El batería Ringo Starr sigue plenamente en activo a sus 77 años, como prueba la gira que está realizando con la All Starr Band, es decir, un grupo de músicos punteros que han ido cambiando desde que este dream team naciera en 1989 para acompañar a Starr encima de los escenarios. El legendario batería de los Beatles tiene prevista una amplia gira a partir de junio en Europa y Norteamérica centrada en su último disco en solitario, Give more love, publicado el pasado septiembre. Entre los escenarios europeos incluidos está el del Palau Sant Jordi, en donde tocará el 26 de junio, dentro del festival Guitar BCN, y que supondrá su estreno barcelonés en solitario. Ayer respondió desde la otra ribera del Atlántico, desde un radiante Los Ángeles, a La Vanguardia.

¿Usted se acuerda, sinceramente, del concierto que ofrecieron los Beatles en Barcelona, en julio de 1965?

¡Claro que sí!, por supuesto. Fue una gira excitante, pero al llegar a Barcelona, bajar del avión, aquello fue una delicia porque veníamos de sitios donde hacía frío. De la ciudad me acuerdo lo justo porque estuvimos lo indispensable, menos de un día, porque en aquellas giras llegabas, tocabas y te ibas. No vimos ni el mar… fue agotador pero éramos jóvenes.

El título de su último álbum es Give more love, y en los últimos tiempos usted emplea a menudo la expresión peace and love. ¿Qué le pasa con el amor?

Soy un convencido defensor de la bondad del amor. En los años sesenta, uno de los movimientos en auge era el de paz y amor, y nosotros como músicos lo vivimos mucho. Porque mirándolo fríamente es una combinación imbatible. Y aquel movimiento fue a más no por casualidad.

¿Cómo lo recuerda?

Hubo de todo, nuevos hábitos, ruptura con el pasado, gente que cayó en la heroína también, pero para los que lo vivimos fue un ­impacto. Me aluciné con el cambio de actitud y de alguna manera nosotros nos convertimos en ­protagonistas de nuestras vidas.

Comenzó a grabar este último álbum con Barack Obama como presidente y lo publicó con Donald Trump en su lugar. ¿Cómo ha cambiado Estados Unidos?

Ha cambiado, es evidente, pero mire, yo soy un visitante, soy inglés, no he votado aquí. Pero musicalmente Estados Unidos sigue siendo el centro, en el sentido de que cualquier novedad sonora o cualquier cambio estilístico ocurren allí.

Después de todos estos años, ¿qué busca en la música? ¿qué quiere transmitir?

Quiero transmitir, como usted lo acaba de decir, paz y amor, pero sobre todo alegría y música hermosa. Porque tengo la suerte de estar rodeado de extraordinarios músicos; mire, en este álbum he trabajado mucho con pro tools a solas, y cuando tuve todos los elementos engarzados electrónicamente me fui al estudio con los músicos y el milagro se produjo porque el resultado que surgió era orgánico, palpable, de carne y hueso. Y eso que trabajamos con estilos muy diferentes. Y la magia prosiguió, por así decirlo, cuando lo llevamos al directo y esa música orgánica llegó de forma palpable al público. Esa sensación le aseguro que no tiene precio.

Cuando está sobre el escenario ¿qué es lo que prioriza?

Hacer lo mejor porque tenemos una actitud positiva y además somos buenos músicos, y esa actitud es la que queremos transmitir al público. Y lo bueno es que se saben todas la canciones, es decir, la que aporta cada músico de la banda, las mías en solitario y las de los Beatles en las que yo cantaba.

¿Que sintió cuando hace un mes el príncipe Guillermo le entregó el título de sir, de Caballero del Imperio Británico?

Me sentí muy bien. Fue una gran sorpresa, me preguntaron si quería aceptarlo y dije que sí. Fue muy emotivo estar en Buckingham por ser Ringo Starr; la vez anterior, en 1965, estuvimos los cuatro por ser los Beatles. En aquel momento, también tuve un pensamiento, triste, acordándome de John y George. Me hubiera gustado que estuviesen conmigo. Con Paul sí que nos vemos de vez en cuando, y él colabora en algún disco mío. El otro día estábamos cenando aquí en Los Ángeles y nos acordábamos de aquel Liverpool y, mire, yo ahora en este palacio de Buckingham. ¡Qué locura!

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