Tiene el tamaño aproximado de una nevera y pesa unos 318 kg. En su interior, un chip contiene los dibujos de niños que han imaginado cómo serán los lejanos mundos que esta pequeña nave está llamada a descubrir. Y es que, dotada de tecnología punta y cuatro cámaras de campo amplio, el próximo lunes desde Cabo Cañaveral (Florida,EEUU) y a bordo de un cohete Space X Falcon 9, de la compañía de Elon Musk, TESS -el acrónimo en inglés de Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito- zarpará al espacio con el objetivo ambicioso de hallar miles de nuevos exoplanetas, planetas fuera del Sistema Solar, totalmente misteriosos. Y ayudarnos, así, a responder una de las cuestiones más antiguas de la humanidad: ¿estamos solos o hay alguien más ahí fuera?

TESS es la última misión de la Nasa, dotada con 200 millones de dólares y con una duración prevista de dos años, durante los cuales escaneará el 85% del cielo y observará las 200,000 estrellas más brillantes y cercanas a la Tierra, ubicadas en un radio de 300 años luz. Las contemplará detenidamente para intentar atisbar cambios en su brillo que delaten que un planeta está pasando por delante, lo que en argot científico se conoce como tránsito.

TESS nos ayudará a responder una de las cuestiones más antiguas de la humanidad: ¿estamos solos o hay alguien más ahí fuera?

Es el mismo método que ha usado hasta ahora el telescopio espacial Kepler, el “cazaexoplanetas”, que, tras nueve años de misión y haber descubierto más de dos tercios de los 3700 exoplanetas conocidos, la mayoría de los cuales orbitaban estrellas ubicadas a miles de años luz de distancia, está agotando su combustible y llegando al fin de su misión. De ahí que TESS tome ahora el relevo en la exploración de esos nuevos mundos.

“Kepler fue pionero en la búsqueda de exoplanetas y halló miles de ellos. Pero solo era capaz de obtener datos de su tamaño y de su órbita”, explica la astrofísica Sara Seager, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Cambdrige (EEUU), que participa en la misión. Desde su despacho en la planta 17 del emblemático edificio verde del MIT, ultima los preparativos para el arranque de la misión.

“Con TESS, en cambio -prosigue Seager- queremos hacer una especie de listín telefónico cósmico gigante que incluirá miles de exoplanetas. Luego se tendrán que analizar los datos obtenidos por TESS y realizar observaciones desde la Tierra de las estrellas o planetas que haya identificado. Y ya hay una legión de más de 100 personas en todo el planeta que se han presentado voluntarias para usar sus propios telescopios, seguir objetos y aprender más de ellos”.

A este ejército de voluntarios humanos, muchos de ellos estudiantes de astronomía y aficionados entusiasmados, se sumarán los telescopios espaciales Hubble y el James Webb, cuyo lanzamiento se ha postergado hasta mayo de 2020, con el objetivo de ver la atmósfera de esos mundos lejanos e identificar posible biofirmas o las huellas de la vida.

“Por sí misma TESS no descubrirá vida más allá de la Tierra, sino que nos ayudará a situar hacia dónde deben apuntar los telescopios”, remacha dice Seager.

TESS se situará en una órbita elíptica muy alargada hasta ahora jamás usada que le pemiritá realizar observaciones durante 13 días seguidos de un sector de cielo. TESS se situará en una órbita elíptica muy alargada hasta ahora jamás usada que le pemiritá realizar observaciones durante 13 días seguidos de un sector de cielo. (Handout / AFP)

Kepler y TESS, los cazaexoplanetas

La principal diferencia entre ambas misiones es que TESS mirará casi todo el cielo y se centrará en estrellas cercanas, muy brillantes, que permiten aprender más de los planetas que las circundan; en cambio, Kepler escrutaba un pedazo pequeño de firmamento pero se fijaba en estrellas que estaban muy lejos, a miles de años luz, de las cuales llegaba una débil luz. Eso hacía que apenas se pudiera averiguar nada de sus planetas, más allá de saber que están allí.

“A mí me gusta decir que somos el descubridor de misiones, porque con TESS vamos a encontrar objetivos para misiones futuras”, apunta el astrofísico David Latham, desde el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian.

