“Es conocido que los directivos están habitualmente bajo presión, por la abundancia y dificultad del trabajo y, sobre todo, por la responsabilidad que pesa sobre ellos”.

Leo una entrevista con el Gran Canciller de la Universidad de Navarra. Y se me va la cabeza a los últimos fallecimientos de personas con responsabilidades públicas, a las que se les exige mucho, se les critica mucho, se les controla mucho… y un día, se acabaron las críticas, los controles y la imprescindibilidad. Aquella persona se rompe.

En ese momento, con frecuencia, llega la hora de las alabanzas. Fuera de España, se reza por esa persona. En España, se envían telegramas expresando la solidaridad con la familia del difunto.

Abundancia de trabajo. Dificultad. Responsabilidad.

Se me vuelve a ir la cabeza. Debe ser la edad.

Veo a los políticos catalanes como enloquecidos. El 21 está al caer y el resumen de la situación aparece en la portada de ‘La Vanguardia’: “Los partidos temen que el 21-D arroje un resultado ingobernable”. Y en el subtítulo, “Iceta admite en público la posibilidad de una repetición electoral”.

Diría que estos chicos trabajan mucho durante la campaña electoral. Diría que intentan hacerlo bien desde el punto de vista ‘técnico’ (asesores que te indican lo que tienes que decir y cómo tienes que vestir; escenarios adecuadamente elegidos y preparados; utilización frecuente de esa nueva arma que se llama posverdad; utilización frecuente de esa vieja arma que se llama insulto burdo y sucio…).

Trabajar bien no es algo asépticamente técnico. Si no lo impregnas de respeto, de dureza elegante que te hace disentir sin ofender, te salen unos bodrios

Repaso el párrafo que acabo de escribir y me planteo cambiar lo de que eso es hacerlo bien desde el punto de vista técnico, porque siempre he pensado que trabajar bien no es algo asépticamente técnico y que si no lo impregnas de respeto, de finura, de dureza elegante que te hace disentir sin ofender, te salen unos bodrios, aplaudidos por los de tu partido. Esos aplausos me recuerdan la letra de una canción de ‘La blanca doble’, revista que tuvo mucho éxito en el teatro Circo de Zaragoza en los años cuarenta: “Ay qué tío, ay qué tío, qué puyazo le ha ‘metío”. La gente aplaudía mucho y todos se iban a casa satisfechos.

La política no es eso. Recibo las papeletas para las próximas elecciones. Repaso los nombres que están en las listas. Como unos 100 por partido, entre titulares y suplentes. Algunos, puestos como relleno, para demostrar que ellos están ahí, aunque saben que no les tocará ningún puesto, o sea, ningún sueldo.

Me gustaría que estos señores pensasen en la responsabilidad que tienen para con la sociedad. Y me gustaría que ninguno de ellos politiqueara

Conozco a muy pocos, lo que quiere decir una de tres cosas (o las tres): a) que los que conocía se han muerto; b) que estoy fuera de la circulación; c) que algunos son unos perfectos desconocidos con estudios -no terminados- de algo y que piensan que pueden tener un futuro en eso de la política.

Me gustaría que estos señores pensasen en la responsabilidad que tienen para con la sociedad. Me gustaría que fueran capaces de mezclar dos definiciones de “política” que copio del DRAE:

1. “Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”.

2. “Cortesía y buen modo de portarse”.

Y me gustaría también que ninguno de ellos politiqueara, o sea, se dedicase a

1. “Brujulear en política”.

2. “Hacer política de intrigas y bajezas”.

Sobre todo, me entusiasmaría que todos ellos tuvieran una idea clara de la responsabilidad que adquieren con mucha gente. Sigue vigente mi obsesión de conseguir que los 46,5 millones de españoles tengan criterio. Para empezar, me conformo con los 7 millones y medio de catalanes.

