Se comenta en la calle y en las conversaciones de ascensor, el lugar donde el ser humano suele hablar, típicamente, del tiempo y los fenómenos climatológicos: este año ha costado, pero parece que por fin llegó la primavera. El invierno se repliega en sus cuarteles mientras en la ciudad empezamos a notar algo distinto, un no sé qué, en el aire. Los cantos de los pájaros suenan más fuerte, los árboles y arbustos se llenan de brotes, los días se alargan, los runners y los ciclistas estacionales salen de su estado de hibernación y, dicen los expertos, nos entran más ganas de enamorarnos. Pero, ¿es cierto, como dice el refrán popular, que la primavera la sangre altera?

Según Elisenda Pascual, “lo de la sangre no lo sabemos, pero el sistema nervioso, está claro que sí se altera”. Explica esta psicóloga y terapeuta que los cambios de estación tienen efectos palpables en las personas que sufren trastornos del estado de ánimo como la depresión o la ansiedad. “La primavera es un momento de máxima afluencia en las consultas de los psicólogos”, afirma, “al igual que el otoño”.

Lo de la sangre no lo sabemos, pero el sistema nervioso, está claro que sí se altera

Elisenda Pascual

Psicóloga y terapeuta

Pascual explica que, aunque existen pocos estudios científicos al respecto, es evidente la correlación entre los cambios de estación y nuestro ánimo. En este sentido, la primavera es una de las estaciones que más nos afecta, no solo por los cambios evidentes en la luz, la temperatura y el ambiente, que tienen un efecto en nuestra respuesta hormonal y en nuestro comportamiento, sino también por la carga cultural que como sociedad le otorgamos. Tan solo hay que echar un vistazo a la publicidad o los mensajes de las películas y los libros románticos: la primavera es la estación del amor romántico por antonomasia.

Y aunque decidamos ignorar ese legado cultural, un buen día abrimos la ventana y notamos la brisa suave que nos revuelve el cabello, el verde que todo lo inunda, los colores invitadores de las flores… Todo nos empuja a salir del cascarón invernal. El poder de la vida que resurge es imparable.

Una mujer disfruta de una tarde soleada cerca del lago Lietzen en Berlín. Una mujer disfruta de una tarde soleada cerca del lago Lietzen en Berlín. (Hayoung Jeon / EFE)

Pero, ¿cómo influye este cambio en las personas que viven alejadas de la naturaleza, en las grandes ciudades, por ejemplo? ¿Lo notan menos que las que viven en un entorno rural? Para la ecoterapeuta suiza Marianne Grasselli, aunque en las grandes urbes apenas nos demos cuenta, “habitamos en conexión con un mundo vivo, que palpita, se desarrolla y se transforma”. El desequilibrio aparece cuando desconectamos al cuerpo de la naturaleza.

Explica Grasselli en su libro Rituales femeninos para las cuatro estaciones, que los seres humanos, como parte de la naturaleza, experimentamos “desde dentro” lo que es un ciclo y su evolución. Por ello vivimos ciclos con una fase creciente, de apertura —primavera y verano— y otra decreciente —otoño e invierno—. Eso explicaría por qué en primavera notamos un deseo de expansión y de apertura, mientras que el invierno es época de repliegue y contracción.

Existe una correlación entre la llegada de la primavera y cambios en nuestro estado de ánimo Existe una correlación entre la llegada de la primavera y cambios en nuestro estado de ánimo (martin-dm / Getty)

Desde finales de marzo, en el hemisferio norte, nos posee el impulso de pasar más tiempo al aire libre, de conectar con otras personas, de emprender actividades nuevas, de “ventilar” nuestra psique e incluso nuestra casa. No en vano es también una época muy típica para hacer limpieza general en el hogar o para hacer curas de desintoxicación a base de zumos y dietas depurativas. La vida en la ciudad, de espaldas a la naturaleza, nos ha alejado de la conciencia de dichos ciclos vitales, aunque no por ello dejan de existir.

El doctor en psiquiatría John R. Sharp explica en su libro Emotional Calendar, cómo los cambios climáticos de las estaciones, así como las actividades culturales y sociales asociadas a las diferentes épocas del año, e incluso los acontecimientos personales que nos ocurrieron en el pasado en momentos estacionales muy concretos, tienen efectos en nuestro estado de ánimo e influyen año tras año en nuestro comportamiento.

