El título y el contenido de este artículo no tendrían sentido alguno si M. Rajoy no fuera Mariano Rajoy, si al PP solo le preocupara el bienestar de los catalanes y del resto de los españoles, si para los actuales dirigentes populares el interés de nuestro país estuviera por encima de sus ambiciones electorales y de su amor por los business…  Sin embargo vivimos en esta nación de gúrteles, lezos y púnicas donde el partido del Gobierno obstaculiza investigaciones judiciales, destruye discos duros, paga su sede central con dinero B y liquida finiquitos en diferido. Si habitamos un lugar en el que el Ejecutivo crea policías políticas para perseguir a sus adversarios y  maniobra suciamente, tal y  como detallaba ayer Ignacio Escolar,  para conformar tribunales dóciles que juzguen con benevolencia sus corruptelas… ¿alguien se puede sorprender de que Rajoy llegara, si pudiera hacerlo, a votar el próximo jueves por Carles Puigdemont? 

Los datos indican que la campaña electoral para el PP catalán terminó antes de empezar. Todas las encuestas confirman que las huestes de Xavier García Albiol seguirán teniendo un papel residual tras el 21-D, con apenas el 6% de los votos. Rajoy ya sabía esto cuando decidió aplicar salvajemente el artículo 155. Para el Presidente, Cataluña es una batalla que hay que perder para poder ganar la guerra en España.  Lleva pensando eso desde que en 2006 llenó el país de catalanofobia gracias a las miles de mesas en las que se recogían firmas contra el Estatut, pero sobre todo “contra Cataluña”, tal y como decían muchos de los improvisados recolectores de autógrafos. 

Desde entonces y, especialmente, desde que el caso Gürtel abrió en 2009 la caja de las vergüenzas del PP, Cataluña ha sido y sigue siendo la cortina de humo perfecta. Así se ha demostrado una y otra vez durante estos ocho años. Inacción, chulería, improperios, negativa a la negociación y, al final, actuación extremadamente contundente. Cataluña es para Rajoy lo que Corea del Norte, salvando todas las distancias, es para Trump. 

En este contexto viciado el peor escenario posible para el Presidente, tras el 21-D, sería un Parlament en el que los partidos constitucionalistas, liderados de largo por Ciudadanos, sumaran la mayoría de escaños.  De un plumazo Rajoy recibiría un doble sopapo: ver desactivado el “problema catalán” y asistir al encumbramiento del partido de Albert Rivera como una verdadera opción de Gobierno a nivel nacional. 

¿Cómo podría sobrevivir Rajoy y el Partido Popular a una guerra de igual a igual con Ciudadanos y en un escenario sobre el que no sobrevolara la amenaza de un enemigo perverso? Si ya sufrió estratégicamente con la desaparición de ETA del panorama político, ¿cómo cargar con el lastre infinito de corrupción que atesora sin poder atemorizar a sus votantes con la amenaza catalana? El PP sabe que Venezuela y los EREs dan para lo que dan y que su calvario judicial va a continuar desangrándole durante varios años más, por mucho que consiga “afinárselo” la Fiscalía General, la Audiencia Nacional y el ministerio de Justicia. Rajoy necesita enfrente a Cataluña para continuar esa huida hacia delante que emprendió cuando su nombre apareció en los papeles de Bárcenas vinculado a miles de euros de dinero negro. 

Quizás dentro de siete días tenga que rectificar estas líneas, pero creo sinceramente que los resultados electorales harán feliz a Rajoy. La ola de optimismo españolista de estos días me recuerda mucho a lo sucedido en Euskadi en 2001, cuando todos dieron por segura la victoria de la coalición tácita que formaron PP y PSOE frente a los partidos nacionalistas. Yo no descartaría tan alegremente que vuelva a suceder lo mismo que entonces y que el voto oculto unido a una gran participación permitan al bloque independentista revalidar la mayoría de que gozaba en el Parlament. En cualquier caso, si me equivoco y aciertan las encuestas, Cataluña será ingobernable y también generará las suficientes tensiones como para que los españolitos sigamos entretenidos agitando nuestras banderas rojigualdas mientras se siguen apañando juicios y se destruyen servicios públicos tan básicos como la sanidad o el sistema de pensiones. 

Ya dije en un artículo anterior que era la corrupción la que favorecería el enquistamiento del conflicto catalán. Rajoy no soltará así como así su cortina de humo. No me sorprendería, de hecho, que en los próximos días se produjeran otros movimientos policiales, políticos y/o judiciales destinados a cabrear al catalán indeciso para empujarle a votar a favor de los secesionistas. Ya este jueves hemos visto a la Guardia Civil practicando registros y detenciones, al mismo tiempo que el Supremo negaba a Jordi Sánchez su petición de abandonar la cárcel para poder participar en los actos de la campaña electoral. 

Parafraseando al añorado periodista y amigo que era Ricardo Ortega: Para tragarse el discurso supuestamente patriótico que mantiene Rajoy sobre Cataluña hay que creerse también tres axiomas: el Presidente nunca miente, el PP piensa más en el bienestar de los españoles que en salir vivo de sus cuitas judiciales y Mariano Rajoy no es M. Rajoy. ¿Se lo tragan? Yo no.

Deja un comentario