Arquéologos mexicanos descubrieron lo que han denominado como un ‘modelo miniatura del Universo’ en la zona de Nahualac, en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, a 55 kilómetros de la Ciudad de México.

En el lugar se encontró un ‘tetzacualco’, un pequeño templo adoratorio dentro de un estanque natural, que podría haber sido construido como un modelo de ‘microuniverso’ o la representación de un tiempo y espacio primigenio. Esto lo deducen porque en el pozo se produce un efecto óptico en el que pareciera que la estructura, hecha de piedra, emana del agua, reseña una nota del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La arqueóloga Iris Hernández, de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH, indicó que el ‘tetzacualco’ se construyó durante la época prehispánica en el estanque estacional que se encuentra en Nahualac, ubicado a 3.870 metros sobre el nivel del mar.

El adoratorio está hecho a base de piedras apiladas, sin ningún tipo de cementante, y mide aproximadamente 11,5 x 9,8 metros. En el lugar de investigación se pueden apreciar las esquinas y los arranques de los muros, además de algunos montículos de rocas que lo rodean.

“La intención de que el agua rodeara elementos arquitectónicos rituales específicos parece haber sido una parte importante dentro del pensamiento mesoamericano, lo vemos en Tenochtitlan, o en la Ciudadela, en Teotihuacan”, dijo Hernández.

Proyecto Nahualac

Este descubrimiento es parte de los hallazgos ocurridos desde que en 2016 comenzaron los trabajos del Proyecto Arqueológico Nahualac, que se creó en 2015 a partir de una denuncia de destrucción del lugar.

Además del adoratorio dentro del estanque, a 150 metros de distancia de este se ha encontrado un área en un valle donde brotan manantiales, en la cual han aparecido piezas cerámicas con elementos decorativos asociados a Tláloc, dios de la lluvia.

Hernández precisó que se han hallado “materiales cerámicos en superficie, algunos de ellos identificados del tipo Coyotlatelco (750-900 d.C.), Mazapa (850 a 900 d.C.) y Complejo Tollan (900-1150 d.C.)”.

Estas evidencias han aparecido en un área de 300 por 100 metros.

De acuerdo a Hernández, las evidencias encontradas hasta ahora explican que existió un control del agua proveniente de manantiales cercanos para conducir el líquido al estanque y con ellos provocar un efecto visual que da la sensación que el ‘tetzacualco’ flotara sobre un espejo del agua.

Esos efectos “además de las características de los elementos que conforman el sitio y la relación que guardan entre ellos, hacen suponer que Nahualac pudo representar un microcosmos que evoca a las aguas primigenias y el inicio del tiempo-espacio mítico”, explicó.

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