Si hay algo por lo que se define Eslovenia es por su cariz verde, un color que emana directamente de la imponente muralla alpina que separa el norte del país de Italia y Austria. Esta muralla, los Alpes Julianos, esconde en sus resortes bosques mágicos, cascadas de altura y mucho encanto. Sus cumbres níveas gran parte del año moldean un paisaje lleno de belleza.

Para los amantes de la historia, cabe señalar que estos Alpes fronterizos han atestiguado numerosas estratagemas militares desde la civilización romana, mientras que actualmente atraen a turistas especialmente interesados en la escalada, el senderismo y también el ciclismo.

Vista panorámica del lago Bohinj en los Alpes Julianos (Eslovenia) Vista panorámica del lago Bohinj en los Alpes Julianos (Eslovenia) (Remedios / Getty Images/iStockphoto)

Parques con historia

Entre sus plazas mágicas destaca el Parque Nacional de Triglav, con el pico homónimo como montaña más alta del país, casi siempre nevado. Además de frondosidad, este gigantesco parque nacional reúne una historia propia muy particular, como las sangrientas batallas libradas en la I Guerra Mundial entre miles de soldados italianos y austrohúngaros.

El parque también custodia bosques secretos, silenciosos y exuberantes, y su magnitud regala bocanadas de virginidad a los visitantes, sorprendidos por cavidades cársticas y lagos glaciares, además de repentinas cascadas. La inmensidad del Triglav hace que los Alpes Julianos siempre se desvelen inalcanzables, gracias a 400 montañas que superan los 2.000 metros de altura; la más alta es la cumbre del Triglav.

Cauce del río Soca a su paso por el parque nacional de Triglav (Eslovenia) Cauce del río Soca a su paso por el parque nacional de Triglav (Eslovenia) (wallix / Getty Images/iStockphoto)

Este pico mira hacia un paraíso verde esculpido por el río Soca, tan desnivelado y arrollador que es conocido por los deportistas de kayak y rafting y también por los admiradores de las aguas color esmeralda. El Soca se halla en perfecta sintonía con el paisaje, como una nota melódica. Su curso llega apresurado desde el país vecino, Austria, atravesando la cordillera juliana con ahínco.

Como un cincel a través de los siglos, el Soca ha dado desfiladeros a un paisaje embebido del deshielo alpino. Es tal el encanto de lugar que Disney ha rodado en su cauce escenas de Las crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian, también por su punto cercano a la ciencia ficción.

Visitas urbanas

Pese a su condición de pulmón de Europa, el Parque Nacional de Triglav convive con núcleos poblacionales como la ciudad de Bovec,sede turística de verano para amantes de los deportes acuáticos que abraza la zona. Pero los Alpes Julianos también son para el invierno, puesto que acogen la estación de Krvavec y el Centro de Esquí de Cerkno.

Y más famosa es Planica, célebre enclave internacionalmente conocido por acoger año tras año los Campeonatos de Salto de Esquí, en el que participan los mejores saltadores de todo el mundo.

Estación de esquí Planica (Eslovenia) Estación de esquí Planica (Eslovenia) (MistikaS / Getty Images/iStockphoto)

También la pequeña localidad de Kranjska Gora es un destino elegido por turistas y autóctonos en invierno para esquiar y sentir el calor de los lugareños, además de admirar el paso de Vrsic, que une esta región con la ciudad de Bovec. En este paso, dominado por sus famosas cincuenta curvas, el visitante se topa con una capilla rusa, en recuerdo de la presencia de prisioneros rusos obligados a hacer trabajos forzados en la zona durante la I Guerra Mundial. Allí el aire es puro, y los Alpes de jactan de cerrar filas a su alrededor, sellando sin fisuras la frontera entre Austria, Italia y Eslovenia.

Ciudades de cuento

A los pies de los Alpes Julianos, Bled emerge como una pintoresca ciudad de cuento encaramada a un lago. Además del imponente telón de fondo alpino, la ciudad tiene como emblema una pequeña isla con la iglesia en medio, por la que la localidad es famosa. Relativamente cerca, el lago Bohinj, un antiguo valle glaciar, es abrazado también por su color verde y sus posibilidades recreativas para pescadores y alpinistas.

Está muy cerca del monte Vogel, que ofrece destacadas panorámicas del gigantesco lago y también una vista privilegiada a la cascada Savica, elevada a 78 metros y de ensordecedor ruido, especialmente por la fuerza del agua en las estaciones lluviosas. Al otro lado de Bled, a escasos kilómetros, aguardan revoltosas las gargantas de Vintgar, un desfiladero sangrado por aguas turquesas encajadas entre las estrechas paredes de los montes Borst y el Hom, que regalan un paseo tranquilo teñido de tonalidades verdes y saltos de agua.

Un hombre relajado frente al lago de Bled (Eslovenia) Un hombre relajado frente al lago de Bled (Eslovenia) (mikeinlondon / Getty Images/iStockphoto)

Con más de la mitad del país configurado por parques naturales, bosques y cascadas, Eslovenia se desvela como un destino ideal para quienes buscan el reposo y la belleza, pero el país también tiene algunos kilómetros de playa, una alabada gastronomía y ciudades con una interesante historia que merece la pena no desdeñar.

Cómo llegar

El país tiene tres aeropuertos internacionales, en Liubliana, Portoroz y Maribor. Aunque desde España no existen vuelos directos, son numerosas las compañías que ofrecen escalas en países vecinos, especialmente en Venecia (Italia).

Eslovenia es un paraíso verde para perderse al volante, aunque es necesario pagar una tasa obligatoria llamada viñeta para poder circular por sus autopistas. Esta pegatina se compra en todas las áreas de servicio y gasolineras; también en oficinas de correos y quioscos.

Una imagen del centro de Liubliana (Eslovenia) Una imagen del centro de Liubliana (Eslovenia) (Matthew Williams-Ellis / Getty)

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