Existen muchos estereotipos negativos asociados a la inmigración. Uno de los más persistentes es el que vincula la inmigración y la inseguridad. Pues bien, es fácil desmentir una de las implicaciones de este presupuesto: los hijos de los inmigrantes suelen tener un comportamiento menos problemático que los hijos de los autóctonos.

Los criminólogos y los sociólogos de la inmigración en diversos países han comprobado desde hace tiempo la existencia de un hecho aparentemente paradójico: el hecho de que los inmigrantes (y sus hijos) tienen un comportamiento menos problemático que el de los hijos de los autóctonos con los que son comparables (ver aquí).  Sería estupendo comprobar que también es el caso en España para dar más garantías a los agoreros. Sin embargo, como ya venimos denunciando en este blog, un país en el que tanto se gasta tanto en encuestas pre y post electorales carece de infraestructuras estadísticas que nos permitan hacerlo. Como siempre, Europa nos da algunas soluciones.

El estudio CILS4EU es uno de los mejores para el estudio del comportamiento de los adolescentes con origen en la inmigración en cuatro países europeos: Alemania, Inglaterra, los Países Bajos y Suecia. Se trata de una muestra de algo menos de veinte mil menores nacidos entre 1994 y 1996. El cuestionario preguntó a estos adolescentes la frecuencia con la que tenían comportamientos que podríamos calificar de no deseables. Entre otros robar, llevar navajas o cualquier otra arma, la frecuencia con la que se emborrachaban, fumaban o consumían drogas o con la que dañaban objetos de otras personas intencionadamente. En pocas palabras: no existe una sola dimensión en la que los hijos de los inmigrantes tengan una mayor inclinación por comportarse de alguna de estas maneras los hijos de los autóctonos.

Figura 1. Comportamiento de los hijos de inmigrantes y autóctonos en aspectos seleccionados.

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Fuente: Porcentajes ponderados obtenidos a partir de la muestra completa CILS4EU

La posición de los hijos de padres migrantes y autóctonos es prácticamente idéntica en todos estos comportamientos con la excepción del consumo de alcohol y tabaco algo que, en parte, está relacionado con el peso de la inmigración musulmana.

Con las respuestas dadas a todas estas preguntas, podemos hacer un índice de comportamiento deseable y explorar cómo de diferentes son los hijos de los autóctonos y los inmigrantes en esta dimensión. Esto es lo que se ve en la Figura 2, que además presenta comparaciones más razonables al descontar el hecho de que los padres de origen inmigrante suelen tener un perfil ocupacional y educativo más bajo que el de los autóctonos. En los cuatro países, los comportamientos deseables son más frecuentes entre los hijos de los inmigrantes que entre los de los autóctonos.

Figura 2. Puntuaciones medias en el índice de comportamiento deseable para los hijos de padres autóctonos e inmigrantes en cuatro países europeos.

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Fuente: estimación propia a partir de los datos de CILS4EU. Resultados obtenidos de una modelo que controla por educación de los padres, ocupación y sexo. El percentil 10 de la dimensión de comportamiento pro-social corresponde con el valor -1.25 y el 90 con el 0.6.

 

Como era de esperar, sociólogos y criminólogos llevan tiempo intentando identificar las razones de este comportamiento. Paradójicamente una de las explicaciones más comunes es el hecho de que los entornos de alta concentración de inmigrantes favorecen el control parental y, a su vez, previenen la adopción de comportamientos desviados por parte de sus hijos (ver aquí).

Es conveniente desdramatizar las diferencias que la condición de haber nacido en un hogar inmigrante impone en el comportamiento de los menores. En ciertas circunstancias, incluso podría representar una ventaja.

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