Pese a lo que piensan muchos, influir en los demás, querer transformar a la gente, es bueno.

Los amigos, la pareja, la familia… todos nos influimos los unos a los otros para aprender a convivir y extraer lo mejor de nosotros mismos y de la relación.

Por ejemplo, cuando voy de viaje, mis amigos saben lo que me gusta más y me preguntan. Y yo les indico mis propuestas de diversión conjunta. Les intento convencer de mis ideas de ir a un sitio u otro y ellos hacen lo mismo. Juntos, vamos aprendiendo y llegando a hermosas decisiones y soluciones.

En realidad, “influirse” es normal y muy positivo. Pero, claro, hay que saber hacerlo.

Porque, muchas veces, lo hacemos muy mal. Con frecuencia, solemos querer imponer nuestra voluntad, nuestra visión del mundo. Y, claro, el éxito es escaso.

Pensemos en cómo los padres, frecuentemente, intentan cambiar a los hijos: gritan y amenazan. Todo lo contrario a lo efectivo.

Para transformar a los demás, lo mejor es usar las tres P’s del cambio:

a) Persuasión.

b) Pedagogía.

c) Perseverancia.

“La persuasión”

Consiste en convencer al otro del cambio hasta el punto que lo desee mucho; que lo quiera incluso perseguir. Que sea una meta súper interesante.

Por ejemplo, si quiero invitar a un amigo a ir a un restaurante mexicano, le hablo de su magnífico guacamole, del genial pollo al mole. No le digo: “¡Estoy harto de que no vayamos nunca al mexicano, maldita sea!”

Por lo tanto, hay que ser creativo, como un gran vendedor, para que el otro desee realmente cambiar. (Claro está que siempre desde la honradez, de la buena voluntad).

“La pedagogía”

La mayoría de la gente no cambia porque no quiera, sino porque no sabe. Cuando todavía no hemos aprendido algo nos suele parecer tedioso, más difícil de lo que es y lo rechazamos o posponemos sin fin.

Cuando quieras cambiar a alguien ofrécele un sistema fácil de cambio o aprendizaje. Diseña una estrategia divertida para que aprenda. Todo en esta vida tiene un sistema.

Por ejemplo, enséñale a tu hijo a ordenar. Organiza varias sesiones, los sábados por la mañana, para ensayar una y otra vez. Podéis hallar las mejores formas de ordenar: meter en cajas, etiquetar… Ofrécele un sistema como haría un ingeniero. Cuanto mejor seas a la hora de ingeniar sistemas de aprendizaje, mayor influencia tendrás en los demás.

Imagínate que eres un profesor de autoescuela o un profesor de inglés que sigue un manual de enseñanza divertido y eficaz.

“La perseverancia”

Y es que todo cambio definitivo necesita práctica. Tienes que insistir un poco, con dulce perseverancia. Nada de gritar para que las cosas cambien instantáneamente: eso es imposible. Así no conseguirás jamás un cambio real y genuino.

Persuasión, pedagogía y perseverancia: aprende el hermoso arte de influir en los demás. Te convertirás en alguien mucho más dotado para las relaciones humanas y la felicidad.

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