Un empresario que se ha dedicado toda su vida a la cría de caballos muere repentinamente. En vida no consiguió que sus tres hijos amaran a estos animales con la misma pasión que lo hizo él y decidió dejar por escrito en su herencia un reparto de sus bienes en función del interés por los caballos de cada uno de ellos.

Además de repartir sus bienes económicos, el criador propuso que sus tres hijos se quedaran con los 35 caballos que tenía en posesión. Según el testamento, el hermano mayor, que pasó gran parte de su infancia a lomos de los pura sangre, debía quedarse con la mitad de los animales.

Un reparto desigual

El hijo mediano, al que sólo le gustaba cabalgar algún fin de semana o en vacaciones, tenía que recibir como herencia apenas la tercera parte del total de los caballos. Por el contrario, el pequeño de ellos nunca mostró interés por los animales, pero para que al menos pudiera hacer negocio vendiendo algún pura sangre su padre le dejó la novena parte.

Cuando los hermanos leyeron el testamento vieron que las divisiones que había hecho su padre no eran exactas. Incapaces de llegar a un acuerdo entre ellos decidieron consultar con un matemático que tenía un establo en el pueblo de al lado. Tras explicarle el percal, éste les propuso una solución.

Imagen de recurso de un grupo de caballos en libertad Imagen de recurso de un grupo de caballos en libertad (NicolasMcComber / Getty Images)

“Debido a que no se puede dividir exactamente 35 caballos por la mitad, como tampoco por la tercera parte ni la novena, yo os regalaré uno de mis animales para que tengáis 36. De ese modo los tres saldréis ganando. El mayor se llevará la mitad de 36 que son 18 caballos, el mediano la tercera parte que son 12 y el pequeño cuatro, que es la novena parte de 36”, detalló.

El matemático, muy espabilado él, les dijo a continuación que con su plan tendrían 18+12+4, es decir, 34 caballos. Sobran dos, por lo que él recuperaría el que les había prestado y se quedaba uno de regalo por arreglar los problemas de la herencia.

Y aquí viene el enigma de esta semana: ¿cómo es posible que acabaran sobrando caballos?.

Si no consigues dar con la respuesta vuelve este domingo a la web de La Vanguardia para ver la solución.

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