Mariano Rajoy ha lanzado esta mañana un mensaje críptico al PP para dar a entender que no piensa tirar la toalla, por más que el momento político sea malo con el asedio electoral al que les está sometiendo Ciudadanos.

Después de la debacle de los populares en Cataluña en las elecciones del 21-D, los nervios se han apoderado del partido del Gobierno, que esperaba como agua de mayo este discurso de su líder hoy para iniciar la remontada.

Y Rajoy, fiel a su estilo, ha intentado enfriar la crisis asegurando a los suyos que siguen siendo el primer partido de España por militancia y estructura, digan lo que digan las encuestas, y “dependemos de nuestro esfuerzo”, no de lo que hagan o digan los de Albert Rivera.

El líder popular sabe que en el seno del Ejecutivo se han desatado las especulaciones hasta de un inminente cambio de gobierno, y que incluso hay quien pide que deje paso a otra generación de líderes. Para acallar esos rumores al final de su discurso en abierto ha dicho eso de “hay que dar la batalla y, desde luego, yo la voy a dar como supongo y espero que vosotros también”.

En primera fila le escuchaban barones como Cristina Cifuentes, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría o la secretaria general, Maria Dolores de Cospedal. No estaban ni el Presidente gallego, Alberto Núñez Feijoo, ni el castellano-Leones, Juan Vicente Herrera, que en los últimos meses han venido criticando la falta de iniciativa política del Gobierno.

Nadie ha pedido la palabra para criticar la situación interna o matizar el discurso del presidente del partido y del Gobierno. Rajoy ha anunciado una convención nacional “en marzo”, que se celebrará en Andalucía.

El objetivo es claro: que ese foro sea el trampolín de lanzamiento de la precampaña del PP a las elecciones municipales y autonómicas de 2019, cuando ya haya gobierno en Cataluña y el PNV se decida a apoyar los presupuestos.

En su discurso, ha insistido en que el PP ha hecho lo que tenía que hacer aunque le haya costado caro electoralmente, un pasaje muy aplaudido.

Y ha advertido a Carles Puigdemont que, aunque fuera investidoa distancia” en Bruselas, el Gobierno lo recurrirá ante el Tribunal Constitucional para bloquearlo; pero es que, además, si se atreviera a tomar posesión , tendrá que volver a España y sería detenido.

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