Ana Pastor, el ojo que todo lo ve en el Congreso, volvió a erigirse en la estrella de la gala anual de la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP). La presidenta de la Cámara Baja arrancó carcajadas y aplausos por doquier con su particular visión de lo que ocurre dentro del hemiciclo, pero también fuera de él, sin perder detalle de lo que sus señorías cuentan y comparten a través de las redes sociales, con especial mención al “cocido de Errejón”. Cual profesora que educa a sus alumnos durante la clase, Pastor se despachó a gusto, a diestro y siniestro, relatando con un ‘retranqueiro’ humor ‘made in Pontevedra’ lo que no siempre logran captar ni las cámaras ni los periodistas desde la tribuna.

[Consulta aquí la lista de premiados por la APP este 2017]

Aunque calle, quedó claro que nadie engaña a la presidenta del Congreso. Mucho menos los suyos. Ni siquiera el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que se muestra despistado para evitar intervenir en un segundo turno de respuesta: “Cuando digo señor presidente, mira para el otro lado. Y yo: ‘¡Señor presidente!’. Él mira hacia el otro lado. Y yo: ‘¡Señor presidente, que es tu vez, señor presidente!”. Ella, gran amiga del jefe del Ejecutivo, le describió como “un tipo normal, con sentido común, oportuno y conveniente”. O sea, utilizando sus “palabras favoritas”.

Imagínense el Congreso, pasa Rivera y habla menos de 10 minutos. ¿Qué piensan? Que no era Rivera. Si Iglesias ve un micrófono y no se para es que no era Iglesias

Su monólogo [puedes escucharlo aquí], el broche de la gala, recaló en referencias al portavoz de los nacionalistas vascos, quien había dejado su tractor “y ha recibido un premio que se llama el Cupo”, a quienes se sientan con los pies sobre el escaño (Lucía Martín, de En Comú Podem), al ‘lifting’ de Albert Rivera, que al contrario que el resto de sus señorías siempre llega a los plenos “resplandeciente”, o al socialista Pedro Saura, que ya ha dejado aparcada su obsesión contra la amnistía fiscal. También dio un repaso a los ministros. A Luis de Guindos, que “qué felicidad” porque presenta los proyectos de ley en cinco minutos. A Cristóbal Montoro, porque, “vaya por Dios“, necesita una horita.

El juego de las sillas dentro de los grupos parlamentarios, derivado de las luchas internas de poder en los partidos, tampoco quedó al margen. Ni las cábalas: “Imagínense el pasillo del Congreso, pasa Rivera y habla menos de diez minutos. ¿Qué piensan? Pues que no era Rivera. Si Pablo Iglesias ve un micrófono y no se para es que no era Pablo Iglesias”. También se mofó del palestino que suele llevar el diputado de Unidos Podemos Rafa Mayoral. “Lave el pañuelo”, le pidió, entre las carcajadas de las casi 400 personas que llenaban el salón principal del hotel Palace de Madrid, a dos pasos del Congreso. “Hay para todos“, había advertido previamente, también para ella: “Ya no soy la presidenta del Congreso: soy la amiga de Santi Vila”, reconocía en referencia a su amistad con el ‘exconseller’, subrayada por los medios.

La campaña del 21-D mermó este año la presencia de diputados, aunque en el caso de ERC fue motivaba por la permanencia en prisión de dirigentes independentistas. Del PDeCAT sí hubo representación. ¿Una señal de la división del bloque independentista y de lo que está por venir tras la cita con las urnas en Cataluña? En la barra libre, la transversalidad acabó imponiéndose con un mestizaje y reconciliaciones propias de la Navidad… y las copas. Un diputado de los populares, en cambio, se fue sigiloso antes del turno del baile para “echar un ‘Call of Duty’ antes de dormir”.

El PNV hizo pleno: tres nominaciones, tres premios. El PSOE se llevó otros tres galardones, y el PP y Podemos, dos cada uno. Cs se fue de vacío

¿Y los premiados? Pues el PNV hizo pleno total (tres nominaciones, a mejor orador, que es siempre la joya de la gala y que se llevó Aitor Esteban; a senador del año, Jokin Bildarratz, su portavoz en la Cámara Alta, y a parlamentario más activo, el diputado Mikel Legarda), el PSOE no salió mal parado (otros tres premios: a mejor relación con la prensa, Margarita Robles; a parlamentario 2.0, Odón Elorza, y a diputado revelación, José Luis Ábalos, que arrasó sobre todo por sus buenos oficios con los medios). El PP se hizo con otras dos estatuillas (azote de la oposición, para Mariano Rajoy, y eurodiputado del año, para Esteban González Pons), y Unidos Podemos, con otras dos (azote del Gobierno, para Irene Montero, y senador revelación, para Óscar Guardingo). ERC se quedó con el castigo para la prensa, y fue a parar a Gabriel Rufián, que como sus compañeros no estuvo. La número dos del PSOE, Adriana Lastra, que compartía categoría, esquivó el premio limón de la gala.

La pregunta del millón se la adjudicó el senador de Compromís Carles Mulet y su “apocalipsis zombi”. ¿Y Ciudadanos? Pues se fue totalmente de vacío. Cuatro nominaciones, dos de ellas para su líder, y nada de nada. Los periodistas no compensan a la formación naranja. Lo mismo ocurrió el año pasado. Conclusión: mosqueo de los dirigentes de Cs. Nunca llueve a gusto de todos. Pero como les dijo un informador al acabar la gala: es democracia y no hay más.

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