Aunque últimamente no sean los únicos en levantar la voz, andan a la greña con el Gobierno pensionistas y jubilados. Y razón no les falta a la hora de ventilar sus más que justificadas reivindicaciones.

Son ellos los que con sus impuestos y el sudor de su frente han pagado –y pagan- las pensiones de sus padres y abuelos; los que han obrado, a menudo en condiciones muy adversas, el milagro de levantar y mantener con vida familia y país; los que siguen socorriendo a la gente mayor necesitada y al mismo tiempo a sus nietos, así como, hasta donde les llega, a cualquier persona en apuros.

Mas de repente, con la excusa de la crisis, se ha ido alegremente vaciando la hucha común que figuraba que nos garantizaba a todos la fortaleza de la Seguridad Social universal que tantos años y esfuerzo ha costado conseguir y cuyos beneficiarios más próximos los conforman la generación actual.

Los jubilados de hoy han obrado el milagro de levantar y mantener con vida familia y país; de socorrer a gente mayor necesitada y al mismo tiempo a sus nietos

Incluso se ha puesto en entredicho la garantía -cuasi sagrada- de que el día de mañana vayan a cobrar la jubilación que les debería corresponder los contribuyentes de hoy; o sea: la de los actuales maltratados paganos condenados a no llegar (con un mínimo de dignidad) a final de mes.

A la hora de buscar a los culpables de este entuerto, sería del todo equivocado señalar a los jóvenes: ¿cómo diantres van a permitiese pagar las pensiones de las generaciones anteriores a su nacimiento los inframileuristas con contratos basura por días u horas? Bastante tienen con pagar el alquiler, si es que han tenido la suerte, necesidad o desgracia de emanciparse y tener empleo.

Ahora bien, con una tasa de fecundidad de 1,34 nacimientos por cada mujer, resulta que España es, además, el segundo país de la UE con la maternidad más tardía. La vecina Italia ocupa el puesto más alto del podio. Por tanto, dentro de unos años dejará de existir la mamma ¡por falta de prole!

¿Cómo diantres pueden los inframileuristas con contratos basura por días u horas pagar las pensiones de las generaciones anteriores?

Son múltiples -y muy conocidos de todos- los factores que contribuyen a esta bajísima tasa de fecundidad que pasa por fuerza por los hábitos sexuales y sociales de la generación emergente. Sencillamente, el principal anhelo de la juventud ha dejado de ser el de casarse y crear una familia. Sus prioridades son otras. Aunque quizá se lo pensarían a cambio de algún incentivo, como se ha hecho con cierto éxito en Francia. O tal vez no, vayan ustedes a saber.

Como suele ocurrir cuando se afrenta uno a un problema acuciante, antes de ir por las ramas con ideas de bombero, más vale rastrear la historia en busca de una solución sensata y constatada. Porque nuestros problemas de ahora son casi siempre calcados a los de nuestros antepasados.

Fueron los babilonios -¿o tal vez los hititas? (de todas formas, a buen seguro sabrá aclarar este punto algún erudito lector)- quienes, aunque por razones muy distintas, ante el temor que les produjo una taza de fertilidad tan baja similar a la nuestra, idearon una salida genial, por mucho que, a nuestra manera de pensar, pecara de machista.

Los babilonios -¿o tal vez los hititas?- idearon una salida genial ante el temor que les produjo una taza de fertilidad tan baja similar a la nuestra

Se juntan en un lugar determinado todos los hombres casaderos con todas las mujeres casaderas. Acto seguido, empieza la subasta. Para hacerse con una de las mujeres más guapas, los hombres acaudalados ofrecen a la administración elevadas sumas de dinero. Y así se van llevando a las mujeres más bellas. Una vez pasada la euforia inicial, con el dinero recaudado de los ricos, se invierte la subasta. Es decir: al que puja por la más fea cobra idéntica cantidad que se había pagado por la más guapa. Y así hasta que todos ellos y ellas estén aparejados y entregados en cuerpo y alma a aumentar, cada uno a su manera, la tasa de fecundidad.

¿Se le ocurre –aunque no sea usted un erudito- mejor solución a nuestro problema? Más que cuestión de bolsillo, aquí lo que cuenta es la libido, ¿verdad? Bueno, eso y las ganas.

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