario El Mundoy en concreto por el periodista Juan Nieto—, y por el diario ABC, sobre la investigación judicial en marcha sobre presuntas e inquietantes corruptelas del PSPV y del Bloc, principal fuerza de Compromís, para financiar las campañas electorales autonómicas del 2007 y generales del 2008 nos han devuelto al peor escenario posible de lo vivido en esta geografía años atrás. Con unas prácticas que serían similares a las ejecutadas en la red Gürtel (empresas privadas pagan servicios a partidos a través de una empresa intermedia, en este caso presuntamente por la agencia Crespo Gomar como antes lo fue Orange Market, ambas empresas de comunicación). Con el mismo objetivo, el de presuntamente financiar actividades electorales. Y con protagonistas similares, la dirección de dos formaciones políticas, el PSPV y el Bloc, y presuntos cómplices, casi todos empresarios.

No tiene sentido perder el tiempo pensando si se trata de una venganza o no del PP, o de si hay interés en dañar a los partidos del ejecutivo valenciano; claro que lo hay. Pero ese no es el asunto; de lo que se trata es de clarificar cuanto antes si se ejercieron esas prácticas corruptas en esos años y quiénes fueron los protagonistas. Y una vez recabada la información, con la máxima premura, actuar con contundencia si se confirma que se vulneró la legalidad. Algunos con los que he podido hablar estos días por teléfono se sentían aliviados porque ha prescrito uno de los posibles delitos investigados; el electoral. ¿Pero de verdad esto les alivia? Siguen confundiendo instrucción judicial con responsabilidad política. Ese fue el mayor error del PP (miren el caso de Francisco Camps, inocente en lo judicial pero con su carrera política agotada), y parece que algunos quieren volver a cometerlo, esta vez en la izquierda.

En esta fase, por estas razones, no puede haber ni excusas, ni afirmaciones que después puedan ser desmentidas por la investigación judicial o, también, periodística. Resulta cuanto menos sorprendente la diferente actitud que ha tenido Enric Morera, dirigente del Bloc en esos años, frente a la de Àgueda Micó, actual dirigente de la formación nacionalista. El president de les Corts sólo ha comparecido para decir que todo lo hicieron bien. Micó, sin embargo, se ha metido de lleno en auditar con su equipo los papeles de esos años. “Seremos contundentes si se cometieron irregularidades”.

En el caso del PSPV todo parece, por lo divulgado, más grave. Joan Ignasi Plà, exsecretario general del partido en las fechas investigadas y actualmente miembro del Consell Jurídic Consulitu, no ha abierto la boca. Le han dado cobertura otros como el todoterreno Manolo Mata o el propio Ximo Puig afirmando que se investigará internamente el caso. El PSOE que dirige Pedro Sánchez está alerta, y algunas alarmas se han disparado en la calle Ferraz; saben que cuando un caso judicial comienza las consecuencias son imprevisibles. El caso del PSPV, de haberlo, puede acabar dañando la credibilidad de la estructura federal. Que se den prisa y que lo hagan con la mayor de las exigencias.

La “honradez”, ese era el principal valor de los partidos del Botànic cuando derrotaron juntos al PP y lograron conquistar las principales instituciones valencianas. Sin esa honradez el relato de la izquierda del PSPV y de Compromís (el Bloc es su principal fuerza, insisto) pierde fuerza, sentido. Porque ese es el valor sobre el que cimentó el pacte del Botànic. Además, la exigencia para que se aclare todo cuanto antes es también de los valencianos, que difícilmente podrán tolerar que otro presunto caso de corrupción vuelva a dañar nuestra imagen ante el resto de España, y del mundo. Y no olviden que el PP y Ciudadanos esperan y acechan; una ruptura del relato de la izquierda por un grave caso de corrupción sería el mejor motivo para que el centroderecha recuperara en el año 2019 las instituciones.

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