Entre 1965 y 1968 los Robinson aterrizaron de forma atropellada en la parrilla televisiva. Tenían que formar parte de una expedición para colonizar otro planeta pero su nave era saboteada y acababan en un planeta desconocido donde cualquier amenaza podía representar soltar el último aliento.

Como ocurre con casi todas las series de ciencia ficción, Lost in Space (Perdidos en el Espacio) se convirtió en una obra de culto donde, contra todo pronóstico, los mayores reclamos para el público acabaron siendo los personajes que no llevaban el apellido Robinson: un villano bastante cómico llamado Dr Smith y un robot que se convertía en el máximo aliado de Will, el menor de los Robinson.

Se basa en serie del mismo nombre de los sesenta

¿Y por qué hablamos de esta serie medio siglo más tarde? Pues porque Netflix acaba de estrenar un remake con el objetivo de entretener sus suscriptores con una serie de aventuras de perfil familiar. Hasta el momento había invertido la mayoría de su presupuesto en producciones de adultas o para nichos muy concretos, y con este Lost in Space querían una serie de aventuras para adultos, jóvenes y niños y que se luciera a nivel de presupuesto (Stranger things tiene personajes muy jóvenes pero tiene demasiados homenajes al género de terror para ser considerada infantil).

Los responsables de esta adaptación son dos guionistas sin demasiado pedigrí como Matt Sazama y Burk Sharpless, conocidos por su trabajo en películas como Dracula Untold, El último cazador de Brujas y Dioses de Egipto, todas vapuleadas por la crítica. Esto no tiene porqué significar que Lost in Space sea mala. Hay muchos guionistas que, cuando se les da la oportunidad de brillar, la aprovechan. Pero no es el caso.

El Robot debe ser el personaje más interesante. El Robot debe ser el personaje más interesante. (Courtesy of Netflix / Courtesy of Netflix)

Entre las virtudes de Lost in Space se puede decir que está bien hecha. Tiene localizaciones bien halladas y, por tratarse de un producto blanco sin factor cool, tiene unos efectos visuales conseguidos (el robot es de superproducción). También ayuda que la señora Robinson (que no hay que confundir con la de Anne Bancroft) sea una actriz siempre solvente como Molly Parker (Deadwood, House of cards), cuyas miradas pueden transmitir mucho más de lo que deja entrever el guion.

Sin embargo, la serie tiene un serio problema en la presentación de personajes y en las dinámicas de los Robinson. Cree que ser una serie de entretenimiento familiar significa no esforzarse en el tratamiento de los personajes, dejándoles caer en lugares comunes y otorgándoles únicamente pinceladas antipáticas.

Tiene un serio problema en la presentación de personajes y en las dinámicas de los Robinson

Para que se entienda, en la tribu de los Robinson hay dos chicas adolescentes. El acto reflejo de una de ellas, cuando se estrella la nave y están a punto de palmarla, es salvar el móvil en un planeta a millones de quilómetros de distancia de la Tierra o la Colonia. Cuando el hijo menor recibe instrucciones de ejecutar una misión, el miedo le impide moverse. Y, cuando minutos más tarde su padre le pide que no se mueva hasta que vuelva, decide explorar un bosque en un planeta desconocido que puede estar repleto de peligros. Por no hablar de la capacidad que tienen todos los Robinson de echarse cosas en cara que no vienen a cuento mientras miembros de la familia están a punto de morir.

Con estas presentaciones entre irritantes e insípidas, uno se queda sin demasiadas ganas de aventura. O sea, la respuesta a la pregunta del título es “no”. Como máximo la puede salvar el automatismo de los suscriptores de Netflix, que somos capaces de tragarnos bodrios infumables porque siempre aparecen en la parrilla y, bueno, la elíptica del gimnasio no es el mejor sitio para ver The Americans.

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