Está asumido por el mundo entero que las películas de Pixar son películas para todos los públicos. Pero, cuando se trata de series de televisión, parece que seas un poquito friki si te diviertes con una serie de animación concebida con el público infantil en mente. Pero hay verdaderas maravillas ya sea por la representación que ofrecen de colectivos antes ninguneados o, como en el caso que nos concierne, por la presentación de una mitología que se desarrolla con naturalidad. Avatar: La leyenda de Aang es esa serie que todos los hijos y las hijas del mundo deberían ver.

Los responsables Michael DiMartino y Bryan Konietzko querían tener su propio El señor de los anillos o Harry Potter, obras con toques épicos y con los que desarrollar un universo propio. Su forma de distanciarse de estos referentes fue inspirándose en la cultura del este asiático con toques del taoísmo, el budismo, el yoga y las artes marciales. Se les pasó por la cabeza la imagen de un monje asiático y calvo y decidieron reconstruir su infancia.

Avatar: La Leyenda de Aang se emitió originariamente en Nickelodeon. Avatar: La Leyenda de Aang se emitió originariamente en Nickelodeon. (Nickelodeon)

Así es como surgiría la leyenda de Aang, contada en tres temporadas y que Netflix acaba de incluir en su catálogo. (Y sí, M. Night Shyamalan hizo un remake cinematográfico de la primera temporada con Avatar: The Last Airbender, pero mejor corramos un tupido velo para no asustar los espectadores potenciales).

El mundo de ‘Avatar’

Para entender el punto de partida, hay que entender el mundo de DiMartino y Konietzko, que está dividido por cuatro comunidades: el Reino de Tierra, los Nómadas del Aire, las Tribus del Agua y la Nación del Fuego. Cada una tiene sus propias tradiciones, con habitantes que desarrollan poderes especiales relacionados con los elementos. Pero, cuando un noble del Fuego intenta crear un imperio sometiendo el resto de comunidades, aparece el Avatar: una especie de Mesías que domina las fuerzas del Aire, la Tierra, el Agua y el Fuego con tal de mantener el equilibrio en el planeta, y que se reencarna una y otra vez.

Avatar es sinónimo de acción. Avatar es sinónimo de acción. (Nickelodeon)

La historia de Aang es la del niño que un buen día descubre que puede ser el Avatar en un momento histórico complejo, cuando la Nación del Fuego intenta aplicar otra vez sus planes expansionistas y colonialistas, aprovechando que no hay un Avatar en activo que pueda impedir sus planes. Con 12 años recién cumplidos, siendo el último superviviente de una matanza de los Nómadas del Aire, Aang no tiene otra opción que aprender a dominar las disciplinas si quiere evitar que el mundo acabe sometido al Fuego, con la ayuda de Katara y Sokka, y de su fiel amigo Appa, un enorme bisonte volador.

Valores positivos

Después de meter este rollo, vale la pena decir que Avatar es una obra muy entretenida para preadolescentes. Es la historia de la creación de un guerrero de la misma forma que Dragonball al principio eran las aventuras de un joven que aprendía a desarrollar sus poderes a medida que se encontraba obstáculos, sólo que en este caso con un sentido de la violencia adecuada y sin un humor gamberro.

Appa es amor. Appa es amor. (Nickelodeon)

Avatar es, por encima de todo, una carta de amor a valores positivos como la amistad, la aceptación de la diversidad, la necesidad de estrechar lazos entre comunidades desde el respeto, con un protagonista que es muy consciente que carga con el futuro de la humanidad a sus espaldas, que la naturaleza es un bien preciado con la que nunca se debe perder el vínculo.

Puede que DiMartino y Konietzko no sean revolucionarios en su cóctel de tópicos orientales pasados por el filtro de occidente pero su amor por las culturas asiáticas se nota en cada episodio, y desarrollan con tanta simpatía los personajes que el universo de Avatar acaba siendo respetable y digno de amar por si solo. Este amor se nota, por ejemplo, en el desarrollo del príncipe Zukko, el heredero del imperio del Fuego, al que acaban dedicando el mismo o más esfuerzo que al propio Aang.

La continuación

De hecho, los creadores acabarían rematando su mitología con una secuela llamada La Leyenda de Korra, que era una consecuencia lógica de Aang. Si este Avatar era una historia básicamente para niños y preadolescentes, con dilemas morales tratados con un filtro infantil para que la serie sea para todos los públicos, con Korra hicieron un proyecto más adulto y adolescente, con una animación más elaborada, y con un mundo expandido que tenía ramificaciones poéticas y referencias históricas (los nazis, básicamente) más elaboradas. Pero este ya es otro tema para otro Series Imperdibles.

Korra es otro nivel. Y también muy recomendable. Korra es otro nivel. Y también muy recomendable. (Nickelodeon)

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