“De pequeña ya tenía claro que quería ser científica y veía en las noticias que el MIT era una de las universidades más importantes del mundo en las que se investigaba cómo curar enfermedades. Así es que yo quería ir al MIT”, cuenta Mercè Balcells-Camps. Y lo logró. Esta química llegó hace dos décadas al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), ubicado en el área de Boston (EE.UU.), para hacer un posdoctorado en bioingeniería de tejidos de, en teoría, un par de años.

Y de momento aquí sigue como investigadora científica de esta universidad, aunque asegura que nunca se ha ido del todo de España, porque es profesora “90 días al año” en el Institut de Química de Sarrià (IQS), en Barcelona. “Cada vez que intento volver, me promocionan, me dan proyectos cada vez mejores. Es que así no me puedo ir”, bromea y remacha que “esto es el paraíso de la ciencia”.

Motivos no le faltan para realizar esta afirmación. La mayoría de rankings mundiales sitúan al MIT desde hace años como la mejor universidad del mundo. De ella han salido 85 premios Nobel y cuenta entre sus exalumnos más célebres con Buzz Aldrin, el segundo hombre que pisó la Luna; Kofi Annan, exsecretario de las Naciones Unidas, o Edwin Land, el creador de la cámara Polaroid.

Mercè Balcells. Ingeniería y Ciencias Médicas Mercè Balcells. Ingeniería y Ciencias Médicas (.)

Es aquí donde, entre otras muchas cosas, se sintetizó químicamente por primera vez la penicilina, nacieron la inteligencia artificial y los e-mails, los escáneres PET, la técnica de edición genética CRISPR/Cas9 y se descubrieron los quarks. Tim Berners-Lee, el creador de internet, es profesor del MIT, como el lingüista y activista político Noam Chomsky, uno de los diez científicos más citados de todos los tiempos.

Y desde hace alrededor de una década, coincidiendo con el inicio de la fuga de cerebros en España, la aportación de talento ibérico al MIT es significativa. “Cuando llegué, éramos tan sólo cuatro españoles. En cambio, ahora hay una masa crítica enorme, sobre todo de entre 23 y 35 años. Y la nacionalidad [extranjera] más abundante de profesores e investigadores en plantilla en el MIT es la española”, afirma Balcells-Camps, quien, además, ha impulsado MIT Spain, un programa para fomentar la colaboración entre científicos y estudiantes de esta institución y centros de investigación, hospitales y empresas españoles.

Hay una selección muy estricta de profesores y alumnos. Buscan a los mejores y más apasionados

Ya cuenta con 10 años de andadura y este programa, además de fomentar las vocaciones en ciencia e ingeniería, facilita que estudiantes de esta universidad americana vengan a España. “Cerca de un 40% van a parar a Catalunya, un 40% a Madrid y el 20% restante se distribuye por el resto de las comunidades”, explica Balcells-Camps.

Pero, ¿qué tiene el MIT que no tengan otras universidades de prestigio, como Stanford o Cambridge? Para empezar, una selección muy estricta de profesores y estudiantes. Buscan a los mejores y más apasionados.

“Crear un lugar en el que todo el mundo está igual de motivado por la investigación cuesta muchísimo. Ellos lo han logrado y no sé si habrá muchos centros así en el mundo”, considera Maria Bauzà, una menorquina de 24 años que, tras haber cursado ingeniería física y matemáticas en tan sólo cuatro años y medio en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), aterrizó en el MIT con el trabajo de final de grado. “Me presenté candidata para hacer el máster y el doctorado, y ahora investigo cómo los robots interaccionan con el entorno”.

“Ya los estudiantes de primero de carrera son buenísimos. Vienen al laboratorio a hacer proyectos en su tiempo libre, para coger experiencia, incluso dedican sus vacaciones a hacer prácticas. Tienen talento y pensamiento crítico, y realmente contribuyen a tirar adelante proyectos”, considera Ester Caffarel-Salvador, investigadora posdoc en ingeniería biomédica en esta universidad americana.

Ester Caffarel-Salvador, investigadora posdoc en ingeniería biomédica Ester Caffarel-Salvador, investigadora posdoc en ingeniería biomédica (.)

