EL POLITIKO

SIN CENSURA

Los Mossos ahondaron en la vida de la pareja asesinada en Susqueda y supieron que eran seres excepcionales

Pese a apenas conocer detalles de sus vidas, los crímenes de Paula Mas y Marc Hernández despertaron un enorme sentimiento de tristeza y angustia y una gran empatía hacía los jóvenes, de 21 y 23 años. De la pareja del Maresme vimos estos últimos ocho meses su imagen entrando en la sucursal de CaixaBanc de La Cellera de Ter, el 24 de agosto, a las 9.43 de la mañana, apenas dos horas y media antes de ser asesinados en una zona de ruinas conocida popularmente como La Rierica. Habían dormido, como otras veces, en el interior del Opel Zafira azul del padre de ella, que acondicionaban con un palé y un colchón inflable para dormir. Se acababan de despertar y aún tenían el frío en el cuerpo, por eso los dos vestían sudaderas de manga larga.

La pareja llevaba cuatro años saliendo, pero eran muy discretos. Ninguno conocía a los padres del otro por timidez, por prudencia y por salvaguardar una intimidad que durante estos meses sus amigos y familiares han mantenido.

Pocos días antes de aquel triste 24 de agosto en el pantano, ella escribió lo feliz que se sentía junto a su novio

Cada entorno familiar y de amistad de un desaparecido gestiona a su manera esa ausencia y esos meses de investigación policial con la constante presencia de su caso en los medios de comunicación. O como pueden. No hay fórmulas, ni mejores, ni peores. Hay padres que entienden que lo beneficioso es acudir a los medios de comunicación y mostrar sus temores y angustias, porque sienten que ese dolor compartido les ayuda y hace más fuerte en el calvario. Y otros, como los de Marc y Paula, que blindan sus miedos con el silencio y en la intimidad de sus seres queridos.

Pese a ser dos desconocidos para la gente, su desaparición el 24 de agosto cuando iban a pasar un par de días en el pantano de Susqueda y el hallazgo de sus cuerpos, un mes después, atraparon el interés general al tratarse de un caso que desde el primer momento estuvo rodeado de un gran misterio.

Foto de Paula Mas Foto de Paula Mas (Mossos d’Esquadra)

El sumario, esos cerca de 2.500 folios que recogen la minuciosa y tenaz investigación que ha liderado la unidad central de personas desaparecidas, pero en la que han participado otras muchas unidades especializadas de los Mossos, permite acercarse con muchísimo respeto a las víctimas. En todas las desapariciones en las que los investigadores descubren que hay indicios de criminalidad y que por tanto no hay marcha voluntaria, sino un asesinato previo, los policías diseccionan hasta el último detalle del presente y el pasado de las víctimas.

En este caso, los investigadores se sirvieron de los padres, de los familiares y de los buenos amigos de la pareja para no tardar en comprender que Marc y Paula mantenían una relación sentimental madura y sana y eran dos jóvenes sencillamente ejemplares. Sus padres no se conocían. Ni siquiera tenían el teléfono de uno y del otro. Y esas primeras horas de la tarde del 24 y del 25 de agosto, tuvieron que pedir a los amigos de sus respectivos hijos los números de móvil del otro.

La pareja se conoció asistiendo a un curso de informática en el que Paula era la única chica de la clase. Lo pasó mal al principio, hasta que encontró complicidad con Marc y la relación se fue afianzando. Ella llevaba seis meses trabajando en el Carpi Pizza de Vilassar de Mar e impartía clases de refuerzo a alumnos de primaria. Estaba pasando un gran momento. Se sentía inmensamente feliz.

Marc Hernandez Lopez Marc Hernandez Lopez (Mossos d’Esquadra)

Ordenada y rigurosa, elaboraba listas, escribía lo que hacía en un cuaderno azul y anotaba pensamientos y letras de música en hojas sueltas que adornaban las paredes de su cuarto y que siempre le acompañaban. Dos de esos folios aparecieron en el interior del Opel Zafira, rescatado del fondo del pantano cuatro días después de la desaparición. Otros los entregaron sus padres a los investigadores para que comprobaran, con las palabras manuscritas once días antes por ella, como se sentía: “(…) I amb el Marc tot és perfecte. CAP queixa. I si, ara si que sóc molt feliç i em va tot genial. Estic vivint la vida com vull… Em veig capaç de tot (…)”.

Así como los padres de Paula si sabían que la joven tenía una relación con Marc, los de él apenas tenían detalles. Ni siquiera les dijo que iba con ella al pantano un par de días, sólo les comentó que se iba a navegar con unos amigos. Tampoco había decidido dónde iría.

Pidió a sus padres permiso para llevarse el kayak de la familia. La tarde del 23 de agosto lo infló y comprobó en el porche de la casa que no perdía aire. Había estado pinchado y lo habían reparado con un parche. En una de sus últimas conversaciones con su madre, le recordó que tuviera cuidado con navegar en alta mar, porque ella había volcado con su padre. “Seguramente iremos a un pantano”, le respondió.

Marc era queridísimo, y su relación con Paula, según cuentan todas las personas de su entorno, le había centrado y le hacía mucho bien. Pasaba un buen momento.

Le hubiera encantado ser piloto de avión, pero su dislexia, diagnosticada con mucha tardanza, le hizo perder confianza en su capacidad de estudiar, le volvió tímido y retraído, y se apartó de los libros. Se volcó en su otra gran pasión, la naturaleza. Estudió un grado de agente forestal, en Santa Coloma de Farners, y soñaba con encontrar un trabajo relacionado con el medio ambiente. De momento, se había comprometido con un tío suyo para ayudarle desde casa con las finanzas de un negocio de compra y venta por internet. Pero tenía planes con su chica. Hacía poco que Marc y Paula se habían presentado a una entrevista para trabajar de masoveros en una masía. No los seleccionaron, pero la idea de seguir probando les tenía ilusionados.

Iban a dormir sólo dos noches fuera de casa. La primera la hicieron con el coche estacionado frente al bar La Parada, donde compraron agua antes de arrancar la ruta en coche hasta el pantano. Marc no conocía la zona. El día antes consultó cómo llegar en el ordenador. Paula estuvo al menos una vez en la cantera, en una de las fiestas que se organizaron un verano.

Llegaron a Susqueda y estacionaron el Opel Zafira en una zona pendiente de concretar por parte de los investigadores. Pero fue en algún lugar que les permitió descender a pie con el kayak hasta las aguas del pantano. En cualquier caso, cerca de las ruinas de La Rierica, donde a esa hora, entre las 11.20 y las 11.26, pescaba Jordi Margentí y fueron asesinados. Hasta ese dramático punto debieron de llegar poco antes por agua, en el kayak, sospechan los investigadores. ¿Qué pasó? Nunca lo sabremos. Pero nada relevante que provocara esa reacción devastadora y criminal. Lo cuentan las cerca de 2.500 páginas de un sumario que no está acabado… Paula y Marc nunca se pelearon con nadie. Eran excepcionales.

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