Olvido Gara Jova (Ciudad de México, 1963) quiso ser astronauta y veterinaria, pero acabó siendo Alaska, referente femenino de la movida madrileña. Cantante o entertainer, como le gusta definirse a ella, no le tiene ningún miedo a la muerte. “Entiendo que decir esto sentada ahora mismo en mi salón es muy fácil; no sé si reaccionaré igual de tranquila llegado el momento. Sí le tengo mucho miedo al sufrimiento, a la degradación física y mental”, explica antes de añadir a renglón seguido: “Me daría un poco de miedo morirme de golpe, sin haberlo sabido, sin prepararme, aunque igual es estupendo y te ahorras angustias”.

–¿Ha tenido alguna experiencia con la muerte?
–No una experiencia propia, sólo las muertes de los demás. Mis fantasías literarias y espirituales me hacen creer que no es igual morir de accidente o de forma violenta que en la cama y con conciencia previa. Imagino un momento de tránsito y luego… nada.

–¿Cree que hay algo más allá?
–Creo que hay algo. No imagino nada y lo imagino todo. Luz, energía, otras formas. Pero creo que la energía de uno ­mismo se pierde y que poco importa lo que haya más allá.
No tiene madera de heroína y preferiría dejar de vivir a no poder disfrutar de la vida con dignidad.

–Usted ha dicho que Marco Aurelio, en sus Meditaciones, le ha enseñado a actuar sabiendo que la vida es muy fugaz. ¿Qué es la vida para usted?
–No es que la lectura de Marco Aurelio me haya enseñado, es que al leerlo me he sentido identificada y cómoda con lo que propone. La vida es un espacio de tiempo que pasa inexorablemente, nos deja grandes cuestiones, como la injusticia, la maldad o el destino, pero también muestra que un solo segundo de felicidad verdadera la hace valiosa. Hay que vivirla como lo que es, un momento más o menos fugaz que no se repite, rindiendo cuentas a cada momento para estar en paz.

Como propone Marco Aure­lio, convierta la desgracia en dicha. Será más feliz. Viva y sume segundos de felicidad.

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Imagino que después de un rato de instrospección y ajuste de cuentas conmigo misma, querría comunicarme con algunas personas de forma directa. Me despediría de mi familia o amigos del alma, de Mario. Quizá dejara algo escrito para los demás. Intentaría que todo lo legal y el destino de mis cosas quedara bajo control. Me daría un baño, me pondría mi perfume favorito, me maquillaría, peinaría y vestiría y me metería en la cama a leer las Meditaciones de Marco Aurelio. Y llegado el momento, me gustaría irme bajo los efectos de alguna sustancia que abra las puertas de la percepción, como lo hizo Aldous Huxley. 
 
2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Tengo mis dudas de que llegue a acabar la carrera de Historia, sigo matriculándome cada año; conseguir un físico culturista e incluso presentarme a alguna competición de este deporte parece bastante difícil; estudiar otra carrera, la de Bibliotoeconomía, y acabar trabajando en una biblioteca… No es sólo la falta de tiempo y organización por la naturaleza de mi profesión, es también la biología, que impone sus normas al envejecer.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Serenidad. Y alegría. Al fin y al cabo, tarde o temprano se van a ver en la misma situación, es lo único que todos los seres vivos tenemos en común.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Interesante, intensa, buscada, trabajada y elegida (al menos, hasta donde cada uno es capaz). Y seguramente, corta, ¡me quedan tantos libros por leer!

5. ¿De qué está más orgullosa?
Pues como decía, de vivir la vida que he elegido, de haberme levantado tras cada caída. De no haber pretendido hacer daño. Y de haber practicado desde pequeña un cierto grado de autoconciencia. 

6. ¿Se arrepiente de algo?
No. Como casi todos, he perdido tiempo, no he sido constante en la consecución de algunas metas personales, he juzgado con demasiada severidad o, por el contrario, con exagerada clemencia… pero eso es la vida.
 
7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Escuchar a mi abuela contándome anécdotas familiares. Momentos de viaje interior intenso cuestionado al Oráculo de Delfos en Grecia. O esos mismos momentos de revelación en compañía del ser amado. Ver la alegría en los demás, sobre todo en un niño o un animal.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Patatas fritas, pasta salteada con ajo, salmorejo, bocadillo de queso, sidra El Gaitero, tiramisú y tarta de queso.

9. ¿Se iría a dormir?
Como decía, me iría a la cama, ¡pero no creo que me durmiera! Y si añadimos la sustancia enteogénica, pues ya seguro que no.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Estaba escrito sobre la entrada del templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”.

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