Los límites los pone el público y no se pueden elegir. Así lo explica Manu, que acaba de cerrar su ventanilla “después de un día agotador. No me podía ni levantar para ir al baño. Pero no pasa nada porque esas son las reglas de juego en el mes de diciembre en una administración de loterías. Me atrevería a decir que, excepto a primera hora de la mañana o de la tarde, a todas horas hay público”.

De ahí que la concentración no pueda fallar, “porque sino luego vienen los disgustos a la hora de contar la caja” que en estos meses puede sumar por encima de los 10.000, 12.000 o 15.000 euros en un solo puesto. “Hemos pedido más terminales a Loterías pero no se dan”, añade Manu.

Este lotero lleva más de dos años en la misma administración, en un barrio céntrico de Madrid “donde no sólo se trata del público al que atiendes. En nuestro caso también hay venta que se hace por Internet o por teléfono y que ocupa mucho tiempo. No es un trabajo que pueda fotografiarse como las colas ni que parezca tan estresante pero es una tarea muy mecánica en el que tampoco puedes perder la concentración”.

Son las características que se repiten cada mes de diciembre y en el que siempre se cuadran cuentas. “Las ventas se doblan, se triplican… No sabría ni decirlo”, explica Manu. “Es más, si usted hubiese venido el sábado le aseguro que las colas salen a la calle y hasta pueden dar la vuelta a la calle”.

“En las Administraciones pasamos la época de la crisis y se notó muy poco. ¿Qué negocio puede decir esto? ¿cuántos?”

Y eso que no estamos en la administración del ‘El Gato negro’ en Barcelona, en la de ‘Ormaechea’ en Bilbao ni en la de ‘Doña Manolita’ en Madrid, donde un día de 1904 aquella inolvidable mujer, que fue una adelantada de su época, puso en práctica este negocio en el que los sueños siempre juegan al azar.

“Por eso también tiene su parte agradecida atender a este tipo de público. No es una obligación como la de renovar el DNI o el carnet de conducir, sino que es algo que forma parte de la tradición de la Navidad como la cena de Nochebuena o los regalos de Reyes”, vuelve a explicar Manu, que se niega a comparar su trabajo “con la cajera de un supermercado o la burocracia de una ventanilla de la administración pública”.

“En realidad, esto es un juego en el que tratas con aspiraciones de la gente. Es como el que echa la solicitud para concursar en Pasapalabra. No tienes obligación de hacerlo, pero el hecho de hacerlo te recuerda esa pequeñísima posibilidad de que ese trámite te pueda cambiar la vida”, relata el lotero.

Esta fue una de las razones por las que hace diez años Miguel Ángel decidió concursar para conseguir la licencia de una administración de loterías: “Heredé un local y me pregunté, ‘¿qué puedo hacer con él?’ No me convencía la idea de venderlo ni de traspasarlo ni de abrir una papelería, una peluquería o una tienda de bicicletas…. Quería un valor más seguro. Hice un recorrido por la zona y me di cuenta de que había un sitio para un despacho de Loterías. Luego, concursé y lo logré”.

Hoy, Miguel Ángel tendría que regresar al pasado, pero recuerda que “llevó tiempo y me costó cerca de 100.000 euros adaptar el local al reglamento: las cajas de seguridad homologadas, los dispositivos de bloqueo… Al final, me parecía que no se acababa nunca, pero siempre tenía la idea de que era una inversión de futuro”.

Por eso diez años después no tiene ninguna duda. “Aquí pasamos la época de la crisis y se notó muy poco. ¿Qué negocio puede decir esto? ¿cuántos?”, pregunta Miguel Ángel que, incluso, tiene a sus dos empleados en ventanilla con un sueldo por encima de las condiciones del Convenio de Loterías. “No quiero transmitir una impresión errónea”, replica.

Administración de Lotería. /EFE

Administración de Lotería. /EFE

“Este negocio no me da para comprarme un piso en Pintor Rosales ni para conducir un Mercedes. Pero me da para vivir con comodidad, para que no me asuste si mis hijos mañana tienen que estudiar en una universidad privada y para alejarme de grandes riesgos, porque la licencia es para toda la vida. Sabes que tienes que trabajar y que los horarios comerciales son exigentes, pero es una forma de vida”, explica Miguel Ángel.

Además, se niega a hablar de números, “entre otras cosas porque nunca hay dos años iguales. Pero si se parte de la base que la media de gasto en Lotería de cada español es de 80 €, que las administraciones nos llevamos entre un 4 y un 6% por boleto vendido y que en un día normal aquí se pueden superar los 200 clientes…, se llega a la conclusión de lo que digo: hay que prepararse para trabajar duro, para armarse de paciencia, para no dejar de soñar con dar el Gordo y para compartir los beneficios que deja diciembre con los empleados. Siempre tuve claro que yo no vine aquí para enriquecerme a costa de los demás”.

Cómo preparar una oposición

El secreto es llegar, tener la oportunidad, pues cada vez es más complicado abrir un negocio de Loterías. Todavía se está solucionando la convocatoria de 2015 en la que se presentaron 2.096 solicitudes para 636 puntos de venta mixtos. Y para concursar no sólo se exige un local “sea en propiedad, alquilado o en usufructo” que no se puede utilizar para ningún otro fin comercial hasta que acabe el proceso.

También se demanda un aval bancario de 6.000 € y, en caso de obtener la licencia, una fortísima inversión para adaptar ese local a la normativa de Loterías. “Yo siempre digo que esto se parece a la preparación una oposición”, señala Miguel Ángel.

Manu, lotero: “Sabes que tienes que trabajar y que los horarios comerciales son exigentes, pero es una forma de vida”

Y apunta que “se puede lograr o no. Nadie te garantiza que vayas a conseguirlo. Pero esto es la vida y, en cualquier caso, ahora se puede comprar o alquilar una administración. Hasta hace unos años, la legislación no lo permitía. Sólo se podía transmitir a herederos en caso de jubilación o fallecimiento. Sin embargo, hoy ya no”.

A partir de ahí, sólo hay que recordar que en este negocio no existe la tabla rasa, “porque no todos los sitios son iguales”, como recordó a Público uno de los responsables de concursos de SELAE (Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado).

“El negocio tradicional de loterías ya no es lo que era cuando uno tenía un local estático y la gente iba a comprar. Incluso, hay en pueblos en los que hasta la Navidad, donde se quintuplica la venta, puede ser deficitaria. Porque en los nuevos tiempos hay que moverse mucho y hacen falta colaboradores externos, que son los vendedores autorizados de antes y que deben estar dados de alta, así como ayudas de bares, mucho trabajo de redes sociales, página web…”

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