Si ya es difícil consensuar los atributos de una película navideña, lo contrario es aún peor. El año pasado nos reunimos alrededor de un fuego hogareño para decidir qué es lo que nos llenaba el corazón de júbilo y de paciencia para aguantar las veladas familiares. No llegamos a un acuerdo, como quedó demostrado en nuestra lista.

Pero esta vez hemos querido rendir homenaje a aquellos Grinch y Scrooge que todos tenemos cerca (o dentro) y sienten naúseas con el olor a jengibre, los villancicos y esa irritante alegría que todo lo contagia. El resultado son siete películas y una bola extra que, si bien nos recuerdan a la Navidad, esquivan los topicazos de esta época del año.

Hay historias de amor lésbico, el terror psicológico que no encaja en Halloween, algo obligatorio de Bill Murray e incluso una reunión con el Anticristo. Estas son las que nosotros quisimos; ahora compartan las suyas en los comentarios y dejen que el odio a la Navidad haga su función.

Mónica Zas: Carol (Todd Haynes, 2015)

La virtud de Carol es su ambivalencia. Serviría tanto para una lista clásica de estética navideña como para los que huyen de los universos de bola de nieve. ¿Quién quiere a Dickens teniendo a Patricia Highsmith? El guion de esta fantástica historia de amor entre dos mujeres estuvo oculto en un cajón de Hollywood durante cincuenta años por su temática lésbica. Los señores de la industria decidieron reducir una vez más la pasión femenina a una etiqueta pornográfica y, como tal, la censuraron.

Cuando Todd Haynes lo recuperó, supo mantener el tono rompedor de la novela El precio de la sal de Highsmith, de 1951, y a la vez explotar la libertad sexual del cine actual ( aunque la película fue prohibida en varios países y EEUU vetó algún cartel). Basta con ver a Rooney Mara en el papel de Teresa con su gorro rojo de borla blanca, o a Cate Blanchet como la opulenta Carol envuelta en sus pieles, para entender que los mejores romances del cine suceden en invierno (por no decir en Navidad). 

Carol

Lorenzo Ayuso: Kiss Kiss Bang Bang (Shane Black, 2005)

Desde que el voluble Martin Riggs desmontara el próspero negocio de la nieve en polvo al comienzo de Arma letal, la Navidad se ha mantenido perenne en el universo pulp de Shane Black.

Decía el guionista del millón de dólares que su obsesión por esta época del año obedecía al poder introspectivo, casi sanador, que estas fechas despiertan en nosotros. A la oportunidad de velar una noche de paz con uno mismo, de encontrar un destello mágico, cual estrella de Oriente, en el lugar más insospechado. Incluso el más cínico habitante en la lúbrica ciudad de Los Ángeles puede hurgarse en busca del Jimmy Stewart que dormita en su interior y hacer por una vez lo correcto. Ya saben, lo cortés no quita lo valiente. Que lo capriano no reprima lo violento.

Eso procura Harry Lockhart, ilusionista frustrado, ratero incapaz, actor por accidente e investigador improvisado en Kiss Kiss Bang Bang. La Navidad está también en el debut de Black como realizador, caracterizando a unos tipos con, a priori, tan poco espíritu festivo como este incorporado por un Robert Downey Jr. quien, como su personaje, aún deambulaba por Hollywood en busca de redención. Actor y director consiguieron ser aceptados en la mesa de Nochebuena y ahora les toca a ustedes reservarles una silla en la suya para disfrutar de esta película.

Kiss kiss bang bang

David Sarabia: Funny Games U.S (Michael Haneke, 2008)

“-¿Cómo has entrado? -Por ahí abajo. Digo… Por el agua”. Es una de las primeras frases que cruza Ann (Naomi Watts) con Paul (Michael Pitt) cuando este se cuela en su casa para pedirle huevos. Las intenciones, a priori inofensivas, en realidad esconden un elaborado plan para torturarla a ella y a su familia durante un día entero, noche incluida.

