Llego unos minutos antes que Pepe Colubi a la puerta de La Vanguardia. Lo busco con la mirada entre la gente, no lo veo. Hasta que aparece su inconfundible sonrisa pícara y afable a partes iguales caminando por la Avenida Diagonal. Nos damos un abrazo-beso y me regala dos de sus libros: La tele que me parió y California 83.

Subimos al plató y nos sentamos en el sofá. El día que nos conocimos me sorprendió su estatura -en persona es más alto que en la tele- y sus buenos modales. Poco tiene de ese ”guarro” que explica chistes onanistas en el programa de Movistar +, Ilustres ignorantes.

Pepe Colubi

lo cordialmente cerdo es muy atractivo”

”El ‘guarrismo’ se ve como algo peyorativo, pero lo cierto es que lo cordialmente cerdo es muy atractivo. Toda persona cabal está habitada por un cerdo o por una cerda. Fantasear con lo guarro es la mayor fuente de placer que nos han dado de manera totalmente libre y nosotros la hemos moldeado hasta el tabú. Una vez me dijeron ‘es que tú dices con naturalidad lo que todos pensamos’. Y es que se puede decir ‘polla’ y ‘coño’ sin que se hunda el mundo”.

Pepe Colubi hace muchas cosas (humorista, periodista, guionista, discjockey…), pero él dice que es, ante todo, escritor. Sus ocho o nueve libros -ni siquiera él lo sabe- lo atestiguan. ”Como humorista, me cuesta reconocerme, porque trabajo en un programa como Ilustres Ignorantes, rodeado de humoristas; si me llamo a mí mismo humorista me siento un oportunista. Uso más la coña y el sarcasmo en un ambiente adecuado, es muy largo para una tarjeta, pero es así. En realidad, lo que soy es un disperso”.

Cuando su madre murió, Colubi decidió colocar una chapa de Enjuto Mojamuto, el personaje de cómic de Muchachada Nui sobre su ataúd. “Fue muy gracioso ver cómo la gente se acercaba a presentar sus respetos y cambiaba la cara al encontrarse con esa chapa. Al drama se le permite cualquier tipo de homenaje, cursilería… ¿Por qué no el humor? El humor es un acto comunicativo y no es distinto al drama o a la información, forma parte del acto de comunicación. El límite del humor debería ser un buen chiste”.

El éxito de Ilustres Ignorantes se basa en la improvisación

En la trayectoria desde 2008 de Ilustres ignorantes, donde Pepe Colubi comparte mesa con Javier Cansado y Javier Coronas, además de dos invitados nuevos cada día.Han hablado de todos los temas sin cortapisas. “La gracia de este programa es que casi todo es improvisado, no hay ensayos ni sabemos qué va a decir el otro. Solo sabemos dos de las preguntas que se formulan. Si uno la caga, está el resto para apoyarlo. El buen rollo que se transmite en la pantalla es de verdad. Los ensayos, en todos los órdenes de la vida, erosionan”.

En cuanto al onanismo, su tema recurrente en Ilustres, dice que es un tabú y no debería serlo: “no hay nada como esas bromas alrededor de la masturbación”.

Pepe Colubi no es solo fiel al humor, sino al teléfono móvil de toda la vida. Saca de su bolsillo un modelo Nokia de hace “mil” años: “Nunca llegué a dar el salto al smartphone, durante años fue por pura pereza, por aversión a lo táctil- qué paradoja- pero ahora es por convencimiento. En mi entorno veo tal cantidad de malentendidos por culpa del WhatsApp que me niego a entrar.

Yo controlo las redes sociales desde el ordenador. Me gusta Twitter pero no quiero llevarlo encima. Cuando viajo, prefiero leer o pensar ideas para el programa. Aunque no tengo nada en contra de las pantallas, hay que usarlas con cierta distancia”.

Para acabar la entrevista, le paso las preguntas que previamente me han dejado para él cuatro de sus amigos humoristas: Raul Cimas, Nacho Vigalondo, Ernesto Sevilla y Dani Mateo: “¿Por qué tienes las piernas tan delgadas?”; “¿Cómo gestionas en casa todos los pañuelos que usas?”; “¿A qué presentador español le darías una hostia?”; “Cuéntanos la anécdota en aquel concierto de Rocío Jurado”.

“La hostia se la daría a Ernesto en plan La que se avecina, y también a Albert Rivera, con una de esas tartas, pero que tenga una costra dura de nata quemada, para que le impacte bien en su cara dura; lo de la Jurado… año 1996, concierto en la Plaza de la Catedral de Oviedo, fue uno de los momentos más plenos y gozosos de mi vida. Yo iba a hacer una crónica para un periódico y solo yo estaba en el foso. Me asomé en el escenario para ver mejor el concierto y en ese momento la Jurado me vio iluminado por los focos, me hizo contacto visual y aprovechó la canción, me señaló y avanzó hacia mí cantando a pleno pulmón hasta donde yo estaba, puso una rodilla en tierra y me dedicó el final de la canción. Yo solo fui capaz de gritarle: ‘¡Guapa!’”.

Para saber la respuesta a las otras dos preguntas, mejor dale al play, querido lector, que, aunque todos las pensemos, hay cosas muy cerdas que solo Pepe Colubi se atreve a decir y nadie dice como él.

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