El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont ha considerado este martes que el juicio a los líderes independentistas, que ha empezado en el Tribunal Supremo, es una “prueba de estrés para la democracia española” y para su sistema judicial. Desde Berlín, donde ha ofrecido una rueda de prensa, Puigdemont ha pedido a sus compañeros del ‘procés’ que se sientan en el banquillo de los acusados por no haber huido como hizo el que sean “fuertes”, y que tengan “ánimo y confianza” durante todo el juicio porque “deben estar orgullosos del ejemplo que están dando”.

“Durante el juicio se desenmascararán muchas de las construcciones que nos han llevado hasta aquí. No olvidemos que la única acusación particular es la de un partido de ultraderecha franquista, Vox, lo que demuestra que es un juicio político”, ha sostenido. Ha asegurado que “siempre” estará a “disposición de la justicia”, pero de una justicia “justa y correcta”, algo que, en su opinión, “no es posible en España” actualmente. “Si llegamos a organizar el referéndum del 1 de octubre es porque las demandas para hacer un referéndum pactado fueron rechazadas”, argumentó el expresidente.

Puigdemont se encuentra en Berlín invitado por la organización Cinema for Peace, que aprovecha la celebración del festival de cine de la capital alemana, la Berlinale, para organizar una serie de actos paralelos en los que participan políticos y activistas. El expresidente de la Generalitat ya estuvo ayer por la tarde presente en la gala que tradicionalmente organiza Cinema for Peace durante la Berlinale y hoy tiene previsto participar en un acto convocado en el Reichstag, el edificio principal del Parlamento alemán. Allí, subrayó que su papel en Berlín estos días es el de “dar voz” a “los que enfrentan a un juicio completamente injusto” y aprovechar “la oportunidad” para “denunciar esta situación”.

Este martes, en su comparecencia ante los medios, ha calificado de “enorme fracaso” y de “pinchazo” la manifestación de “la derecha y la ultraderecha” el pasado domingo en Madrid y, por tanto, no ha considerado una “amenaza” la convocatoria de elecciones generales. Esa posibilidad -y que la derecha se hiciese con el Gobierno en Madrid- era una “amenaza plausible” antes del domingo -ha argumentado- pero el poder de convocatoria demostrado hace que este peligro se haya disuelto.

El expresidente ha acusado además al líder del Partido Popular, Pablo Casado, de ir con “una botella de gasolina” en la mano, provocando “incendios” y ha tildado de “franquista” a Vox. “La derecha y la ultraderecha están lejos de dar facilidades”, ha señalado. A su juicio, no ha habido avances con el actual Ggobierno socialista porque, pese a cierto mensajes, la situación ahora está “en el mismo punto” que con el anterior Ejecutivo, del conservador Mariano Rajoy. “El hecho de invocar la posibilidad de un relator independiente ha generado una crisis bestial. No quiero ni imaginar el día que podamos sentarnos a la mesa”, ha apuntado.


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