Si el candidato Carles Puigdemont logra ser investido volverá a Barcelona para tomar posesión del cargo e instalarse en el Palau de la Generalitat. Así lo ha prometido este martes, en una rueda de prensa por videoconferencia en la que ha considerado que, si el independentismo obtiene la mayoría y el Parlament desea investirle, “no hay plan B” a presentarse ante el pleno. Incluso cuando contra él pesa una orden de detención que se haría efectiva en cuanto pise suelo español.

Esta es la tesis que defiende también Junts per Catalunya, la lista personalista que el propio Puigdemont ha confeccionado sobre los cimientos pero sin a penas cuadros del PDeCAT. Según defienden, el regreso de Puigdemont sólo será posible con una clara victoria electoral del independentismo y una mayoría parlamentaria que esté dispuesta a “restituir al Govern”, es decir, a volver a investir al president cesado.

La candidatura de JxCat asegura que, como su cabeza de lista, trabaja con esta única hipótesis. Según reiteran, en su lista no hay presidenciables “tapados” que puedan sustituir a Puigdemont en el caso de que, tras las elecciones, se compruebe que la vuelta del líder es imposible por razones jurídicas. Ni siquiera Elsa Artadi, quien está siendo los ojos del president cesado en Catalunya y cuya figura política no ha parado de crecer durante la campaña. “Es la lista de Puigdemont y Sànchez, y no hay plan B”, insisten desde JxCat. 

La campaña, dirigida por la propia Artadi, se ha basado en casi un solo único: la restitución completa del Govern. Esta promesa tiene la virtud de situar a JxCat como la expresión más nítida y sencilla contra el 155 y, a la vez, de dotar a Puigdemont de una legitimidad como presidenciable del independentismo pese a ser el tercer candidato en las encuestas, por debajo de ERC y Ciutadans.

Por esta razón, la idea ha generado roces con los republicanos, que mantienen inamovibles desde el inicio de la campaña en que su candidato a la presidencia es Oriol Junqueras y, en su ausencia por encarcelamiento, Marta Rovira. Ante esto, la lista exconvergente esgrimió que no investir a Puigdemont sería tanto como avalar el 155, una acusación que soliviantó a los republicanos. Ante el malestar causado, los republicanos respondieron que la vuelta a Catalunya del president cesado era “poco más que un deseo” porque no podría ser investido.

Con la consigna en JxCat de que sus candidatos eviten a toda costa entrar en polémicas con ERC, Puigdemont sin embargo ha redoblado este martes su apuesta por la investidura. “Si la voluntad de los catalanes es que vuelva a ser president, yo estaré en el Palau. En una democracia pesan más las esposas que los votos”, ha afirmado. El candidato considera que una investidura “no puede hacerse ni en Bruselas ni en la cárcel” por lo que, a su juicio, respetar la decisión de los catalanes implicaría que estuviera en libertad, primero para la sesión de investidura y después para ejercer el cargo de president.

Las palabras revelan que, para Puigdemont, la vuelta al Palau como president y la restitución del Govern no es sólo una promesa de campaña, es también toda una estrategia de defensa para tratar de conservar su libertad.

Esta previsión, sin embargo, choca con la razón jurídica. El juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, retiró la orden europea pero mantiene intacta la orden de detención en cuanto el expresident pise España, que no tiene por qué cambiar ante una investidura del acusado. El escenario que dibuja Puigdemont con la promesa de volver a Catalunya es, por tanto, intentar convertirse en un president de la Generalitat en prisión o quedarse como un expresident residente en Bélgica.

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