Hace un mes 15.364 científicos de 184 países firmaron conjuntamente un informe de alerta sobre la seria e incuestionable amenaza que representa para la humanidad el avance del cambio climático.

Entre las medidas propuestas para dejar de transitar por “un camino que nos conduce a la extinción”, los investigadores anotaban la urgente necesidad de abandonar las energías fósiles y “adoptar masivamente fuentes de energía renovables”.

En la misma semana que la prestigiosa revista científica BioScience publicaba dicho informe, el Consejo de Ministros nombraba presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a la asturiana Rosa Menéndez, exdirectora del Instituto Nacional del Carbón (INCAR).

Tras tomar posesión del cargo, sus primeras palabras han sido para defender la decisión del Gobierno de seguir apostando por el carbón como fuente de energía primaria. Para la máxima autoridad científica española el carbón “es una fuente de energía todavía necesaria”.

Al parecer no le importa lo que digan sus colegas del panel de expertos en cambio climático de Naciones Unidas, el famoso IPCC, y el resto de la comunidad científica mundial, quienes exigen de manera unánime el abandono de las energías fósiles para reducir las emisones de CO2.

Ella prefiere apoyar a su ministro, quien no se cansa de defender al carbón recurriendo a engaños como el de que, sin la aportación al mix energético de las centrales térmicas de carbón, el precio de la electricidad en el mercado mayorista habría aumentado un 26%.

La catedrática de Economía Natalia Fabra ha demostrado con datos obtenidos mediante una fiable aplicación tecnológica (el programa Energeia Simula del Departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid) que el abandono del carbón no solo no alteraría el precio de la luz, sino que la sustitución de las viejas y contaminantes centrales de carbón por fuentes renovables reduciría el coste de la electricidad. Las conclusiones de su riguroso y muy documentado informe pueden consultarse  aquí.

Como dice el ministro Nadal, en el debate energético “sobra ideología y falta reflexión”. Pero la ideología la pone usted, señor ministro. Solo desde la ideología se puede defender el carbón. Nunca desde la reflexión.

En la última cumbre climática de Bonn, una veintena de países, entre los que se encuentran Reino Unido, Francia, Italia, Holanda, Bélgica, Portugal, Dinamarca, Suiza o Austria, se comprometían a abandonar el uso del carbón antes de 2030 para abandonar el camino que nos lleva al abismo del cambio climático. ¿Por qué no estamos ahí señor ministro? Si hasta nuestro mayor operador eléctrico, Iberdrola, le ha pedido permiso para cerrar sus centrales de carbón y abandonarlo para siempre ¿a qué viene su empecinamiento en defender al carbón?

Aunque sabe una cosa, en realidad da igual lo que usted diga. Porque a pesar de su excitada defensa ideológica del carbón la realidad es que su futuro como fuente de energía tiene las horas contadas.

Lo más triste es que, en el caso de España, el final del carbón no va a llegar por una cuestión de responsabilidad ambiental, como sería deseable, sino por una cuestión de dinero. Porque hasta el mundo financiero les está diciendo basta señor ministro. Lea,  lea lo que les acaban de decir los que ponen la pasta.

Se acabó el carbón señor ministro, aunque desde el CSIC le digan lo que quiere oír. Las principales aseguradoras del mundo, los mayores bancos (empezando por el propio Banco Mundial), los grandes fondos de inversión estadounidenses, las agencias de calificación, todos se han unido para decirles que se acabó el carbón. Y lo hacen porque hasta ellos han comprendido que estamos en un momento decisivo de la historia de la humanidad, que esto del cambio climático va muy en serio y que se nos acaba el tiempo de reacción.

Como dijo el presidente Macron en la cumbre climática celebrada esta semana en París: “Estamos perdiendo la lucha contra el cambio climático y todo el mundo debe empezar a movilizarse”. Muévase, señor ministro, y salga de la mina: le estamos esperando.  

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