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¿Libertad, para qué? Se preguntaba hace cien años Lenin: «¿Para explotar a otros seres humanos? ¿Para ser explotado?», se respondía. El dilema en Londres y Bruselas, 100 años después, no es ¿libertad para qué? Sino, ¿prórroga para qué?, después de que haya aprobado el Parlamento británico aplazar la fecha de salida de la UE.

¿Repensar la estrategia y crear consensos? Es lo que defendía este jueves el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk: Reino Unido necesita saber qué quiere, sumar una mayoría en torno a ello y caminar. Para ello, «el tiempo que necesite», decía Tusk. Lo cual conduce a una «larga» prórroga. Y, todo ello, sin que en Bruselas ni en los 27 haya nadie que quiera reabrir el acuerdo «mejorado» de 600 páginas firmado entre la primera ministra británica, Theresa May, y la UE.

¿Renegociar? Nadie quiere hablar de ello. El acuerdo costó más de dos años, generó un grado de unidad inédito entre los 27, como para ahora reabrirlo. «No vamos a dar una prórroga para renegociar, de eso nada», dicen fuentes comunitarias. Renegociar conduciría a empezar todo el proceso de nuevo, y en Bruselas y todas las capitales de la UE hay un hartazgo monumental con el Brexit y Reino Unido, aumentado en las últimas horas por las caóticas sesiones parlamentarias y la capacidad de entorpecer el proceso que está demostrando el fiscal general británico, Geoffrey Cox.

¿Para cambiar el Gobierno? Es una posibilidad, la que persigue el líder laborista, Jeremy Corbyn, e implicaría una prórroga larga también: que el fracaso de May en el asunto más importante de su gobierno acabe en elecciones y el regreso de los laboristas a Downing Street. Si eso generara nuevos consensos, la UE estaría abierta a discutir.

¿Un segundo referéndum? Convocarlo, hacer campaña, votar… Y el mandato de May era el Brexit, no montar otro referéndum. Para una nueva consulta, que concita cada vez más apoyos en Reino Unido y que incluso el Partido Laborista ha empezado a apoyar, haría falta una prórroga larga.

¿Nuevas adendas? Realmente es para lo único que tendría sentido una prórroga corta. De hecho, siempre se pensó que su hubiera una prórroga, sería «técnica», para concluir trámites legislativos o burocráticos –traducir a las 28 lenguas el acuerdo una vez pasara por el Parlamento Europeo, por ejemplo–. Pero después de que la resolución de los 27 de diciembre, la carta de enero de Juncker y Tusk y los dos documentos entregados a May el lunes por la noche en Estrasburgo no hayan convencido al Parlamento británico, nada indica que nuevas adendas que se puedan lograr en un puñado de semanas vayan a tener éxito. 

Si se optara por esta vía y se reclamara una prórroga corta, habría dos posibilidades: según la Comisión Europea, si Reino Unido está dentro de la UE para el 26 de mayo, fecha de las elecciones europeas, debe participar en ellas; los expertos del Parlamento Europeo extienden ese plazo al 2 de julio, fecha en la que se constituye la nueva Eurocámara. Esas fechas, 26 de mayo o 2 de julio serían las fechas límite para el caso de una prórroga corta que no requeriría de elecciones europeas en Reino Unido, cuyos eurodiputados ya han sido redistribuidos entre el resto de países –la mitad de ellos– o amortizados –la otra mitad–.

¿Retirar el Brexit? El Reino Unido, tal y como reclamó el Brexit el 29 de marzo de 2017, puede retirarlo, según dictaminó el Tribunal Europeo de Justicia, con sede en Luxemburgo. Sería extraño que May, cuya principal tarea era completar el Brexit, fuera quien lo retirara. En realidad, para retirar el Brexit no se requiere una gran prórroga: el Gobierno puede hacerlo mañana.

Pero si quiere hacerlo tras un debate nacional o empujado por unas elecciones o un nuevo referéndum, en tanto que si lo hiciera May sería un movimiento totalmente contradictorio –salvo que lo hiciera antes de una convocatoria electoral para devolver el debate a la casilla cero–, requerirá de un periodo largo de tiempo.

Entonces, ¿prórroga para qué? Es la respuesta que tiene que dar Londres, y en estos momentos no parece tenerla elaborada y consensuada. Y, a partir de ahí, la UE, harta de Brexit, tomará una decisión.



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