Oriol Junqueras escribió en una carta a la que ha tenido acceso La Vanguardia sus reflexiones sobre humanismo y los valores que deben impulsar la acción política hoy y en las generaciones futuras. El líder de ERC, encarcelado desde el pasado 2 de noviembre, escribió el día 26 de ese mismo mes, un domingo por la tarde, sobre ello usando las vistas desde su ventana en la prisión de Estremera y haciendo un recorrido que va desde Cervantes hasta Lorca, pasando por el príncipe humanista y su Elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam, sin olvidarse de parafrasear a Machado, el poeta más joven de la Generación del 98.

Aquí, el contenido íntegro de la carta:

Tarde-noche del domingo 26 de noviembre

Una ventana a la Mancha

Más allá de las cimas que contemplamos desde la ventana de la celda número 1 del módulo 7 de la prisión de Estremera se extienden las tierras manchegas, donde había un pueblo “de cuyo nombre” Cervantes no quiso acordarse, “en una época en la que el vicio triunfaba sobre la virtud”.

Quizá, una de las muchas maneras de interpretar esta obra universal es constatar que no es posible concebir un amor verdadero si no está absolutamente desvinculado del interés. Tal es así que todas las empresas del Quijote están inspiradas por la insobornable decisión de servir a los ideales con entusiasme y de manera gratuita ante la incomprensión material inmediata.

El caballero cervantino afirma que “la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”. Y precisamente es en el amor y en la confianza, en la verdad, donde encuentra el coraje necesario para afrontar todas las aventuras.

Más de tres siglos después, en las tierras andaluzas que encontraríamos más al sur, si nuestra mirada desde la celda de Estremera se convirtiera en un caminante “que hace camino al andar”, García Lorca reivindicará que el genio creativo nace de la tierra e inunda al poeta, subiendo desde las plantas de sus pies. De hecho, probablemente, Lorca está tan ligado a Granada como el personaje de Cervantes a la Mancha. Y ambos autores tan universales como Erasmo, también hacen su propio ‘Elogio de la locura’, en el sentido que la mejor manera de servir a los otro es sirviendo en el amor, la verdad, el esfuerzo, el rigor… Cualidades y actitudes que a menudo son calificadas de locura por aquellos que quieren garantizar sus privilegios.

Quizá por ello, en 1934, hablando de Neruda, Lorca aconsejaba a un grupo de universitarios de Madrid que escuchasen “con atención a este grande poeta (…) y ojalá sirva para alimentar este grano de locura que llevamos dentro (…) y si cual es imprudente vivir”.

De hecho, es el esfuerzo ante las dificultades lo que nos justifica como humanos que hacen todo lo posible por el bienestar y la dignidad de las demás personas.

Y cada uno de nuestros gestos, en este sentido, es una semilla que producirá infinidad de frutos para las futuras generaciones. Cada gesto de respeto hacia los otros consolida la siempre larga transición de ‘feritas’ a ‘humanitas’. En definitiva, nos hace más humanos.

Y nosotros no dejaremos de querer el camino que hace cada vez más humana a la humanidad. Eso es lo que siempre ha enseñado la universidad; lo que siempre defiendo desde la dedicación política; lo que quiero que las nuevas generaciones realicen… porque si no es por hacer eso, cualquier otra cosa no vale nada.

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