Aquí os dejamos 6 puntos claves.

¿España debe ser?

¿Cuánto cuesta (de verdad) la Monarquía?

Es imposible responder con una cifra aproximada, dado que sólo se hace pública una mínima parte del gasto: los millones de euros que la Casa Real maneja de manera autónoma. A esto habría que añadir las partidas asumidas por los ministerios de Presidencia, Defensa, Exteriores, Interior y Hacienda. Por ejemplo, el mantenimiento de la Zarzuela y del Palacio Real lo paga Presidencia, incluida una factura millonaria de luz y los salarios de más de 130 trabajadores. Muchos desembolsos se pueden justificar como necesarios para conservar el patrimonio nacional. Otros no tanto, como por ejemplo la lujosisima cinta de correr que se instaló en el gimnasio real en 2008 y que nos costó unos 14.000 euros.



Tampoco se sabe cuánto cuesta la Guardia Real, integrada por unos 1500 militares y que costea Defensa. Mientras tanto, el ministerio de Hacienda sostiene la flota de coches oficiales, con sus respectivos chóferes. Y Exteriores corre con la factura de los viajes oficiales. Son sólo ejemplos. Pero hay muchos otros gastos relacionados con la Corona que quedan “camuflados”: desde caballos pura sangre hasta cenas de gala, pasando por servicios de jardinería. Si equiparamos con los desembolsos declarados en otros países, y de acuerdo a diversas estimaciones realizadas en los últimos años, la Monarquía podría estar costando entre ocho y doce veces más de la partida “transparentada” en los Presupuestos Generales del Estado.

¿Por qué España es una monarquía parlamentaria?

España es una monarquía desde el siglo XVI, aunque a lo largo de su historia ha tenido altibajos con dos periodos repúblicanos. Explicamos por qué el país mediterráneo es uno de los pocos europeos que mantienen esta forma de Estado.

Al rey de España no le elige el pueblo, sino que es un cargo hereditario que recae en los sucesores de Juan Carlos I de Borbón, familia cuyos orígenes hay que buscarlos en Francia.

¿Por qué España es una monarquía?

España tuvo dos oportunidades para poner punto y final a la tradición histórica de la monarquía como forma de gobierno y, en la actualidad, como forma de Estado. Una fue a finales de siglo XIX, con la proclamación de la I República, tras la expulsión de la reina Isabel II y el fracaso del monarca italiano Amadeo I. La segunda ocasión fue en el periodo 1931-1936 con la II República, momento histórico de gran ilusión, pero que fue cercenado por las fuerzas reaccionarias del país que no se había sabido desactivar: el Ejército, el poder financiero, la Iglesia católica y los políticos de ideología más conservadora.

Tras estos experimentos republicanos, España volvió a adoptar la monarquía como forma de Estado. Aunque algunos historiadores quieren remontar el nacimiento de la monarquía española a los visigodos, e incluso a los íberos y los celtas, este anacronismo no se mantiene. Desde el siglo IX y hasta el siglo XV, España se había dividido en diferentes reinos cristianos, a los que se sumaban los reinos de taifas musulmanes de Al-Andalus (aproximadamente, la actual Andalucía). España no existía como entidad política y ni siquiera como concepto. Con el matrimonio de Isabel I, reina de Castilla, y Fernando II, rey de Aragón, en 1469 se crea el embrión de lo que será la monarquía hispánica.

Ambos reyes, conocidos como “católicos”, y que reinaron en el tramo final del siglo XV, siguieron reinando por separado en sus respectivos reinos, a pesar de sus nupcias. Con ellos no se produjo la unificación política, pero sí la dinástica. Sería su nieto Carlos I, de la rama austriaca de los Habsburgo, tras varias vicisitudes, quien reuniría ambas coronas en su persona y daría inicio a la monarquía hispánica.

Con Carlos I, la monarquía alcanza su mayor extensión geopolítica, ya que el rey hereda los territorios peninsulares, las Islas Canarias, los territorios descubiertos en América y aquellos del Sacro Imperio Romano Germánico que adquirió por vía de su abuelo paterno, el emperador Maximiliano. A Carlos I le suceden otros reyes: Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Con este último rey se produce la ruptura de la rama Habsburgo reinante, ya que no deja descendencia y da pie a la Guerra de Sucesión.

Familia Borbón en la monarquía

Felipe de Anjou, de la familia Borbón, emparentada con la familia reinante en España, será quien se alce con la victoria en esta guerra y reinará como Felipe V, dando inicio a la dinastía Borbón, que es la que sigue en el trono. El inicio del reinado de Felipe V coincide con un momento en el que la sociedad europea y la economía empiezan a sufrir grandes cambios. El capitalismo empieza a desarrollarse en el siglo XVIII gracias a la industrialización y el liberalismo como idea política empieza a extenderse por Europa frente al absolutismo.

Tras Felipe V, los reyes que se sucedieron (Luis I, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, Fernando VII, Isabel II y Alfonso XII) llevaron la monarquía española a su decadencia en imagen ante aquellos a quienes debían gobernar. Al unísono, en Europa se producían las revoluciones que acabarían con las monarquías europeas que quedaban y que implantarían la forma de gobierno republicana. Alfonso XIII es el último rey de la dinastía borbónica hasta la proclamación de la II República en 1931. La guerra civil y la posterior dictadura del general Francisco Franco dejaron el trono vacante hasta la muerte del dictador, cuando se coronó a Juan Carlos I como rey de España. La posterior aprobación de la Constitución de 1978, vigente en la actualidad y refrendada por el pueblo español, alumbró la monarquía constitucional que hoy reina en España. Tras la abdicación de Juan Carlos I, el actual rey es Felipe VI.


VÍDEO DE: https://www.facebook.com/RubenHoodofSpain/ 

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