Es decir, que no se crean al primer cantamañanas que pase por su puerta y les suelte una cantamañanada. Que cuando alguien les prometa el oro y el moro se pregunten de dónde sacaremos el oro para pagar al moro, que seguro que querrá cobrar. Que cuando les cuenten una historia comprueben si es historia o una historieta fabulada -y cobrada- por un ‘historietador’, que los hay, por lo que me han contado.

Responsabilidad en el Reino Unido, donde los votantes acaban de enterarse de que el Brexit, que era gratis, por ahora les costará 45.000 millones de euros. Y que, además, la Unión Europea quiere que se firme esa condición para seguir hablando. Y el Parlamento británico quiere que esta señora no haga lo que quiera y ella quiere. Quiere, entre otras cosas, utilizar algo que se le ocurrió a Enrique VIII, que era un tipo muy suyo y que, con sus ocurrencias, intentaba hacer lo que le daba la gana.

Responsabilidad del directivo, que tiene a su cargo unas cuantas personas, a veces muchas, a las que no puede ver como unos cuantos/as tíos/as que trabajan a sus órdenes. Responsabilidad del político, que no puede considerar como una masa amorfa a todos los que le aplauden y le felicitan por su pajolera gracia.

Porque esa masa está compuesta por muchas personas individuales, a las que hay que respetar por ser eso: personas.

En los programas de los partidos políticos, me gustaría ver la creación de un ministerio de la formación, cuyo objetivo único fuera dar criterio a las personas para poder juzgar y poder exigir a nuestros gobernantes que se ocupen de cosas fundamentales, relacionadas con la mejora de la sociedad.

Por la radio, oí algunas intervenciones de políticos que, muy serios, determinaban el régimen de visitas para los animales por parte de sus dueños en caso de que el marido y la mujer se separasen. Pensaba -otra obsesión mía- en los cientos de abortos diarios y en que alguno de estos críos tirados a la basura preferiría haber nacido perro. El planteamiento era tan absurdo que casi me eché a reír. Pero era tan aberrante que casi me eché a llorar.

La revolución civil se consigue a base de hacer muchas cosas muy pequeñas y de eliminar muchas cosas muy pequeñas, pensando en el país

Por favor, políticos. Respetadme.

Por un lado, no me consideréis un número, cosa que me parece que hacéis, cuando os veo ir a por el voto perdido.

Por otro, no me consideréis un animalito, al que hay que ofrecer estímulos de todo tipo. Y cuando digo, de todo tipo, quiero decir eso. De TODO tipo.

Por otro, no me consideréis como retrasado mental. Los retrasados mentales son personas a las que hay que querer, respetar y ayudar. Pero muchos, gracias a Dios, no lo somos. Y veo argumentos dirigidos a personas incapaces de discurrir.

Y yo quiero que todos seamos capaces de discurrir.

P.S.

1. Como cada vez que hablo en Cataluña con alguien de los que no piensan como yo, me dicen “y los otros también”, lo digo ahora, porque eso no es solo fundamental para unos cuantos en Cataluña.

2. Es fundamental para todos, en Cataluña, en el resto de España, en el resto de Europa y en el resto del mundo.

3. Porque cuantas más personas haya en el mundo que discurran bien, más difícil será gobernarles, pero mejor funcionará el mundo.

4. Estoy hablando, una vez más, de la revolución civil, que se consigue a base de hacer muchas cosas muy pequeñas y de eliminar muchas cosas muy pequeñas, siempre pensando en lo que es bueno para el país antes de lo que es bueno para mí y para mi partido.

5. Como siempre, atribuyen esta última frase a Winston Churchill. Era un hombre que hablaba mucho. Si es verdad que dijo lo que he puesto arriba, además de mucho, hablaba bien.

6. Tener una persona así al mando de un país es una bendición. ¡Venga, políticos catalanes, que son los que tengo más cerca! Aún estáis a tiempo de ser un Churchill en pequeñito.

¡Aprovechad estos seis días que faltan!

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.