Como una felicitación siniestra para estas pascuas, leo en la página de Economía de El País: “Los trabajadores no tienen derecho a fastidiarte las Navidades”. El titular habla de la sentencia del juzgado número 10 de lo social de Madrid, que suspende de forma cautelar la huelga convocada por los trabajadores que ofrecen servicio de seguridad en el aeropuerto de Barajas. Una afirmación que cogida al vuelo y leída sin ironía pone en duda, como quien no quiere la cosa, un derecho inalienable y revela exactamente lo que tiene en mente gran parte de la patronal de este país: que no hay mejor manera de evitarse un fastidio que negando a los trabajadores su derecho a la protesta.

Pero aquí se protesta. Y mucho. En las fotos que ayer compartieron en Twitter Las Kellys, el sindicato de limpiadoras de hoteles, hay una habitación hasta arriba de mierda donde parece que hubieran estado de juerga juntos Weinstein y Strauss-Kahn en versión española. “¡Felix explotación en Noche Buena!”, escriben recordándonos que el problema no es lo desaseada que esté la habitación sino la sobrecarga y el poco tiempo que los empleadores les dejan para limpiarla, diez minutillos de nada para completar cada una de las 20 que tienen que limpiar al día. En su mensaje prometen liarla con huelgas en Semana Santa.

Las Kellys han completado un año intenso de visibilización y reivindicaciones laborales –criticando los excesos de los empresarios, exigiendo salarios dignos y no discriminatorios, ampliación de plantillas, límites en el trabajo temporal y parcial, más conciliación familiar y laboral, mejores turnos y derecho a descanso entre jornadas, así como jubilación anticipada– y sus voces se han hecho escuchar muy fuerte como parte del crecidísimo movimiento feminista.

Ayer el gordo de Navidad tocó en Madrid y hoy el especial le toca a @KellysFTVA: nos dan 10 minutos para trabajar en esta habitación, a sabiendas de su estado! #KellyChristmas!??? pic.twitter.com/77TXjn7xCN

— Las Kellys (@LAS_KELLYS) 23 de diciembre de 2017

Leo que este 2017 las huelgas han movilizado a más del doble de trabajadores que el año pasado, unos 200 mil, y se han superado las 600 huelgas. También se invirtieron muchas más horas, 6.5 millones de horas de trabajo, 70 por ciento más de las horas dedicadas a reclamar por sus derechos durante el 2016, todo según la Confederación Española de Organizaciones Empresariales. Entre las huelgas más sonadas y efectivas, las del sector transporte, el taxi, el metro de Madrid y Barcelona o RENFE; también la de los controladores aéreos, la enseñanza en Cataluña; la de los examinadores de tráfico, que llevan en huelga desde junio, pidiendo un complemento salarial de 200 euros; y la de los repartidores de Deliveroo, que dejaron en evidencia la gran estafa laboral de las App de reparto a domicilio, contando al mundo cómo los obligan a trabajar como falsos autónomos, sin cotizar, sin vacaciones, ni bajas por enfermedad, ni formación, ni ascensos. Para éxitos el de los trabajadores y trabajadoras del Servicio Municipal de recogida de Basura de Madrid, que en dos días de huelga y buena negociación, lograron un 2.5 por ciento de aumento salarial, 70 nuevas contrataciones, 80 ascensos y ningún despido. Marcó un hito la lucha de los estibadores portuarios, que se enfrentaron al Estado contra el real decreto de liberalización del sector y consiguieron herir de muerte a la patronal, con millones de euros de pérdidas por cada día de huelga, tras meses de conflictividad y la defensa íntegra de la plantilla.

Pero lo más interesante de algunas luchas y conquistas de 2017 ha sido su carácter feminista e interseccional. Este ha sido el año en que se ha dicho con claridad que derechos laborales sí, pero con igualdad de género. En medio del conflicto de puertos, se formó la Asociación de Mujeres Estibadoras de Algeciras, con cientos de mujeres inscritas para rechazar la discriminación. El de Algeciras es el único puerto en toda Europa en el que el 100 por ciento de la plantilla son hombres. Trabajan dos mil estibadores. Las trabajadoras de Bershka Pontevedra plantaron cara al coloso Inditex, cerraron durante una semana las cinco tiendas de la ciudad y así consiguieron equiparar sus sueldos a los de las platillas de las tiendas de esa marca en el resto de provincias, unos 120 euros, con pluses y otros beneficios. Las cerca de 5 mil trabajadoras de las residencias de ancianos de Bizcaia, lograron después de 370 días de huelga feminista –así fue reivindicada–, el aumento del salario para “dignificar los cuidados”.

Las demandas han sido arduas sobre todo en el sector del trabajo feminizado. Las trabajadoras sexuales también se han hecho oír estos días, peleando fuerte por espacios y voz. Por cierto, las kellys –integradas por muchas mujeres migrantes como los colectivos de prostitutas–, han compartido esas fotos de habitaciones desastre con el hashtag #HolaHotelero, que recuerda al #HolaPutero, pero que son diametralmente opuestos. El primero ha sido acuñado por las propias trabajadoras y afectadas, que lanzan reclamos a sus empleadores como parte de su trabajo sindical para conseguir cambios en su estatuto. El segundo no fue hecho por prostitutas –es el típico caso de “dar voz a las sin voz” cuando sí tienen sus propias voces–, pone el foco en el cliente pero para exigir la abolición del trabajo sexual, y como consecuencia directa se le arrebata a la puta el estatus de trabajadora con derecho a sindicalizarse. Mientras tanto, las putas organizadas siguen montando burdeles autogestionados, mandando mensajes de empoderamiento a las putas que están peor que ellas, haciendo política concreta, para la vida, aunque ninguna ONG ni el Estado les pague por ello, y mucho menos un periódico por llenarse la boca hablando de lo estructural.

Para el 8 de marzo se anuncia la gran huelga general y global de mujeres, de empleo, consumo y cuidados. Porque el 74 por ciento de trabajos de tiempo parcial son ocupados por mujeres, porque el 67 por ciento del trabajo que hacemos es trabajo temporal, porque el 84 por ciento de desempleadas trabaja en el sector servicios, porque ganamos casi 8 mil euros al año menos que ellos. Frente a esa felicitación envenenada del inicio y porque aún queda mucho por conquistar y defender, nuestro deseo para este 2018 es seguir fastidiando de lo lindo.

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