El pasado lunes, el portavoz del Ministerio de Justicia alemán, Piotr Malachowski, visiblemente azorado, se esforzaba por achacar a un “malentendido” las opiniones de la ministra del ramo, Katarina Barley, sobre el auto de excarcelación de Carles Puigdemont, que despachó como “declaraciones no autorizadas” al diario Süddeutsche Zeitung. Autorizadas o no, la ministra habría dicho la semana pasada, entre otras cosas, que la decisión del Tribunal de Schleswig-Holstein era “absolutamente correcta, la esperaba”.

La socialdemócrata Barley fue la única del Gobierno de coalición de conservadores y socialdemócratas de la canciller Angela Merkel en opinar del caso Puigdemont, pues el resto ha mantenido una silenciosa y escrupulosa distancia del asunto judicial en curso. La postura del Ejecutivo sobre el conflicto catalán no ha variado un ápice; su portavoz, Steffen Seibert, insistía el lunes en que es un asunto interno de España que “debe resolverse dentro del orden legal y constitucional español”.

El director en Madrid alerta de un declive de la UE si Alemania da alas al separatismo

Sin embargo, la presencia de Puigdemont en el país ha llevado a políticos de distinto signo a hablar de su causa en tono conciliador, una novedad, pues hasta ahora básicamente sólo el partido izquierdista Die Linke, quinta fuerza parlamentaria, y algunos miembros de Alianza 90/los Verdes, la sexta fuerza, le habían mostrado simpatía.

Así, en un reportaje con políticos que expresaban opiniones diversas, publicado el pasado sábado 7 en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), Elmar Brok, veterano eurodiputado de la democristiana CDU, el partido de Merkel, abogaba por una mediación de la Unión Europea. Brok ponía dos condiciones: la aquiescencia del Gobierno español y la renuncia de los independentistas a la secesión de Catalunya. “La mediación debería ser sobre más autonomía”, declaró.

“Los políticos alemanes deberían callar sobre Puigdemont”, dice su corresponsal en España

Pero el más contundente ha sido el vicejefe del grupo parlamentario del SPD, Rolf Mützenich, que el lunes declaró al diario económico Handelsblatt que “es hora de que el Gobierno español busque una solución política para Catalunya” y que “si el Gobierno quisiera ayuda de terceras partes, los países europeos o la UE serían los contactos adecuados”. Incluso cuestionó el mecanismo de la euroorden, metiendo en el mismo saco de la duda a los poderes judiciales turco, español y polaco.

En respuesta, la corresponsal en Madrid del Handelsblatt, Sandra Louven, publicó el martes un artículo titulado Los políticos alemanes deberían callar sobre Carles Puigdemont, en el que le criticaba por “sembrar dudas sobre el Estado de derecho en España, agrupando al país con Turquía y Polonia”. La autora calificaba de “imprudente y peligroso confrontar de esa manera a un miembro de la UE, uno con el que Alemania tiene una relación particularmente estrecha”, y acusaba a Mützenich de estar mal informado sobre el conflicto catalán al formular una crítica que “suena como si pudiera haberla escrito el mismo señor Puigdemont”.

Los que son críticos con el independentismo suelen tener contacto directo con la situación

Esta semana, al tiempo que menguaban las declaraciones de políticos, aparecían en medios alemanes más visiones cercanas a la idea de España. Como en el caso de Sandra Louven, la mayoría de esas voces proceden de alemanes que están en contacto directo con la situación. Se había visto ya en Barcelona en la postura inequívoca contra el independentismo del Círculo de Directivos de Habla Alemana.

Es también el caso de la Fundación Konrad Adenauer, vinculada a la democristiana CDU, que sostenía en un ensayo el martes en el FAZ que el Tribunal de Schleswig-Holstein se excedió en sus competencias con la euroorden contra Puigdemont y aseveraba que “el comportamiento en Alemania frente al separatismo catalán será reconocido como una de las causas próximas para el declive de la Unión Europea”. Su autor, Wilhelm Hofmeister, director de la oficina de la fundación en Madrid, argumentaba que una mediación internacional revalorizaría a Puigdemont. “Los nacionalistas catalanes no buscan un mayor grado de autonomía”, escribió, sino “la escisión de España para fundar un Estado propio”, y concluía que “eso es algo que la Unión Europea no debe y no puede propiciar si quiere evitar una de las causas de su futuro declive”.

Un editorialista cree que Alemania será “un refugio seguro” para otros independentistas

El impacto de los objetivos de Carles Puigdemont en el proyecto europeo, con Alemania representando un triste papel, se palpa en esa corriente. Días antes, Christoph Hasselbach, editorialista de la Deutsche Welle –la radiotelevisión pública alemana para el extranjero, que emite por internet en alemán, inglés, español y árabe–, lamentaba la resolución del Tribunal de SH por sus “devastadoras consecuencias para Europa” y fabulaba con un efecto llamada.

“Queridos separatistas de todas partes de Alemania que hasta ahora habían estado escondidos: ¡atrévanse!”, decía Hasselbach citando a Baviera y Hamburgo. Y aseguraba a “los separatistas de otros países europeos, del Tirol del Sur, de Córcega o de cualquier otro lugar”, que en Alemania tendrían “un refugio seguro” si las cosas les iban mal.

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