El título, como más de un lector habrá reconocido, procede de una canción de La Lupe. Y lo he elegido porque expresa, en mi opinión, de manera certera una circunstancia que afecta de manera decisiva a la integración de Catalunya en el Estado.

El PP, en términos democráticos, es el partido que menos tiene que decir y, sin embargo, política y jurídicamente, es el que más dice. Los ciudadanos de Catalunya, y parece que la tendencia se acentúa, no le tienen la más mínima confianza. Y sin embargo, es el PP el que ha decidido el contenido y alcance del derecho a la autonomía que pueden ejercer los ciudadanos de Catalunya.

La crisis de legitimidad en el sistema político catalán viene de aquí. Los ciudadanos pueden votar lo que quiera, que después se hará aquello que el PP permita que se haga. La voluntad de un partido minúsculo en Catalunya se impone a la voluntad de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Y cada vez más. Este es el vínculo de unión entre el recurso de inconstitucionalidad contra la reforma del Estatuto de Autonomía resuelto por la STC 31/2010 y la aplicación del artículo 155 CE. El PP desde el Estado mutila o anula por completo el ejercicio del derecho a la autonomía en Catalunya. Esta ha sido la historia del ejercicio del derecho a la autonomía en Catalunya desde 2005 hasta hoy. Mutilación en 2010. Anulación en 2017.

Y así parece que vamos a seguir tras el 21D. Según todas las encuestas, el resultado del PP va a ser catastrófico. Y sin embargo, es el partido que ha disuelto el Parlament y convocado elecciones, ha destituido el Govern y ha ocupado su lugar durante el proceso electoral y continuará ocupándolo por tiempo indefinido a partir del 22-D.

¿Hay alguna manera de salir de esta crisis de legitimidad? ¿Es posible que en Catalunya se pueda ejercer un derecho a la autonomía que no sea al dictado del PP? ¿Es posible que el que menos tiene que decir deje de ser el que más diga? 

Las alternativas que se apuntan en el horizonte parecen indicar que no. Analizando conjuntamente el resultado de todas las encuestas publicadas hasta el momento, parece que la única mayoría con posibilidad de formar gobierno sería o bien la mayoría que constituirían los tres partidos nacionalistas por sí solos o bien con el voto en primera o la abstención en segunda votación de En Común/Podemos.

Desde un punto de vista aritmético los escaños de En Común/Podemos no parece que fueran suficientes para investir President a un candidato del calificado como bloque constitucionalista.

En términos de aritmética parlamentaria parece que vamos a estar como hemos estado desde las elecciones de 2012. Con dos bloques y con movimientos en el interior de cada bloque, pero no con trasvases entre uno y otro.

Un Gobierno nacionalista, aún en el supuesto de que los tres partidos sumaran 68 escaños, no podría ejercer un derecho a la autonomía que no fuera el que le autorizara el Gobierno presidido por Mariano Rajoy, que lo sometería a una vigilancia asfixiante. Con el privilegio procesal del artticulo 161.2 CE, que conduce a que se produzca la suspensión automática de cualquier norma, resolución o acto de una Comunidad Autónoma cuando es recurrida por el Estado, la acción del Gobierno de la Generalitat que no tuviera el visto bueno del Gobierno de la Nación quedaría paralizada.

El único Gobierno de la Generalitat que podría ejercer el derecho a la autonomía con un mínimo de autonomía, sería un “Gobierno de Concentración”, entendiendo por tal, un Gobierno constituido por los partidos nacionalistas, con la excepción de la CUP, y los dos partidos de izquierda, PSC y En Común/Podemos.

Las circunstancias son no difíciles, sino casi imposibles. Pero sería el único Gobierno que permitiría que una muy amplia mayoría de los ciudadanos de Catalunya pudieran reconocerse en el ejercicio del derecho a la autonomía del que ellos son titulares. Y, además, que no se haga tabla rasa de todo lo que ha sido el resultado del ejercicio de tal derecho durante estos últimos cuarenta años, que me imagino que es lo que está detrás del 155 CE.

Todo lo que no sea esto es RAJOY PURO Y DURO.

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