Latham está al cargo de la misión de seguimiento de las observaciones que realice TESS. Es un pionero en la búsqueda y estudio de los exoplanetas. Ha participado en la misión Kepler durante 20 años, incluso desde antes de su lanzamiento, y junto a George Ricker, investigador principal de TESS del Instituto de Astrofísica e investigación espacial Kavli del MIT, “siempre tuvimos muy claro cómo debía ser la siguiente misión. Lo discutí con George [Ricker] e hicimos dos propuestas que, afortunadamente, no salieron adelante, porque no eran buenas. La tercera la propusimos cuando ya se había lanzado Kepler, porque encontramos una forma de llegar a una órbita que nos permitiera mirar estrellas durante casi dos semanas seguidas”.

“Somos el descubridor de misiones, porque con TESS vamos a encontrar objetivos para misiones futuras”

La órbita en que se situará es precisamente una de las peculiaridades de la misión. No es nada habitual y de hecho hasta ahora no se había utilizado jamás. Es extremadamente elíptica y muy estable, lo que permitirá que TESS realice observaciones durante décadas o incluso siglos desde allí.

En su punto más alejado de la Tierra se situará a 373.000 km de distancia de nuestro planeta y en el más cercano, a 108.000 km. Esta singular órbita permitirá a los científicos 13 días seguidos de observación, un tiempo clave para poder fijarse en un punto concreto del cielo y escrutarlo. “Eso es sumamente importante para intentar encontrar los tránsitos de posibles exoplanetas”, explica por teléfono Stephen Rinehart, científico de la misión TESS en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la Nasa.

La mayoría de satélites, incluido por ejemplo el telescopio espacial Hubble, están situados en la órbita baja de la Tierra y la circundan a unos 350 km de distancia. “Completan una vuelta alrededor del planeta cada 90 minutos, pero parte de este tiempo están situados detrás de la Tierra, lo que no les permite observar su objetivo durante mucho tiempo. Por eso necesitábamos encontrar una órbita que nos concediera más tiempo de observación”, explica Rinehart.

¿Qué tipo de planetas identificará?

Tras su lanzamiento, durante 60 días TESS estará probando sus instrumentos antes de comenzar la misión. Si todo sale bien, durante el primer año mapeará todo el hemisferio sur y durante el segundo año, el norte. Detectará el brillo de las estrellas cercanas, que permitirá usar técnicas de espectroscopía: los astrónomos estudiarán la absorción y la emisión de luz para intentar determinar la masa, la densidad y la composición atmosférica de los planetas.

La mayoría de mundos que encontrará TESS estarán orbitando estrellas llamadas enanas rojas, que son más pequeñas y frías que el Sol, y que suponen la mayoría de estrellas tanto en nuestra galaxia como en el universo. Estos planetas se cree que estarán entre las medidas de la Tierra y Neptuno.

“Queremos intentar responder a una de las preguntas en apariencia más sencillas, pero para la que no tenemos respuesta: ¿de qué está hecho un planeta? ¿Es un gigante de hidrógeno y helio o es rocoso como la Tierra, o es tal vez algo entre las dos opciones? Si solo sabemos el tamaño, no podemos saber cómo son. Necesitamos para ello conocer su masa, su densidad, saber de qué están hechos”, explica Seager.

“El santo grial sería encontrar un planeta tan pequeño y denso como la Tierra, porque eso nos permitiría saber que es rocoso y cuenta con una superficie”, dice Latham, que añade que “será fantástico si, además, está a la distancia adecuada de su estrella como para permitir una temperatura adecuada que haga posible agua líquida, porque esas son las condiciones que requiere la vida basada en el carbono, que es la única vida que de momento conocemos”.

“Espero que con TESS demos con algo que nos haga exclamar, ¿pero qué diantres es eso?”

Rinehart, que se confiesa nervioso y entusiasmado ante el lanzamiento de la misión, cuenta que “soy un gran fan de la ciencia ficción. Crecí mirando Star Trek y La Guerra de las galaxias y en todas las películas y libros se asumía que había planetas más allá de la Tierra. Sin embargo, no tuvimos pruebas para demostrar eso que la ciencia ficción había avanzado hasta 1995 cuando se descubrió el primer exoplaneta. Y ese hallazgo lo cambió todo”. Hasta ese momento todas las teorías de formación de planetas y sistemas planetarios se habían elaborado tomando como único modelo al Sistema Solar. Con el descubrimiento de nuevos mundos y sistemas, “los teóricos no daban crédito, ¡guau! ¿pero es posible que existan planetas así? Espero que con TESS demos con algo que nos haga exclamar, ¿pero qué diantres es eso?”, confiesa.

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