La modelo e influencer Shudu tiene una cuenta de Instagram (@shudu.gram) desde hace un año que reúne a más de 90.000 seguidores y ha trabajado para varias marcas. En la red se describe como “la primera supermodelo digital del mundo”, y es que Shudu no es de carne y hueso sino un conjunto de bits.

Detrás de la imagen de Shudu se encuentra el fotógrafo inglés Cameron-James Wilson, que asegura que creó a la modelo como una obra de arte, y nunca tuvo la intención de engañar a los seguidores de Instagram. “Pienso en ella como un maniquí. Es como tener una muñeca, una Barbie para vestir”.

Shudu no es el único caso: modelos virtuales están apareciendo en Instagram y convirtiéndose en auténticas influencers. Las marcas, a pesar de conocer la naturaleza digital de estas modelos, las contratan como maniquís virtuales para mostrar sus productos a los miles y miles de seguidores que tienen.

Un caso singular recogido por la BBC es el de Miquela (@lilmiquela). Esta modelo con más de 870.000 seguidores ha trabajado para marcas como Prada, Chanel, Supreme y Vans, y tiene un single en Spotify. Además, utiliza su cuenta para apoyar causas sociales y hacer activismo. Pero en febrero la revista Vogue la etiquetó como “ficcional” y sembró la duda: ¿es Miquela real o digital?

Ni Miquela (si es una persona real) ni sus desarrolladores (si es una creación digital) han querido aclarar su identidad y juegan con la confusión. El periodista de Damian Fowler podría tener la respuesta: uno de los representantes de la modelo trabaja para Brud, una compañía de robótica e inteligencia artificial.

Esto no importa en absoluto a sus fans. Uno de sus seguidores más fieles, Anthony Reyes, explica por qué: “en realidad, todos los “influencers” son digitales. Solo les conoces porque existen en una plataforma digital, ya sea Instagram, YouTube o Twitter”.

Pero no todos están de acuerdo. La modelo londinense Fatou Suri (real) fue una de las primeras en seguir la cuenta de Shudu. Utiliza Instagram para buscar fuentes de inspiración y cuando descubrió que Shudu era una creación digital se sintió “extraña y decepcionada”, aunque todavía sigue la cuenta por su valor estético.

Algunos publicistas creen que estas modelos digitales carecen de la parte humana que permite a la audiencia identificarse con ellas y establecer un vínculo emocional. Así lo confirma Suri: “obviamente Shudu es tan perfecta, que estoy un poco contenta de que no sea real”.

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