Lo dijo Donald Trump el pasado 3 de abril, al día siguiente de hablar con el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, y después de haber afirmado un par de veces que quería retirar a los 2.000 soldados que tiene en Siria: “Arabia Saudí está muy interesada en nuestra decisión y yo dije: Bueno, ¿quieren que nos quedemos? Quizás van a tener que pagar”.

Pues bien, The Wall Street Journal ha especulado con la idea, citando a altos funcionarios de Washington, de “una fuerza árabe para reemplazar al contingente militar de EE.UU. en Siria y ayudar a estabilizar la parte nordeste del país tras la derrota del Estado Islámico”. La idea habría partido del nuevo consejero de Seguridad Nacional de Trump, el superhalcón John Bolton, quien habría tratado de implicar no solo a Arabia Saudí y su aliado habitual, los Emiratos Árabes Unidos, sino también a Egipto.

Sin embargo, el ministro de Exteriores saudí, Adel al Jubeir, le ha echado enseguida agua al vino y se ha limitado a decir que hay conversaciones con Washington para, según los términos en que lo ha presentado el diario Asharq al Awsat, “compartir el coste financiero de su implicación con sus aliados en una coalición amplia en Siria”.

El ministro de Exteriores saudí, Adel al Jubeir, durante una conferencia de prensa en la cumbre de la Liga Árabe en Dhahran (Arabia Saudí), el 15 de abril El ministro de Exteriores saudí, Adel al Jubeir, durante una conferencia de prensa en la cumbre de la Liga Árabe en Dhahran (Arabia Saudí), el 15 de abril (Amr Nabil / AP)

Al Jubeir ha recordado que la idea de enviar tropas a Siria “no es nueva”, ya fue discutida con Barack Obama en el 2016 y acabó en nada. Confirmando que se ha hablado ahora con la Administración Trump, el ministro ha dado cuerpo a la especulación. Pero no es lo mismo poner dinero para pagar el trabajo de otros que poner soldados propios pie a tierra, porque las implicaciones son muy serias.

Las fuerzas norteamericanas, hay que recordar, están esparcidas en una decena de bases en el Kurdistán sirio y se encuentran allí en apoyo de las milicias kurdas YPG, que constituyeron la fuerza de choque contra el Estado Islámico para expulsarlo de la ciudad de Raqqa y su provincia. Las YPG son el componente mayor de las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) junto a milicias árabes suníes y cristianas.

¿Acaso John Bolton quiere poner en orden de combate a saudíes e iraníes en Siria?

Dicho esto, cabe considerar qué es lo que los funcionarios de Washington llaman “estabilizar”.

No está para nada claro hasta qué punto la población de este territorio estaría dispuesta a aceptar permanecer, y ppor cuánto tiempo, bajo un régimen autónomo kurdo que, para su carácter conservador, podría ser demasiado revolucionario. Este sería un argumento para validar la sustitución del contigente norteamericano por uno árabe.

Por otro lado, habría que ver también hasta qué punto los kurdos aceptarían una fuerza multinacional árabe en el territorio que ellos reivindican y que llaman Rojava.

Y más: desplegar tropas árabes suníes sería colocarlas nada menos que frente a las milicias chiíes movilizadas por Irán y los propios militares iraníes, que son la fuerza principal con que cuenta el Gobierno de Bashar el Asad y que cubren un amplio espacio en el resto del país. ¿Acaso John Bolton quiere poner en orden de combate a saudes e iraníes para acabar de destruir Siria? ¿Está deseando el príncipe Mohamed bin Salman semejante cosa? Tanto Al Yazira como el diario The Guardian citan, por cierto, expertos civiles y militares que dudan de las capacidades de una fuerza saudí. Pero, aun en este caso, ¿estaría también Egipto, en tan buenas relaciones con Rusia, dispuesto a participar en la aventura?

Otro plan inquietante es del Erik Prince, fundador de Blackwater y hermano de la secretaria de Educación: enviar tropas mercenarias

El Wall Street Journal apunta otra posibilidad, no menos inquietante: tropas mercenarias organizadas por el mismísimo Erik Prince, el hombre que fundó la más que polémica agencia Blackwater, de infausta memoria en Irak. Prince, que es hermano de la ultraconservadora secretaria de Educación de Trump, Betsy de Vos, lleva mucho tiempo intentando sin éxito vender sus proyectos: primero fue un sistema privado de control de fronteras en Libia (que los europeos rechazaron) y luego, la privatización de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, idea que fue desestimada por el Pentágono y que ahora trata de revivir en Siria. Prince vive en los Emiratos y tuvo que ver con el envío de unos cuantos aviones emiratíes de lucha contrainsurgencia al general libio Jalifa Hafter.

Sin embargo, esas tropas mercenarias tienen que responder ante alguien. ¿Quién? ¿Una coalición multinacional? ¿No sería lo mismo que repetir el experimento del apoyo a los rebeldes sirios que se acabó convirtiendo en una erupción yihadista, pero esta vez invirtiendo más dinero para que ésta no se reproduzca?

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