No está siendo nada fácil policialmente hablando desenmarañar la estructura que en los últimos meses rige la actuación de los Comitès de Defensa de la República, los CDR, que sólo en el nombre recuerdan a los moribundos comités de defensa de la revolución cubanos. Cada metro cuadrado de calle que ceden Òmnium Cultural y Assemblea Nacional Catalana lo ganan estos grupos organizados por un sistema asambleario y que ahora mismo marcan la agenda de las movilizaciones callejeras en Catalunya.

La policía tiene varias investigaciones abiertas porque fueron los CDR los convocantes de algunas de las protestas que degeneraron en disturbios. Los investigadores tratan de concretar el grado de responsabilidad en un movimiento que se presenta sin líderes ni portavoces y, por tanto, sin responsables. Recientemente, un juez tuvo que archivar la causa contra 51 activistas por los cortes de la A-2 en Igualada, el pasado 8 de noviembre, ante la “vaga identificación” que realizaron los Mossos de los investigados. Otros ocho activistas plantaron el pasado 26 de marzo a un juez de Barcelona que ya investiga el corte de vías del AVE en la estación de Sants, también el 8 de noviembre.

La policía reconoce el carácter absolutamente heterogéneo, transversal, de un movimiento intergeneracional compuesto por familias distintas del independentismo. Esta absoluta dispersión dificulta muchísimo la labor de mediación de los Mossos. Desde hace un tiempo, la policía catalana potenció el grupo de mediadores que en cada manifestación, autorizada o no, busca un interlocutor que ayude a minimizar los incidentes y retrase la actuación de los antidisturbios. “En las acciones de los CDR es prácticamente imposible”, reconoce un portavoz. Tiene su lógica.

Los Mossos admiten que no logran encontrar interlocutores para mediar en las protestas

Es difícil olvidar que los antiguos responsables de Òmnium y ANC, los Jordis, Cuixart y Sánchez, están a punto de cumplir medio año en prisión por su actuación durante las protestas frente a la Conselleria d’Economia, donde mediaron incluso con la Guardia Civil. En los últimos cortes de carreteras, los policías de mediación se han llegado a comprometer ante los manifestantes a no identificar a los interlocutores si estos eran capaces de asumir un cierto mando para que depusieran su actitud.

Los Mossos son conscientes de que a medida que se caliente y suba la intensidad de las acciones callejeras, una perspectiva que el propio comisario jefe del cuerpo, Ferran López, ya planteó el lunes al presidente del Parlament, Roger Torrent, será más y más difícil mediar con ellos.

Es cierto que las concentraciones que convocan los CDR se plantean mediante enunciados tales que el que asiste puede no ser consciente de cómo derivará la acción. Una de las últimas, con nueve detenidos y varios identificados, entre ellos un mosso, convocaba a concentrarse frente a las delegaciones del Gobierno español. Y ya desde el primer momento, entre ese tumulto de personas anónimas, de clases y edades dispares, hubo quienes lanzaron la consigna de romper las líneas policiales y avanzar hasta alcanzar el edificio. Casi lo logran en Lleida, donde los manifestantes lograron acceder al parking y sobrepasar el cordón de mossos.

¿Quién organizó los disturbios posteriores? ¿Las quemas de contenedores en algunos chaflanes del Eixample? Esa noche, nadie en concreto. A diferencia de otros disturbios callejeros de violencia urbana de los que Barcelona ha sido escenario en innumerables ocasiones hasta el 2012, los más exaltados del otro día improvisaron los actos de revuelta arrastrados por un grupúsculo minoritario de jóvenes que enseguida se cubrieron el rostro y apostaron por unos disturbios que ni siquiera alcanzaron uno de los barrios más propicios para la algarada: Gràcia.

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