Calificada por la crítica como película de culto y considerada por muchos como una de las grandes obras de Michael Haneke, esta Funny Games es un remake de una cinta homónima del idéntico director estrenada allá por 1997. El austriaco primero grabó una Funny Games mucho más oscura y perversa de lo que sería después la versión estadounidense. Un perfecto thriller que degustar en cualquier época del año (faltaría más) pero que gana enteros conforme se acerca la Navidad y el frío. Uno tan calentito en el sofá y Naomi Watts con una soga al cuello…

José Antonio Luna: El resplandor (Stanley Kubrick, 1980)

Por muchas veces que lo hayamos visitado, nunca es mal momento para volver al hotel Overlook. En él encontramos nieve y conversaciones familiares, pero no veremos a Santa Claus por ningún lado. Desde el primer minuto, con sus ya reconocidos planos aéreos acompañados de música sobrecogedora, el director nos deja claro que aquel diminuto automóvil no se desplaza hacia un lugar de ensueño.

Y es que el Kubrick neurótico y obsesionado por los detalles alcanza su máximo esplendor en un largometraje donde, como refleja su making of, los actores estuvieron sometidos a constantes presiones para reflejar el verdadero rostro del horror. Los colores y las formas de las alfombras, las famosas gemelas, el Red rum de Danny… son muchas las referencias que convierten a esta película en objeto de obligado visionado y revisionado. Incluso si es Navidad.

El Resplandor

Mina López: El día de la Bestia (Álex de la Iglesia, 1995)

Lo más cercano al tradicional cordero de la cena de Nochebuena que sale en El día de la Bestia es la cabra demoníaca (y lisérgica) que aparece ante los tres protagonistas. Su entrada en escena es el preludio de una de las secuencias que ya es un clásico del cine español: la de el paseo que Álex Angulo y sus compinches se dan por el cartel de Schweppes que ilumina la Gran Vía madrileña.

Álex de la Iglesia da la vuelta al tema que hace que el 24 de diciembre sea una fecha “señalada” para los católicos: ese año la llegada del Apocalipsis liderado por Satán eclipsará el cumpleaños de Cristo. La película fue un gran éxito puede que no solo por su calidad, ya que para muchos el advenimiento del demonio es similar a sentarse en la mesa con su familia. Sentirse identificado siempre suma puntos.

El día de la bestia

Vanesa Rodríguez: Los fantasmas atacan al jefe (Richard Donner, 1988)

Un cuento de Navidad es el relato que trata de redimir a todos aquellos que llevamos un pequeño Scrooge dentro, ese que nos hace mascullar constantemente cada vez que se acercan estas fechas tan entrañables. Los fantasmas atacan al jefe no es otra cosa que una versión ochentera de esta historia de Dickens en clave de comedia con el gran Bill Murray como protagonista. En esta sátira dirigida por Richar Donner, un despiadado directivo de televisión recibirá tres visitas antes de que la nochebuena llegue a su fin.

Vamos a ser sinceros: no es un peliculón, y como la Navidad, o la detestas o te encanta. Pero si eres ‘billmurriano’ quizá te haga pasar un buen rato y reflexionar sobre lo importante y lo accesorio. 

Rubén Lardín: Navidades negras (Bob Clark, 1974)

Una propuesta poco arriesgada, ya que se trata del clásico de terror navideño por antonomasia. Navidades negras tiene su lugar en la historia del cine de serie bé porque prefiguró algunas de las constantes de lo que más tarde se llamarían slasher movies, esas películas donde mocedades de buena genética se dejaban asesinar en ofrenda estética y fila india.

Por lo demás, lo que ofrece es una trama de acoso telefónico con psicópata enajenado, estudiante desaparecida y John Saxon haciendo el poli de despacho, pero acaba siendo una película recogida y lúgubre, con su ornato navideño, su densidad atmosférica y mecida por esa dulce marejadilla narrativa tan de su época, previa a los perniciosos manuales de guion.

Black Christmas

Bola extra: una serie

José Antonio Luna: Episodio White Christmas, de Black Mirror

Es la agridulce postal de Navidad de Charlie Brooker. A través de una historia donde vemos a Don Draper haciendo de Don Draper (como consejero de citas), el capítulo nos sitúa en un futuro no muy lejano donde la tecnología ha cambiado nuestra forma de relacionarnos. Pero como siempre ocurre en Black Mirror, no todo es lo que parece, y lo que comienza como una ventaja acaba escondiendo terribles consecuencias.

¿Qué pasaría si pudieras bloquear a alguien como haces en Facebook? Para hacerlo, sería tan fácil como utilizar el dispositivo Z-Eye y transformar a nuestro enemigo en una gran mancha gris. Y aunque hablamos del episodio de una serie, a efectos prácticos bien podría tratarse de un largometraje: son 73 minutos donde los polvorones y los villancicos no son tan agradables como parecen.

Black Mirror

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