Según el Índice de Satisfacción Laboral de 2017, las personas que trabajan más de 40 horas semanales están más satisfechas con su trabajo que las que no lo hacen a tiempo completo. Aunque resulta sorprendente, los expertos barajan varias razones para explicarlo: el hecho de que haya más gente con trabajos a tiempo parcial que a tiempo completo, menos trabajos satisfactorios o muchos trabajadores que desean jornadas completas y no consiguen tenerlas.

Helena Schiller, doctora en el Instituto de Investigación del Estrés de la Universidad de Estocolmo, aporta otras claves para explicar estos datos: la gente que trabaja menos podría tener mayor responsabilidad, además de tareas del hogar o familiares. Por otro lado, menos horas de trabajo podrían suponer también que las tareas realizadas sean menos interesantes y estimulantes.

Incluso podría ocurrir que el número de tareas a realizar no sea proporcional a las horas de trabajo: quienes tienen jornada reducida podrían disponer menos tiempo para llevar a cabo la misma cantidad de trabajo. Si se añade que tampoco pueden permitirse planificar y que hay otros factores en su vida que les ponen bajo presión, las causas de una mayor insatisfacción y estrés se tornan evidentes.

¿Es peor trabajar menos horas?

En realidad, no. Hay que tener en cuenta otros aspectos de la vida de los trabajadores, más allá de sus jornadas laborales. Si lográsemos reducir la cantidad de horas de forma que la carga de trabajo y la responsabilidad fueran proporcionales, sería ideal; conviene por tanto valorar muchos factores antes de tomar la decisión de reducir las jornadas a 30 horas semanales.

Un caso paradigmático es el de IHH Nordic, la empresa danesa líder en reducción de la jornada laboral que, después de tres años de pruebas, instauró la semana laboral de cuatro días. Tal decisión se tradujo en un aumento de facturación del 20% para la empresa.

Henrik Stenmann, socio de la empresa, matiza y explica este hito: “No es suficiente con reducir las jornadas. Si se desea evitar que los trabajadores tengan la misma carga de trabajo pero menos horas para lidiar con él, es necesario que todo el mundo asuma su propia responsabilidad y cambie de actitud”.

En lugar de acortar la jornada y continuar haciendo lo mismo, se introdujeron algunos cambios como automatizar y subcontratar tareas para las que los empleados estaban sobrecualificados. Desde la empresa se pidió a los empleados que se hicieran siempre una sencilla pregunta a la hora afrontar sus tareas: ¿Sería posible resolver esto de forma más inteligente?”. Experimentaron con muchas iniciativas diferentes, entre ellas técnica Pomodoro, con el fin de reducir la jornada de los trabajadores a base de incrementar su eficiencia, y finalmente se logró aumentar su satisfacción en el trabajo.

Esta medida ha fracasado en otros contextos, como cuando se implantó en 2008 en el Estado de Utah con el fin de reducir los costes energéticos, mejorar la calidad del aire y aumentar y mantener los puestos públicos. Sin embargo, fue revocada tres años más tarde porque el ahorro nunca llegó a hacerse efectivo. Acortar la semana a cuatro días implicaba en este caso alargar la jornada laboral a 10 horas, con lo que aumentaban tanto el riesgo de sufrir accidentes laborales, como los problemas de salud.

Alternativas a la jornada de 40 horas

Jason Fried, empresario y autor del bestseller “Reinicia: borra lo aprendido y piensa la empresa de otra forma”, recomienda deshacerse de lo que llamaM&Ms -meetings and managers-: los líderes son personas cuya función es interferir en las de otras personas: siempre tienen que andar comprobando cómo van las cosas u organizar reuniones donde hay que sentarase y hablar sobre el trabajo, con la pérdida de tiempo que ello implica.

Su teoría es que somos menos efectivos cuanto más interrumpidos somos y tanto las reuniones como los jefes cumplen esa función, provocando que tengamos que trabajar más horas o llevarnos el trabajo a casa. Así, sugiere que se introduzca una medida a la que llama “Jueves sin hablar”, de manera que los trabajadores dispongan de un día de concentración ininterrumpida para aquellas tareas que requieren de un procesamiento mental más complejo.

Lo importante, en cualquier caso, es que si se quiere introducir una jornada de 30 horas semanales, se haga de la mano de otras soluciones enfocadas a que la carga de trabajo se reduzca de forma proporcional, para evitar que el remedio sea peor y los trabajadores acaben más estresados e insatisfechos.

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