Se suele decir que las segundas partes nunca fueron buenas pero aquí está The good fight para desmontar los tópicos. ¿Quién podía imaginar que la continuación de The good wife sin Alicia Florrick sería una delicia con ritmo, con una lectura mordaz de la actualidad y con un reparto que no puede estar más cómodo en la piel de sus personajes? ¿Y quién podía esperar que esta semana hicieran la mejor radiografía posible de los tiempos de Trump? Pues probablemente cualquiera que viera la serie de Julianna Margulies.

La serie retoma la vida de Diane Lockhart (Christine Baranski) y Lucca Quinn (Cush Jumbo) un año después de que los Florrick desaparezcan del primer plano de Chicago. Diane ya piensa en retirarse cuando cae víctima de una estafa piramidal presuntamente orquestada por los Rindell, sus mejores amigos. Es así como se encuentra otra vez en los juzgados de la mano del único bufete que quiere darle otra oportunidad a su edad, el de Reddick y Boseman, destacado en la ciudad por ser una firma con una mayoría de socios afroamericanos. Es allí donde se encuentra con Lucca Quinn y Julius Cane (Michael Boatman) y donde arrastra a su discípula Maia Rindell (Rose Leslie) y su ayudante Marissa Gold (Sarah Steele), que se quiere formar como detective.

Dylan Baker, una de las caras conocidas que se pasa por The good fight. Dylan Baker, una de las caras conocidas que se pasa por The good fight. (CBS)

Hablar de spin-off resulta reduccionista sólo de ver la cantidad de rostros conocidos que se pasean por el plató. No solamente hay tres personajes habituales de The good wife en un plano protagonista sino que repiten personas próximas como el marido de Diane (Gary Cole), clientes como Colin Sweeney (Dylan Baker) y John Benjamin Hickey (Neil Gross), los jueces Abernathy (Denis O’Hare), Friend (Bebe Neuwirth), Solomon (Richard Masur) o Morris (Jane Alexander), y abogados como Howard Lyman (Jerry Adler), Elsbeth Tascioni (Carrie Preston), Nancy Crozier (Mamie Gummer), Burl Preston (F. Murray Abraham) o Andrea Stevens (Christine Lahti) entre muchos otros.

Lejos de ser una batería de cameos que entorpecen el desarrollo de los episodios, estas apariciones se perciben como el desarrollo natural de los ambientes legales de Chicago, sólo que con una perspectiva distinta por las características del bufete de Reddick y Boseman. Acostumbrados a vender su marca por si sola en tiempos de Obama, la victoria de Trump les compromete en un mercado donde muchos clientes no quiere asociarse con el contrapoder y con un bufete conocido por haberse especializado en casos de violencia policial.

En nueve bufete de Diane tiene una mayoría de socios afroamericanos, una condición idónea en tiempos de Obama pero no de Trump

En la primera temporada era interesante reencontrarse con esta ciudad donde el bufete de Adrian Boseman (Delroy Lindo) resaltaba la condición de privilegiada de una mujer blanca y rica como Diane, que siempre había calado muy bien en los círculos elitistas y progresistas con su discurso feminista pero que descubría otra dimensión de la discriminación en su nuevo despacho. Pero en esta segunda parece que los King finalmente han dejado de frenarse y estamos ya en una serie políticamente tan desatada como los titulares que se pueden leer cada día en los periódicos.

Con ritmo y sobre todo con humor, Robert y Michelle capitanean un barco en un territorio político al borde del abismo donde las viejas normas ya no tienen vigencia. En este contexto tiene sentido que una mujer como Diane, que siempre guarda la compostura, pierda el juicio ante los modales, declaraciones y mentiras de un presidente como Donald Trump. ¿Qué mejor que forma de representar esta locura que con un hombre y una mujer teniendo sexo con máscaras de Trump y que Diane puede ver desde la ventana de su oficina?

Sarah Steele y Rose Leslie son Marissa Gold y Maia Rindell. Sarah Steele y Rose Leslie son Marissa Gold y Maia Rindell. (cbs)

Pero lo más estimulante es ver que incluso en este clima los guionistas pueden ser mordaces y tener la clase de siempre. En Day 450, emitido en Movistar Series el pasado lunes, literalmente se divierten con la perspectiva de un impeachment a Trump. Es en este punto en el que desde Reddick y Boseman se define a la perfección los nuevos tiempos: esos donde la verdad es intrascendente porque solamente importan las medias verdades y las mentiras, que ni tan siquiera hay que refutar porque la velocidad del ciclo informativo y de la proliferación de nuevas acusaciones impide comunicar nunca la verdad a la sociedad, que está tan hipnotizada por el ruido como para prestar atención al fondo de la cuestión.

Y lo más interesante es que este discurso sobre el presente, tan aplicable a los Estados Unidos como a España, tiene lugar en un episodio donde personajes como Lucca y Maia tienen sus propios conflictos, donde nunca se pierde el sentido del humor y donde la discusión política no está caducada meses después del rodaje. Si algo tienen los King es olfato.

El que quiera más retratos de estos locos, loquísimos tiempos políticos, que busque una joya llamada Braindead que escribieron en 2016 sobre una invasión extraterrestre en Washington. Sí, extraterrestres como excusa para hablar de política. Una lástima que ningún canal o plataforma haya emitido aquí de forma legal esta serie de tan marciana y yanqui que era.

Los King tienen olfato a la hora de interpretar el presente

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