Cuando el 10 de abril de 1980 se inició la primera legislatura en el Parlament de Catalunya solo había 7 mujeres sentadas en el hemiciclo. Rosa Maria Barenys era una de ellas. Se había “ganado” el puesto número 17 de la lista socialista por Barcelona después de muchos años vinculada a la militancia de base. Ganado porque al ser mujer “hay que luchar el doble” para conseguir un sitio, afirma. “Ellos, por el simple hecho de ser hombres, ya lo tenían”. Para ser exactos, los hombres tenían el 95% de los 135 escaños de la cámara.

Barenys recuerda que en ese momento nadie tenía en cuenta que las listas tuviesen que ser paritarias. Ni en el parlamento ni en ningún otro sector. “¿A ti te parece que 7 mujeres y 128 hombres significaba tener en cuenta algo?”, reivindica. Tuvieron que pasar exactamente 30 años para que en el Parlament hubiese, al menos, un 40% de representación femenina. Y fue en 2010, tres años más tarde cuando entró en vigor la Ley Integral de Igualdad que exigía que las listas electorales tuviesen un mínimo del 40% de representación de cada uno de los sexos.

Desde entonces el número de mujeres en el hemiciclo nunca ha descendido del umbral de las 50. En estas últimas elecciones de diciembre de 2017, el Parlament de Catalunya ha conseguido tener la máxima representación femenina de su historia con un total de 59 mujeres, que conforman el 43% del total de escaños. El mismo porcentaje que el parlamento de Suecia.

Además, por primera vez existe un grupo parlamentario que tiene más mujeres que hombres al inicio de la legislatura. El grupo liderado por Xavier Domènech, Catalunya en Comú-Podem, tiene un total de siete diputados: cuatro mujeres y tres hombres. La CUP también tuvo durante el 2016 más mujeres que hombres en el hemiciclo. Pero no fue al iniciar la legislatura, sino durante el transcurso y debido a las sustituciones que fueron sucediéndose a raíz de las renuncias a los escaños.

El Parlament y el Congreso, a la cabeza de Europa

“Da satisfacción ver cómo el número de mujeres en la política, y con cargos importantes no deja de aumentar”, explica Barenys, que atribuye este progreso a un cambio cultural radical. Desde que en 1975 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año Internacional de la Mujer y desde que en 1992 la Primera Cumbre Europea de “Mujeres en el Poder” remarcó la necesidad de una democracia más paritaria como base para el desarrollo, las mujeres han ganado terreno progresivamente.

Tanto el Parlament como el Congreso de los Diputados -con un porcentaje de representación femenina del 39,8%- se encuentran por encima de la media europea que está alrededor del 25%. España supera a las cámaras legislativas de Francia, Alemania e incluso Suiza.

Tan solo hace 12 años que se empezó a hablar en España de listas electorales cremallera, es decir aquellas donde hombres y mujeres se alternan consecutivamente de principio a fin. En estas elecciones catalanas de 2017 tanto el PSC como la CUP han presentado listas de este tipo. El resto, a pesar de no tener listas con una alternancia tan exacta, la presencia femenina era superior al 43% en todas ellas. Es el caso de la lista Popular, que era la que contaba con una menor presencia mientras que la de la CUP era la que tenía más mujeres, con un 53%.

Para Barenys el escenario político no hubiese cambiado sin las luchas sociales que han conseguido poner a la mujer en el centro del debate. Habla de las luchas lideradas por las mujeres: el derecho a un aborto digno, la denuncia constante y pública de cualquier tipo de violencia machista y de haber señalado las actitudes machistas más cotidianas para visibilizarlas.

“¿A ti te parece que 7 mujeres y 128 hombres significaba tener en cuenta algo?”

Rosa Maria Barenys

En septiembre de 2015 el pleno decidió dar la Medalla de Honor del Parlament de Catalunya en la categoría por su labor pionera en políticas públicas a las ocho mujeres de la primera legislatura: Rosa Maria Barenys, Maria Dolors Calvet, Teresa Eulàlia Calzada, Helena Ferrer, Trinitat Neras, Concepció Ferrer, Marta Matas – a título póstumo- y Assumpció Sallés -que entró unos meses más tarde para sustituir una baja-.

Cuando Barenys entró en el Parlament combinaba su labor como diputada con el cuidado de su madre. “Siempre las mujeres cargamos con el trabajo de curas familiares”. Y Barenys tiene claro que, todavía hoy, las mujeres siguen llevando a cabo una doble jornada laboral. “Todavía queda un largo camino por recorrer”.

“Todavía queda un largo camino por recorrer”

Rosa Maria Barenys

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