Paga el más listo

No voy a llevar la contraria al Wunderkind del laboratorio de la conducta de Harvard, pero he visto culturas en las que el más listo invita y otras en las que el más espabilado es quien se va al lavabo cuando le tocaba pagar las cañas. En cualquier caso, resulta esclarecedor que Norton haya demostrado empíricamente que obtiene más bienestar por su dinero quien convida a otros que quien tacañea para después comprarse alguna cosa. No se trata de una constatación filantrópica, porque obtienes más satisfacción si ves la cara de quien recibe tu dinero, sino la consecuencia evolutiva de que nuestra especie haya progresado no por ser egoísta, sino por compartir, que es lo que aún hacen los más inteligentes para vivir mejor.

¿Gastamos más en lo que más satisfacción nos da?

Somos muy ineficientes transformando nuestro dinero en bienestar. ¿En qué cree que gastamos más?

¿En lo que nos apetece?

La mayoría de los humanos, en efecto, gastamos la mayor parte de nuestro dinero en comprarnos cosas que nos gustan.

¿No era esa la definición de compra?

No exactamente, pero sí es la causa de que obtengamos tan poca satisfacción por nuestro dinero, porque adquirimos productos para satisfacer nuestros deseos que, una vez satisfechas nuestras necesidades reales, apenas nos generan bienestar duradero.

¿Me asegura que si doy dinero a una oenegé me sentiré mejor que si voy de copas?

Dar dinero a una oenegé no le hará sentirse mejor, sino sólo más filantrópico, y para muchas personas ese sentimiento no justifica el esfuerzo que realizaron ganando el dinero.

¿Las copas no aseguran más bienestar?

Comprarse alcohol o zapatos o un coche le hará sentirse bien, pero poco tiempo. Después, cada par de nuevos zapatos le reportará menos satisfacción por el mismo dinero.

No conoce usted a mi cuñada.

Conozco los hábitos de consumo de millones de personas en muchos países y dirijo un laboratorio de conducta que hace experimentos sobre cómo gastamos nuestro dinero.

Rockefeller me dijo que podía comprarse muchos coches, pero sólo tenía un culo.

Es la ley del beneficio marginal decreciente y hay que complementarla con la observación empírica de que todas las culturas humanas asocian dar a bienestar.

¿Por qué somos egoístas gastando?

Porque ya instintivamente sabemos que comprándonos cosas para nosotros mismos obtenemos una gratificación inmediata, pero sólo un profundo autoconocimiento nos permite descubrir que sólo obtienes bienestar duradero compartiendo lo que tienes.

¿Hace usted un alegato por la caridad?

Yo hago ciencia. Es una constatación empírica y, además, se obtiene más satisfacción comprando para otros cuando ves la cara de la persona a la que le das lo que has comprado.

¿Cómo lo constata?

Hemos dado dinero a personas a las que obligábamos a gastarlo: a veces, en ellos mismos, y a veces, en otros. Se quejaban, pero después, al puntuar su satisfacción, puntuaban como más gratificante el dinero gastado en los demás que el que se gastaban en sí mismos.

¿Quiénes eran los demás? ¿Familia, amigos, conocidos o desconocidos?

No es tan importante la relación con la persona a la que das algo como que seas capaz de ver que tu dinero le ha generado bienestar, porque ese bienestar de otros que tú eres capaz de conseguir es el que genera el tuyo.

¿Da más satisfacción gastar en algo importante para el receptor?

Genera tanto bienestar proporcionarle un capricho como un medicamento. Lo importante es que gastes tu dinero en alguien que no eres tú y que te permita ver el efecto que produce.

¿Produce la misma satisfacción dar un millón de euros que diez céntimos?

La cantidad no es tan importante como el hecho de comprar para otro. A algunos equipos deportivos les hemos gratificado con cantidades pequeñas que luego invertíamos en darlas a niños necesitados que conocían, y así aumentaron su rendimiento más que otros equipos a los que simplemente incentivábamos con más dinero. Lo mismo pasa en las empresas.

¿Cómo miden el bienestar de cada uno?

Pues pidiéndoles que lo gradúen en una escala del 1 al 10. Además, tenemos estudios complementarios sobre sus expresiones faciales cuando describen sus niveles de gratificación.

¿Eso no es muy subjetivo?

Desde luego, es una medida subjetiva, pero lo importante más que la exactitud de la gradación es la tendencia. Y vamos demostrando año tras año que nuestras mediciones son consistentes y coinciden con experimentos hechos por otros equipos en otras culturas.

Ponga a la familia en esa ecuación.

Somos más generosos con la familia, porque nos ofrece una forma más fácil de poder dar y observar al receptor de nuestro donativo.

¿Nos genera más bienestar ser más generosos con los de nuestra propia genética?

No creo que sea determinante. Lo que observamos es que lo esencial es que des y no tanto a quién des.

Haz el bien y no mires a quién.

Refranes similares se repiten en todas las lenguas y culturas, y supongo que es porque definen un rasgo de la especie humana.

¿Por qué nos cuesta darnos cuenta de lo barato que sale regalar de uno en uno?

Porque es más fácil intuir la gratificación inmediata, pero todas las culturas son conscientes de que, una vez superado el instinto egoísta inicial en una compra, gastar el dinero en otros a quienes puedes ver es más satisfactorio.

Estoy viendo a nuestros ancestros primates repartiéndose la caza y las frutas.

Sin duda, somos producto de la evolución.

¿Ahorrar también es más satisfactorio cuando acumulas para otros?

Sólo es un modo de diferir esa gratificación mayor cuando es para otro que cuando sólo es para ti.

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