El calendario emocional

Por ejemplo, si una persona vivió una profunda crisis de pareja que terminó en divorcio en otoño, es probable que el otoño siguiente —y quizá el siguiente, y el siguiente— reviva ciertas emociones que asocie con la estación. También sucede que las personas vinculamos nuestra tristeza con una festividad en concreto, o incluso con un fenómeno meteorológico. Sería el caso de alguien que siente pánico cuando hay tormenta. Es lo que se llama “el calendario emocional”.

Si queremos minimizar los efectos negativos de los cambios estacionales y de nuestros aniversarios personales, a la vez que optimizamos su influencia positiva, lo primero es hacer un trabajo que nos haga ser conscientes de dicho calendario emocional.

Seguimos ligados a los cambios poderosos, aunque más sutiles, de la naturaleza

Los seres humanos nos regimos por agendas de papel, o electrónicas, que marcan nuestros ritmos vitales: el inicio del curso, el año nuevo… Estos calendarios convencionales nos permiten ponernos de acuerdo y funcionar en sociedad. Pero no debemos olvidar que seguimos ligados a los cambios poderosos, aunque más sutiles, de la naturaleza.

Los expertos coinciden en que es interesante abrir espacios de conexión e intimidad con ella. Para hacerlo, Grasselli nos propone distintos rituales ecoterapéuticos que nos ayudan a reconectar con nuestro ritmo biológico y con ese espacio natural casi olvidado, pero en el fondo anhelado. En definitiva, se trata de que volvamos a hacernos amigos de la naturaleza y reconozcamos su papel y su presencia constante en nuestra vida.

Unos nazarenos florecen en la primavera temprana. Unos nazarenos florecen en la primavera temprana. (Peter Komka / EFE)
Práctica

Construye un altar para la primavera

Para conectar con los dones de la primavera debemos invitarla a nuestra casa como lo haríamos con una buena amiga. Busquemos un espacio para ella, que puede ser una estantería, una mesa, un pequeño rincón en el suelo. No importa que el lugar sea pequeño, lo importante es poner belleza, alegría y gratitud en esta invitación. Podemos decidir si abrimos dicho espacio a los demás habitantes e invitados de la casa o si nos lo guardamos para nosotros.

Preaparación

Empieza dando un paseo por la naturaleza. No hace falta irse muy lejos, un parque puede servir. Admira lo que ha brotado y cambiado desde tu última visita a ese lugar, si la recuerdas, y recoge objetos que te atraigan y te gusten. Cuando regreses a casa elige una tela del tamaño de tu altar —el espacio que vas a dedicarle— y también una vela.

Desarrollo

Ya en casa, toma los objetos que has traído de tu paseo (piedras, ramas, hojas, una flor…) y limpia el espacio destinado al altar. Sentado, dedica unos instantes, con los ojos cerrados, a rememorar tu paseo. Visualiza en tu interior el recorrido, lo que te sorprendió y te impactó. Recuerda lo que te animó a escoger cada objeto en concreto. ¿En qué medida expresa la nueva estación? Observa su forma y su textura. Aspira su presencia, aprecia su olor, sus colores, su suavidad o aspereza. Haz esto con cada uno de ellos. Y si alguno no te dice nada, devuélvelo al suelo. Coloca entonces la tela. Deposita allí todo lo recolectado e intenta estar presente en ese momento en el que te haces consciente toda esa belleza. Pon las ramas y las flores, si las recogiste, en un jarrón, rodeado por los otros objetos. Disponlos como te diga tu intuición. Date unos instantes y enciende una vela.

Si te apetece, puedes expresar con palabras sencillas tu intención o tu agradecimiento al construir este altar. ¿Cuáles son las propuestas que te trae la estación? Purificarte, limpiar, abrirte al mundo, reconectar, despertar tu cuerpo, enamorarte… Cambia las flores y las plantas con frecuencia para preservar la vitalidad del espacio, que desde ahora y hasta el fin de la estación será tu punto personal de encuentro con la primavera.

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