La victoria de Inés Arrimadas el 21-D ha impulsado a Ciudadanos en los sondeos. Algunos ya lo sitúan como la fuerza más votada en unas generales. Ha disparado las nuevas afiliaciones tanto en Catalunya como en el conjunto de España. El partido vive un momento dulce que Albert Rivera y su equipo quieren aprovechar, conscientes de los vaivenes y la volatilidad actual de los marcos políticos, para seguir creciendo a costa del PSOE y sobre todo del PP.

Cs calcula que en la transferencia de nuevos apoyos/votantes un tercio procede de caladeros socialistas. Los dos tercios restantes lo forman nuevos votantes –jóvenes y abstencionistas– y simpatizantes del PP, partido en el que el pánico de los barones territoriales al sorpasso naranja ha obligado a Mariano Rajoy a convocar una conferencia nacional para reamarse de argumentos frente a Cs. Por contra, Rivera lleva semanas sondeando discretamente a algunos destacados dirigentes del PP que el marianismo ha ido apartando de la primera línea política por si se quieren sumar al proyecto naranja. Se ha especulado con los nombres de Cayetana Álvarez de Toledo y Gabriel Elorriaga, pero desde la dirección de Cs niegan tal posibilidad.

Con todo, el plan de Cs para apoderarse del centro del tablero político contempla dos ejes de acción: las elecciones municipales y autonómicas de mayo del 2019 –Cs necesita entrar en aquellos parlamentos, como los de Castilla-La Mancha, Navarra o Canarias, donde no obtuvo representación en el 2015– y la pugna por la Moncloa a la espera de si Rajoy agota o no la legislatura. Todo esto acompañado de relato en el que combina el llamamiento al “cambio tranquilo” y la regeneración del sistema del 78 –que pasa por “jubilar” al bipartidismo del PP y el PSOE–, con un “patriotismo constitucional” basado en la idea una unos ciudadanos “libres e iguales” independientemente del territorio donde hayan nacido. Vinculado a la idea de defender una España unidad dentro de una Europa fuerte, Cs se presenta gracias al 21-D como bastión inquebrantable frente al nacionalismo vasco y catalán.

La crisis catalana refuerza a Ciudadanos: según algunos sondeos, ya es la primera fuerza en intención de voto

Catalunya, ¡la cuestión catalana!, de nuevo determinantes en el sino de un partido que cuando el debate político se sitúa en el eje izquierda-derecha sufre y se queda estancado –tal vez porque la sociedad española continúa mirando con recelo los postulados liberales que asumió Cs en el congreso de Coslada en el 2017–, pero que en el eje identitario sale fortalecido. Y la crisis ­política catalana ha convertido a Cs a ojos de muchos españoles en garante más eficaz de la unidad ­territorial.

“Uno de los hechos diferenciales respecto al PP, PSOE y Podemos, y que creemos que está siendo muy valorado, es que tenemos un proyecto claro de España que sostenemos sin matices ni variaciones en todas las comunidades”, señala el secretario general de Cs, José Manuel Villegas.

Hasta la fecha, Cs ha ido cimentado su crecimiento con el apoyo en las urnas entre el electorado más joven y urbano –la media de edad de su votante ronda los 49 años, mientras que los del PP y PSOE superan con creces los cincuenta–, pero ha tenido muchos problemas para penetrar en las pequeñas poblaciones y zonas rurales. Un handicap para pelear de tú a tú con los dos grandes partidos que ha compartido con Podemos.

No obstante, tras los resultados en los comicios del 21-D, los sondeos indican que el partido que lidera Rivera traslada la pauta de Catalunya –donde consiguió apoyos transversales– a otros territorios. Para el portavoz parlamentario de los liberales, Juan Carlos Girauta, el 21-D ha significado un punto de inflexión por el valor simbólico de la victoria ante el embate separatista, en un momento en el que la política se nutre sobre todo de pasiones y sentimientos. “Por primera vez los españoles han visto que somos capaces de ganar unas elecciones, y nada más y nada menos que en Catalunya, y que nuestro proyecto es serio y ganador”, señala .

Un cambio de percepción de muchos españoles, según los analistas de Cs, que la formación aspira a consolidar presentándose como un “partido de gobierno” en las municipales y autonómicas del 2019. Si Rivera optó por dar apoyo externo a algunos gobiernos –al del PP de Cifuentes en Madrid o al PSOE andaluz de Díaz– sin implicarse en el gobernabilidad, ahora creen llegado el momento de participar en gobiernos de coalición y empezar a gestionar. “Tenemos más experiencia y somos más partido”, aseguran desde la dirección de Cs que se marca también como objetivo entrar en todos los parlamentos autonómicos. Además ven posibilidades de batallar por la victoria en el Ayuntamiento de Madrid con Begoña Villacís y en el de Barcelona.

Para la dirección de Cs, la piedra de toque que confirme o desmienta los buenos augurios de los sondeos serán las elecciones andaluzas, como pasó en el 2015, cuando Cs entró con nueve diputados por primera vez en la Cámara andaluza y anticipó el crecimiento posterior en el conjunto de España.

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