En la planicie del nordeste de Siria, las bases de las milicias kurdas YPG (y de su rama femenina, las JPG) presentan a menudo estructuras nuevas, como grandes carpas semiesféricas, y por las carreteras se dejan ver de vez en cuando landcruisers con las ventanillas tintadas que, en parejas o de tres en tres, circulan a toda la velocidad posible. A veces sus ocupantes se hacen visibles en el paso de Peshabor, en la frontera entre el Kurdistán iraquí y el Kurdistán sirio, vestidos de manera informal pero que les hace muy identificables como norteamericanos; unos, con aspecto de soldado y otros con pinta de haberlo sido antes de echar barriga y que ahora trabajan como contratistas -o mercenarios, o soldados privados-. Oficialmente son unos 2.000, número que quizás no incluya a estos últimos.

Todos ellos forman el contingente de apoyo estadounidense a las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) que han combatido al Estado Islámico en Siria, y cuyo núcleo son las YPG kurdas. En los últimos días, el anuncio, dos veces, de Donald Trump de su intención de retirarlos de Siria cuanto antes ha dejado perplejos a propios y extraños. Y ha sido una nueva muestra de lo disfuncional que puede llegar a ser la Casa Blanca actual. Porque casi al mismo tiempo el Pentágono y el Departamento de Estado decían todo lo contrario que el presidente.

Soldados estadounidenses plantan una carpa en una nueva posición avanzada en Manbij, el pasado 4 de abril Soldados estadounidenses plantan una carpa en una nueva posición avanzada en Manbij, el pasado 4 de abril (Hussein Malla / AP)

Según el general Joseph Votel, jefe del Comando Central, y el enviado presidencial para la coalición contra el Estado Islámico, Brett McGurk, todavía queda mucho que hacer en cuanto a estabilización del territorio liberado de los yihadistas, retorno de desplazados, etc, una serie de argumentos que responden al plan dibujado por el ahora cesado secretario de Estado Rex Tillerson.

El martes, por fin, en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, a Donald Trump le dijeron que no, que no puede haber retirada inmediata y que el riesgo de que el Estado Islámico reaparezca está ahí. El presidente ha tenido que matizar, una vez más, sus declaraciones, parte de las cuales sin embargo sostiene, en el sentido de que EE.UU. debe negociar con otros qué se hace en Siria.

Pero la cuestión no es solo una reaparición del Estado Islámico sino el significado último de una retirada estadounidense, que redundaría en beneficio de Irán y Rusia, hoy por hoy vencedores en la guerra siria.

Arabia Saudí está muy interesada en nuestra decisión y yo dije: Bueno, ¿quieren que nos quedemos? Quizás van a tener que pagar

Donald Trump

Presidente de EE.UU.

El pasado lunes, según la Casa Blanca, Trump habló por teléfono con el rey Salman de Arabia Saudí sobre “los esfuerzos comunes para asegurar la derrota duradera del Estado Islámico y frenar los esfuerzos iraníes de explotar el conflicto sirio para sus ambiciones desestabilizadoras en la región”. The New York Times señala que fue al día siguiente, el martes, cuando Trump comentó que “Arabia Saudí está muy interesada en nuestra decisión y yo dije: Bueno, ¿quieren que nos quedemos? Quizás van a tener que pagar”.

Semejante declaración por parte de un presidente estadounidense es lo nunca visto. Pero además es un farol. Es cierto que Arabia Saudí tiene el mayor interés en contener una expansión de Irán, pero también lo tiene Estados Unidos, en particular por su íntimo aliado Israel.

La hipótesis de que Irán aspira a tener un corredor -un territorio bajo su influencia- que vaya desde Bagdad hasta la costa mediterránea siria cada día es más repetida

La hipótesis de que Irán aspira a tener un corredor -un territorio bajo su influencia- que vaya desde Bagdad hasta la costa mediterránea siria cada día es más repetida. En mitad de ese corredor se encuentra la ciudad siria de Raqa, de la cual el Estado Islámico fue expulsado por los bombardeos de estadounidenses y rusos y el avance por tierra de las milicias kurdas YPG, que son ahora el poder fáctico local. Desde Raqa hacia el norte, todo es territorio dominado por los kurdos, con el respaldo estadounidense.

¿Estaría dispuesto Trump a abandonar todo esto y dejárselo a Irán? ¿Después de haber gastado millones en la financiación de los rebeldes sirios y en la guerra contra el Estado Islámico?

Con una retirada, Trump tiene dos posibilidades: o entrega el Kurdistán a Turquía, consumando así la traición a sus aliados kurdos y perdiendo la cara ante un Erdogan aún más prepotente que él, o se lo deja a Irán, que se aprovecharía de un pacto entre estos y Damasco, quizás con Rusia como garante.

