Apoyándose en su doble rechazo, a la independencia y al inmovilismo, sus dos barandillas electorales, Miquel Iceta se ve como presidente de la Generalitat si, como dicen las encuestas, la aritmética no permite a los tres partidos separatistas desarrollar la declamada república independiente de Cataluña.

En ese caso (menos de 68 escaños), la CUP volvería al gallinero de la política, mientras que ERC y JxCAT buscarían en la transversalidad sus opciones de gobierno. O sea, eventuales pactos con los socialistas o los “comunes” de Xavier Doménech. Las posibilidades de que Puigdemont (cárcel o destierro) repita en la “Casa dels Canonges” o que le suceda Junqueras (cárcel o libertad vigilada) son remotas. O inexistentes.

Oído en la cabina de mandos del PP: “Si los independentistas no alcanzan la mayoría absoluta, el presidente de la Generalitat será Miquel Iceta”

Los de la candidatura itinerante de JxCAT –de turismo en Bruselas- ya han dicho que en ningún caso prestarían sus votos para investir a nadie que no sea Puigdemont. ERC en justa reciprocidad, tampoco prestaría sus votos a nadie que no sea Junqueras o Marta Rovira. Las señales de desconfianza mutua se multiplican. Lógico. Los antiguos socios son ahora competidores en el bloque independentista. Junqueras se ha dado cuenta de que el otro juega con ventaja y rentabiliza al máximo su espantada.

Lo cual volvería a situar a Iceta como candidato-recurso o, como él diría, candidato-refugio, avalado por una propuesta cargada de catalanismo y de respeto a la Constitución, aunque sigue viva la voluntad de reformarla, repicada este fin de semana en Tarragona por el líder del PSOE, Pedro Sánchez, que se estrenaba en la campaña electoral catalana.

Pedro Sanchez en el mitin electoral celebrado en Mataro (Barcelona). (EFE)Pedro Sanchez en el mitin electoral celebrado en Mataro (Barcelona). (EFE)

La primera fuerza en el campo constitucional será Ciudadanos, con toda probabilidad. Pero su candidata, Inés Arrimadas, sería vetada por el PSC, que ha declarado por activa y por pasiva su aversión al frentismo, en tanto que los socialistas venden “diálogo y conciliación”. El resto de los grupos, excepción hecha del PP, sólo vería en ella el 155 que lleva en la mochila.

También por ese lado la alternativa volvería a ser Miquel Iceta, que se mostraría dispuesto a gobernar en minoría con acuerdos de geometría variable. “Tendríamos que buscar en el infierno cada quince días los votos necesarios”, declara.

“Es mi momento”, dice a todas horas mientras conjuga los dos términos de su ecuación presidencialista. Uno, el desastre de un independentismo que no ha traído más que desgracias a Cataluña. Y dos, el hambre atrasada de centralidad y consenso que se detecta en el catalanismo secuestrado por el ‘procès’. Pero no solo él se ve como ‘president’.

“Es mi momento”, dice mientras conjuga los dos términos de su ecuación: el desastre del independentismo y el hambre de centralidad

En la cabina de mandos del PP están así de seguros: “Si los independentistas no alcanzan la mayoría absoluta el 21-D, el presidente de la Generalitat será Miquel Iceta”. No lo dirán en público pero lo celebran por anticipado como un mal menor frente a la hipótesis de una Cataluña ingobernable. Aún incluyendo algún acuerdo con ERC, siempre que renuncie a la unilateralidad y que en ningún caso supondría coalición de Gobierno.

Al otro lado de la barricada, donde cada vez son más visibles las grietas del bloque independentista, también ven a Iceta como un presidente por descarte. Simplemente porque con su “catalanismo transversal” ha puesto un pie a cada lado y es, hoy por hoy, según todas las encuestas de valoración de líderes, el que menos rechazo suscita. El mejor situado para forjar una alianza entre diferentes. A la vista de los resultados, claro.

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