Al talento se suma el ecosistema, no sólo del MIT, sino de Boston, donde hay otras universidades top, como Harvard o Tufts, así como algunos de los hospitales y centros de investigación más potentes del mundo, como el Instituto del cáncer Dana-Farber.

“Hay una concentración muy elevada de expertos muy buenos de áreas muy distintas que desarrollan investigación puntera y relevante de primer nivel. Eso hace que cuando estás aquí te nutras no sólo de tu grupo de investigación, sino también del entorno”, añade Àgata Lapedriza, profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que trabaja en inteligencia artificial y visión por computador, y es profesora visitante en el MIT. “La gente está más dispuesta a tomar riesgos para dar con cosas que marcarán la diferencia. En España se confunde cantidad con calidad”, se lamenta Lapedriza.

En el 2016 tenía un presupuesto de 3.500 millones de dólares, para un censo de unos 11.000 estudiantes

“Aquí se valora aprender, el proceso”, considera Luis Alonso, arquitecto madrileño investigador científico también en el Media Lab. “Todas las ideas cuentan, son buenas y las puedes tirar para adelante, porque te apoyan y te ayudan a buscar financiación. Y, sobre todo, piensan en grande a la hora de plantear proyectos”, añade Marta Melé, investigadora posdoctoral en el Broad Institute, un centro mixto de Harvard y del MIT. Es también un tema de recursos. En el 2016, el MIT tenía un presupuesto de 3.500 millones de dólares, en comparación, por ejemplo, con los 138 millones de euros para el 2018 de la Universitat Pompeu Fabra, ambas instituciones con unos 11.000 alumnos cada una.

“[El MIT] es una de las universidades más ricas del mundo y la ciencia sólo avanza con una gran cantidad de inversión. Los recursos no limitan la investigación, como sí ocurre en España”, se lamenta el matemático Esteban Moro, profesor de la Universidad Carlos III y profesor visitante en el Media Lab, donde investiga cómo las nuevas tecnologías y herramientas como la inteligencia artificial modifican la forma en que los humanos cooperamos.

Antonio Torralba,. Inteligencia artificial Antonio Torralba,. Inteligencia artificial (.)

Y esos recursos a que hace referencia Moro también incluyen un equipo de personas que se encargan de tareas burocráticas, para que no quiten tiempo de investigación a los científicos. Para Balcells-Camps, “en España aún no se han creído que se puede edificar un país usando como motores la ciencia y la investigación”.

Aunque, sobre todo, lo que los científicos españoles que trabajan en el MIT destacan más es que se sienten valorados. “Recientemente me presenté para conseguir una acreditación de la Aneca [La Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación], necesaria para poder enseñar en la universidad pública y me dieron la acreditación más baja; al parecer, ‘mi investigación no es relevante’”, se lamenta Alonso, que tiene claro que “si alguna vez me tengo que ir del MIT, me iría a otro sitio en que la meritocracia funcione”.

“Los científicos en Estados Unidos en general gozamos de reconocimiento social. Aquí dices que eres científica del MIT y la gente se queda con la boca abierta. Salimos en la primera página de los diarios a menudo. Somos el equivalente de Leo Messi. Y eso nos llena de orgullo y también de responsabilidad. La gente cada día nos da las gracias por nuestro trabajo. Y eso, por desgracia, a los científicos en España no les pasa”, opina Balcells-Camps.

Convocatoria para 1.000 jóvenes

El Consejo de Ministros autorizó ayer a la Agencia Estatal de Investigación una convocatoria para impulsar la contratación de 1.000 jóvenes en actividades de ciencia e innovación en España. La iniciativa, de 40 millones de euros, busca fomentar la contratación laboral de personal técnico y de gestión de la I+D en universidades, organismos y entidades de investigación del sector público. Las ayudas se destinarán íntegramente a la contratación, incluyendo la retribución bruta y la cuota empresarial a la Seguridad Social. Las ayudas serán de 19.600 euros para titulados universitarios y de 17.900 euros para titulados en formación profesional.

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