Neil Diamond es un compositor y cantante que roba el corazón de los espectadores en sus conciertos, habitualmente multitudinarios. Ha grabado decenas de álbumes de los que ha vendido 130 millones de copias. Ungido por el folk de Pete Seeger en su adolescencia, su estilo ecléctico, apoyado en el country y con ligeras excursiones hacia el rock, ha sido espejo para voces consagradas como Frank Sinatra o Julio Iglesias y ha llegado incluso a obtener versiones de Elvis Presley y Tina Turner.

Amable y bonachón, exquisito para unos, empalagoso para otros, Diamond anunció a finales de enero que se retiraba, después de revelar que padecía parkinson. No obstante, precisó que dejar los escenarios no comportaría el abandono de la composición y las grabaciones.

Le regalaron la primera guitarra a los dieciséis años y esto le empujó a escribir sus primeras canciones

Nacido en una familia judía de Brooklyn (Nueva York, EE.UU.) en 1941, Neil Leslie Diamond desciende de inmigrantes rusos y polacos. Su padre era comerciante de telas. La familia residió en varios domicilios, incluso unos años en Cheyenne (Wyoming), cuando su padre servía en el ejército. Tuvo como compañera de escuela a Barbra Streisand. Ambos formaron parte de distintos coros musicales, esta marmita en el que se han criado los grandes vocalistas de Estados Unidos. Él no hizo muchos más amigos en esta época, pero con la futura cantante se escapaban de clase para fumar a escondidas. Le regalaron la primera guitarra a los dieciséis años y esto le empujó a escribir sus primeras canciones. El talento como poeta ya lo había demostrado dedicando versos a las chicas para enamorarlas. Con un amigo, Jack Parker, formaron el dúo Neil and Jack y grabaron algunos discos sencillos.

El cantante Neil Diamond El cantante Neil Diamond (Steve Zak Photography / Getty)

Trabajó como camarero una temporada antes de matricularse en la Universidad de Nueva York donde realizó estudios de Medicina y participó en competiciones de esgrima. Abandonó pronto las clases para sumarse al Tin Pan Alley, el conocido grupo de editores y compositores norteamericanos. Un editor le ofreció trabajo para escribir canciones por 50 dólares a la semana. Estuvo años trabajando en encargos de este tipo. Su primer éxito llegó en 1965 con Sunday and me, después vinieron I’m a believer, Red, red wine, Song sung blue y, sobre todo, Sweet Caroline, el tema más versionado de Diamond. Esta melodía está inspirada en la hija del presidente John Kennedy. El compositor buscaba un nombre de tres sílabas que encontró mientras contemplaba una foto inocente de la niña junto a su poni.

El artista también se ha atrevido con la gran pantalla. En 1980 protagonizó junto a Laurence Olivier un remake de El cantor de jazz, que dirigió Richard Fleischer. Diamond compuso además varios temas de la película. Firmó asimismo la banda sonora del filme Juan Salvador Gaviota de 1973. Varias canciones suyas han sido utilizadas en otros títulos cinematográficos, como hizo Quentin Tarantino en Pulp fiction. No se ha prodigado demasiado dando conciertos en Europa, aunque en alguna ocasión ha visitado España para promocionar sus discos.

Trabajó como camarero una temporada antes de matricularse en la Universidad de Nueva York donde realizó estudios de Medicina

Diamond se ha casado tres veces. En 1963, con Jaye Posner, a quien conoció en el instituto. Tuvieron dos hijas y se separaron en 1967. Al cabo de dos años, una vez obtenido el divorcio, contrajo matrimonio con la asistente de producción Marcia Murphey. La pareja tuvo dos hijos y duró veinticinco años. En 1996, mantuvo una relación sin casorio con la australiana Rae Farley, a quien conoció en Brisbane. Finalmente en el 2012, celebró la tercera boda con su mánager, Katie McNeil, en una ceremonia íntima celebrada en Los Ángeles.

El cantante ha cuidado siempre la presencia en el escenario. Los músicos, los coros, las luces, el sonido, todo está pensado para arroparle del primer al último minuto de actuación. No dudó en darse algún retoque quirúrgico pasados los sesenta años. Ha mantenido una estética estándar en sus apariciones, desde sus camisas brillantes de lentejuelas al austero uniforme que lo viste de negro de pies a cabeza. En la memoria queda su singular modo de modular que transita del grave al agudo, el aire delicado de sus tonadas, todo en función de un sello personal que le identifica como un ejemplar distinguido de la llamada cultura popular norteamericana.

Deja un comentario