Fue como en el mítico anuncio de la muñecas de Famosa, sólo que en la noche de fin de año. Casi daban ganas de ponerse a cantar el villancico del anuncio, contemplando como los presidentes autonómicos se dirigían al portal para hacer llegar al votante su cariño y su amistad y Rajoy en el pesebre se reía porque estaba alegre y todos repetían el gran mantra popular: todo lo malo que nos pasa es por culpa de Catalunya.

Todas y todos los presidentes autonómicos salieron a marcar territorio en sus televisiones y cumplir con la casposa tradición de endilgarnos otra vez ese mitin de fin de año que nadie les ha pedido y a nadie le interesa, excepto a ellos, sus séquitos y su prensa hipersubvecionada. Ninguno llegó al nivel de ridículo del presidente de Aragón, Javier Lambán, hablando de su libro rodeado de las disputadas piezas del monasterio de Sijena, como si fuera el jefe de la tribu exhibiendo las cabezas de sus enemigos cortadas por él personalmente; pero todos lanzaron su piedra en una lapidación que solo puede producir sonrojo y vergüenza ante semejante insulto a nuestra inteligencia.

Como suelen hacer el repelente niño Vicente que siempre hay en cada clase, Núñez Feijóo, desde Galicia, pidió castigo para aquellos que no se portaron bien; Javier Fernández, desde Asturias, y Emiliano García Page, desde Castilla La Mancha, lo dejaron bien claro: ojito, que os estamos vigilando; Fernández Vara en su inmensa sabiduría dictó condenas por sedición; y Susana Díaz, más fina y por no resultar redundante, nos dio a todos muchos recuerdos y afecto, catalanes incluidos.

Resulta inconveniente y bastante burdo que conviertan un presunto mensaje de felicitación de Nochevieja en un grosero ejercicio de manipulación, mentira, incitación a la mala educación de señalar con el dedo a los vecinos, y agitación de la bandera del odio denunciando privilegios inexistentes. Resulta una autentica tomadura de pelo que, en el año en que las comunidades autónomas van a recibir por primera vez más de cien mil millones de euros a través del sistema de financiación, se dediquen a intentar convencernos de que nuestro problema es Catalunya, en vez de explicarnos los éxitos y los objetivos cumplidos de su gestión.

Como si en pleno siglo XXI aún vaya a funcionar el truco más viejo de todos los gobernantes incompetentes: inventarse un enemigo exterior. Más buen gobierno y menos intentar colarnos películas de buenos y malos, amiguetes. Ese sí que es un deseo de año nuevo decente.

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