Dos guerras civiles y 2,5 millones de muertos. Es lo que costó que el 9 de julio de 2011 Sudán del Sur pudiera proclamar su independencia. “Hemos esperado 56 años y este es un sueño hecho realidad” manifestó el presidente del nuevo país, cuya capital se situó en Yuba, Salva Kiir Mayardit.

Años de enfrentamientos con Sudán, causados por el robo de petróleo, del oro negro sudanés perteneciente al sur, y por la imposición del islam en una región de mayoría cristiana derivaron en la convocatoria de un referéndum de independencia. En enero de aquel 2011, el que acabaría siendo el país africano número 54 votó para separarse del norte: más del 98% de los electores lo hizo a favor.

La esperanza del nuevo país ya se palpaba aquel día mientras Salva Kiir Mayardit se mostraba firme: “Ahora tenemos en nuestras manos la responsabilidad de nuestro futuro”. Un futuro que, sin embargo, enmudeció hace justo cuatro años con el comienzo de una guerra civil.

De los dos millones de refugiados que el conflicto ha provocado, el 63% son menores

La posibilidad de progreso de una población formada por 500 tribus y con más de 110 idiomas se detuvo cuando Mayardit, perteneciente a la etnia dinka, destituyó al vicepresidente Riek Machar, de etnia nuer, al que acabaría acusando de intentar dar un golpe de Estado. Esto degeneró en un enfrentamiento entre las fuerzas de ambos dirigentes y en la espiral de violencia que, con el paréntesis del efímero acuerdo de paz firmado en agosto de 2015, sigue pasando factura a la población sursudanesa.

Cuatro años después, todavía seis millones de habitantes del país dependen de las ayudas humanitarias. Un país elevado en sus inicios por (los intereses de) Estados Unidos y que en la actualidad lo relega a la más absoluta invisibilidad y que se encuentra al borde de la hambruna. 

Los datos son demoledoresdos millones de refugiados, de los cuales el 63% son menores. Cifra a la que se acerca el número de desplazados internos;1,7 millones de personas se encuentran al borde de la hambruna en todo el país; 1,1 millones de niños sufren desnutrición aguda; y más de cinco millones de personas carecen de agua potable.

ACNUR: “El mundo no puede seguir mirando sin actuar cuando los sursudaneses están en medio del terror de una guerra sin sentido”

Todo ello agravado por enfermedades como el sarampión, la cólera o la malaria, que brotan generando la necesidad de una atención médica urgente afectada por las deficiencias y escasez del sistema sanitario.

Pero hay más, según un informe de la ONU, el 72% de las mujeres refugiadas en los campos de protección para civiles de la capital han sido violadas. Un conflicto -más- donde la violencia sexual contra las mujeres se utiliza como arma de guerra.

Este jueves, el alto comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Filippo Grandi, ha pedido “medidas urgentes” a todas las partes enfrentadas en la guerra civil para poner fin a la crisis y la grave situación humanitaria. “El mundo no puede seguir mirando sin actuar cuando los sursudaneses están en medio del terror de una guerra sin sentido” que entra ya su quinto año y que ha causado la mayor  crisis de refugiados en África, ha sentenciado el representante de la agencia de la ONU.

Deja un comentario