Las bases norteamericanas en Siria, según un mapa elaborado por el observatorio israelí Debka Las bases norteamericanas en Siria, según un mapa elaborado por el observatorio israelí Debka (Debka)

Los kurdos de Siria, abandonados por su aliado, tendrían que apresurarse a pactar -quizás a la baja- con el régimen de Damasco la autonomía a la que dicen aspirar, con tal de evitar ser atacados y barridos por el ejército turco. Hay que recordar que las milicias kurdas nunca han hecho la guerra al régimen de Damasco.

Tanto para Rusia como para Irán sería el mejor negocio: se conserva la unidad territorial de Siria y se mantiene en su sitio un elemento molesto para Turquía al otro lado de su frontera: la entidad kurda llamada Rojava (hoy de todos modos incompleta, al haber perdido el cantón de Afrin a manos turcas).

Si EE.UU. Trump quiere contener la influencia de Irán en Siria no le queda más remedio que mantener su presencia, sobre todo por la provincia de Deraa, cercana a Israel

Si EE.UU. quiere contener la influencia de Irán en Siria no le queda más remedio que mantener su presencia en Rojava para así reforzar -como contrapeso táctico- la defensa del último espacio rebelde en el sur de Siria, junto a los Altos del Golán ocupados por Israel. Si los rebeldes son expulsados de allí o exterminados, el Hizbulah libanés -o lo que es lo mismo, Irán- volverá a estar a las puertas de Israel. Es muy probable que en la interminable guerra siria la suerte de esta posición, la provincia de Deraa, sea la última en ser decidida por un empeño norteamericano en defenderla.

Si, por el contrario, Trump está dispuesto a que Turquía se lance contra el Kurdistán sirio, ¿qué ocurre después? Los turcos no se podrán quedar eternamente… La población árabe de estas provincias, con miles de desplazados por la guerra, estaría dispuesta a pactar con el mejor postor, y este muy bien podría ser un renacido Estado Islámico si otras perspectivas no son buenas.

Macron recibió en París a una delegación kurda y podría desplazar soldados a Manbij, todo un gesto frente a Turquía

Por el momento, otros movimientos recientes podrían apuntar a la posibilidad de que Trump simplemente pretenda subrogar el paquete kurdo, empezando por la congelación de 200 milones de dólares inicialmente destinados, al parecer, a la reconstrucción de Raqa. Hay que recordar, en este sentido, que Washington se ha desentendido de toda participación con fondos oficiales en la reconstrucción de Mosul, la otra capital del Estado Islámico destruida. O, como él mismo decía, otros “van a tener que pagar”.

El más notorio de estos movimientos ha sido la recepción en el palacio del Elíseo, hace justo una semana, de una delegación del Kurdistán sirio formada por kurdos y árabes suníes y cristianos. El presidente Macron les prometió que Francia ayudaría a reforzar el enclave de Manbij, defendido por kurdos, estadounidenses y británicos, ante todo intento de avance turco. Si Turquía quiere atacar el Kurdistán sirio tras la conquista del cantón de Afrin, tiene que empezar por Manbij.

Macron dijo que aspira a hacer de mediador entre los kurdos y el Gobierno turco. Eso es un brindis al sol: Macron sabe que Erdogan no negociará nada con los kurdos de Siria porque son una extensión del PKK kurdo de Turquía. El presidente francés puede limitarse a desplazar a Manbij unos pocos miembros de las fuerzas especiales del contingente que combate a los restos del EI en la frontera con Irak. Para los kurdos no será la gran ayuda a la que podían aspirar, pero no hay duda de que el gesto francés ante Turquía estará muy claro. Y, ante el perfil cada vez más bajo de Estados Unidos en Siria, Francia marca postura en su antigua colonia.

Milicianos kurdos de Siria y peshmerga kurdos de Irak, en el paso fronterizo de los dos kurdistanes de Peshabor (Irak) Milicianos kurdos de Siria y peshmerga kurdos de Irak, en el paso fronterizo de los dos kurdistanes de Peshabor (Irak) (Safin Hamed / AFP)

Más curiosa, a la par que folclórica, ha sido la visita de una delegación de la cámara de los lores británica, en concreto de lores laboristas, a las capitales de los cantones kurdos, Qamishlo y Kobane. Los lores se han deshecho en elogios, diciendo que los kurdos de Siria son “un faro de luz”.

¿Podría tratarse de los primeros pasos hacia lo que los analistas Hassan Hassan y Michael Weiss consideran un posible “protectorado” norteamericano en el nordeste de Siria, pero en este caso un protectorado compartido, con los europeos implicados y con Arabia Saudí poniendo dinero, quien sabe si para la reconstrucción de Raqa?

De nuevo, hay que pasar página de las palabras de Donald Trump y esperar a los hechos sobre el terreno.

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