La llegada de los hijos tiene consecuencias muy diferentes en las carreras laborales de hombres y mujeres: mientras que la participación de los trabajadores en el empleo aumenta conforme tienen descendencia, entre las trabajadoras se estanca o, directamente, baja. Es decir, la brecha laboral entre mujeres y hombres aumenta considerablemente cuando unas y otros tienen hijos. Un fenómeno que sucede en todos los países europeos, aunque con matices importantes, y que se desprende de los últimos datos recopilados por Eurostat en un portal dedicado a la vida de hombres y mujeres en Europa.

La brecha entre mujeres y hombres existe sea cual sea la situación personal que consideremos. Entre las personas sin hijos, en Europa la tasa de empleo de las mujeres es del 65% y la de los hombres, del 72,5%. Siete puntos y medio de diferencia que crecen cuando nos fijamos en las personas que tienen un hijo: las mujeres en esa situación tienen una tasa de empleo del 70,5%, mientras la de los hombres es 14 puntos mayor, del 84,6%. La brecha se agranda aún más si tomamos como referencia a las personas con dos hijos: la tasa de empleo de las mujeres pasa entonces a ser del 70,4% y la de los hombres, del 89,2%. Diecinueve puntos de distancia. 

Varios aspectos se entremezclan aquí. Por un lado, los hombres participan más que las mujeres en el mercado de trabajo formal, independientemente de cuales sean las circunstancias. Dos, que cuando aparece el primer hijo, tanto hombres como mujeres incrementan esa participación, probablemente por la necesidad de ingresos y también por los tramos de edad en los que se produce la maternidad y paternidad, que generalmente coinciden con años de más desarrollo profesional. Tres, que esa participación crece en mucha mayor medida entre los hombres, mientras que en las mujeres, de hecho, se estanca cuando tienen su segundo hijo. Hasta tal punto, que la brecha entre trabajadores y trabajadoras pasa de los siete puntos cuando no tienen hijos a los diecinueve cuando tienen dos hijos.

“Hay una desigualdad de género en el trabajo asociada a la maternidad. En general se espera que las mujeres se ocupen de los hijos, reduciendo el número de horas de trabajo o no trabajando más, mientras que los hombres deben compensar esa pérdida de salario trabajando más. Es por eso que cuando llegan hijos las mujeres son menos activas y los hombres son más activos en el empleo”, explica la investigadora Lara Maestripieri, especializada en vulnerabilidad social y roles de género. 

La balanza termina por descompensarse del todo si las personas tienen un tercer hijo. En ese caso, la tasa de empleo de los hombres se dispara hasta el 83,5% y la de las mujeres cae en picado, hasta el 55,2%. 

Esta tendencia es general en toda Europa, aunque la brecha oscila entre países. Los hay donde es muy grande, como Italia, con 30 puntos de diferencia entre mujeres y hombres con dos hijos, o Alemania y Polonia, con una brecha de 20 puntos. Los países donde hay menos diferencia en el empleo de mujeres y hombres son Suecia y Dinamarca, con siete y nueve puntos de distancia, respectivamente.

En España, la brecha es algo mayor que la media europea y crece de forma muy abultada con la llegada de los hijos: sin descendencia, los hombres tienen una tasa de empleo siete puntos mayor que la de las mujeres, una diferencia que crece hasta los catorce puntos cuando hay un hijo y hasta los veinte cuando hay dos hijos.

El nivel educativo influye

Para la investigadora del Institut de Govern i Polítiques Publiques de la Universitat Autònoma de Barcelona, Marga León, los datos muestran hasta qué punto pesan los modelos tradicionales. “Para las mujeres el coste de tener una familia tradicional es muy alto. Cuando ese modelo se rompe suele ser por mujeres que deciden no tener hijos o por mujeres que tienen un nivel educativo y formativo alto”, señala. El número de mujeres que deciden no tener hijos aumenta, señala León, y lo hace especialmente en algunos países, como Austria o Alemania, donde la penalización a las mujeres con hijos es mayor y donde el modelo conservador de familia está más arraigado. “Allí las encuestas incluso muestran que mucha gente ve negativo que las mujeres con hijos trabajen”.

Los países donde la brecha es más reducida, los escandinavos, han apostado por políticas de conciliación neutras, es decir, no dirigidas solo a las mujeres y encaminadas a cambiar los roles de género, por ejemplo, con permisos de paternidad más amplios. “Cuando hay opción de externalizar el trabajo de cuidados (como los servicios de cuidado de niños) las mujeres son mas activas y las relaciones de género son mas igualitarias entre familias y en el trabajo”, dice Maestripieri.

La  brecha salarial también está detrás de esta otra brecha: una y otra se retroalimentan. “Al final acaba siendo una elección racional de las familias. Cuando el coste de externalizar los cuidados es igual o superior a un salario deja de compensar trabajar”, subraya la experta Marga León. Esa brecha existe, en mayor o menor medida, en todos los países europeos. “En toda Europa las mujeres son peor pagadas que los hombres y usualmente son empleadas en sectores segregados en que están solo las mujeres. Esto sectores (como el cuidado, la educación, la salud) se caracterizan por menores posibilidades de carrera y salarios mas bajos”, añade Maestripieri.

Esa menor dedicación al mercado laboral formal puede verse, por ejemplo, en la incidencia que tiene el trabajo a tiempo parcial entre las mujeres. Un tercio (el 32%) de las mujeres ocupadas lo están a tiempo parcial, frente a solo el 9% de los hombres. Los porcentajes más altos se dan en Países Bajos (77%) o Austria y Alemania (46%), países que han hecho de esta modalidad de trabajo una especie de ‘gueto’ para las mujeres. 

Un  estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) de 2016 constataba que, a pesar de que las mujeres han logrado un nivel educativo superior al de los hombres, hay una brecha en la participación laboral de trabajadores y trabajadoras, especialmente a partir de los 30 años. El nivel educativo es uno de los factores que también influye: el estudio destacaba que, en general, a mayor formación, más participación laboral de las mujeres.

La investigadora  Lara Maestripieri también pone esta variable encima de la mesa. “Normalmente, las mujeres que tienen un nivel de educación más alto tienen también menos hijos (porque están más interesadas en el trabajo y menos interesadas en invertir en la familia). Pero las mujeres con un nivel de educación más alto tienen también más facilidad para buscar trabajo, entonces con el mismo numero de hijos son más activas que las mujeres con un nivel de educación más bajo”, argumenta. 

Deja un comentario