EL POLITIKO

SIN CENSURA

Los factores que complican la investidura en Catalunya

Lo que tantas veces ha hecho progresar la hoja de ruta independentista hasta el choque final con el Estado, la astucia, se echa en falta ahora para desbloquear la situación y permitir la investidura de un nuevo president de la Generalitat al albor de los resultados electorales del 21-D. Sin descartar que la solución que acuerden ERC y Junts per Catalunya (JxCat) en los próximos días pueda incorporar una buena dosis de esta habilidad, de momento son numerosos los factores que complican el acuerdo entre las dos principales fuerzas independentistas, como la permanencia en la cárcel o en Bruselas de ocho diputados electos, entre ellos los dos principales candidatos (Junqueras y Puigdemont); la línea sucesoria del Govern considerado legítimo y las alternativas que se barajan, el escepticismo del PDeCat con Puigdemont, el no rotundo de los republicanos a repetir elecciones, el empecinamiento de ERC en pactar con los ‘comuns’, el papel secundario de la CUP o la previsión de que el juicio en el Tribunal Supremo se pueda celebrar en un año.

Son factores políticos, judiciales, electorales y programáticos, que cuando se entrecruzan condicionan y hacen muy difícil una salida por la firmeza de las premisas. Entre ellas, la de JxCat cuando avisa de que el único president que investirán será Puigdemont; la de ERC, que sin estar en disposición de poner condiciones como consecuencia de los resultados del 21-D retan al expresident a volver y asumir el cargo, lo cual es sinónimo de entrar en prisión; la de la CUP, que vende su abstención cara al recordar que irá en función del grado de unilateralidad, o las que marca el calendario electoral, con unos comicios municipales muy determinantes para los republicanos, pero también para los herederos de CDC.

1- Cinco electos en Bruselas y tres en prisión

ERC y JxCat suman en total ocho diputados electos en la cárcel o “en el exilio”, lo cual supone ocho diputados que pueden recoger su acta de diputados pero no podrían participar ni de las votaciones ni de los debates que tengan lugar en el Parlament. En este sentido, cobra fuerza la idea a la que se agarra Ciutadans a la hora de albergar una esperanza de poder alzarse con el control de la Mesa del Parlament y, tal vez con la presidencia del Govern si el resto de partidos no independentistas le apoyaran. Pero esto sólo sería posible si estos ocho diputados no renunciaran a su escaño y dejaran en minoría al bloque independentista en el Parlament, algo inviable por constituir el principal logro de los independentistas en los pasados comicios.

2- Junqueras seguirá en prisión y Puigdemont lejos

Las negociaciones entre ERC, JxCat y la CUP ya han comenzado y todo el foco estaba en Junqueras. Una vez aclarado que el líder de ERC seguirá en Estremera tras haberle sido denegada la libertad provisional por el riesgo de reiteración delictiva que atisba el Supremo, se desvanecen las posibilidades de que el republicano pueda erigirse de alguna manera como candidato a la investidura en virtud de la línea sucesoria que establece el llamado Govern legítimo presidido por Puigdemont. El plan b al que apuntaba el diputado Gabriel Rufián ya no tiene visos de hacerse realidad.

A las puertas del Supremo, Rufián lo dejaba bien claro: el plan b si Puigdemont no puede (quiere) volver es Junqueras, algo que sólo se atrevía a declarar el diputado antes de conocer el fallo de la sala del Supremo de este viernes, aunque el portavoz Sergi Sabrià lo venía a confirmar cuando señalaba que “cuando salga Junqueras lo hará con ganas de ayudar al país pero esto lo veremos cuando salga… en este momento sólo hay un plan que es Puigdemont”.

Sólo la puesta en libertad de Junqueras podía obligar a Puigdemont a comenzar a plantearse la posibilidad de volver a Catalunya, tal y como aseguró sin tapujos durante la campaña electoral. Sin orden judicial internacional a resolver por la justicia belga, el expresident se encuentra igualmente ante la disyuntiva de volver para ingresar en prisión y, tal vez, poder ser investido, o permanecer en Bruselas o en cualquier otro lugar fuera de territorio español ‘ad eternum’, como consecuencia de su estrategia de evitar la justicia española.

3- ERC fue tercera fuerza el 21-D y Puigdemont no es hombre de partido

Pero hay además dos handicaps que desfiguran las condiciones de ambos líderes para estar en condiciones de ser investidos: por un lado la decepción que supuso el hecho de que los republicanos acabaran siendo tercera fuerza política en las elecciones, por detrás del PDeCat, cuando las encuestas les daban como ganadores o empatados con Cs. Por otro lado, el hecho de que Puigdemont no sea un hombre de partido, que haya logrado la victoria entre los independentistas en los comicios a cambio de esconder las siglas, es precisamente lo que provoca el escepticismo del PDeCat, que incluso comprendería que el expresident diera “un pas al costat”, como Artur Mas en su día, por el bien del ‘procés’.

4- JxCat dice que Puigdemont sólo volverá si hay un pacto con el Estado

Si la investidura de Junqueras es imposible ahora que sabemos que permanecerá en prisión, prácticamente igual de inverosímil resulta la de Puigdemont. En el PDeCat ven posible incluso una investidura telemática, a distancia, pero el sentido común sitúa inconcebible poder ejercer como 131º president de la Generalitat desde una celda. El día a día, la función ejecutiva, debería recaer en alguien de confianza, de una suerte de ‘conseller en cap’ que llevase a cabo la gestión del día a día mientras se esfuerza por preservar la memoria del “Gobierno legítimo” encarcelado o “en el exilio”.

Por eso en JxCat y en el las versiones oficiales del PDeCat se lanza un mensaje al Gobierno del Estado para que haga posible la vuelta de los dirigentes huidos a Bélgica y la excarcelación de los exresponsables del Govern. Aseguran que Puigdemont sólo volvería con la garantía de que tendría la posibilidad de ejercer con libertad como president, es decir, si la Fiscalía decide retirar la causa por orden del Gobierno, algo altamente improbable. La petición deja al descubierto la premisa de que Puigdemont no tiene ninguna intención de regresar si eso significa poner un pie en prisión y no poder ejercer a plenos poderes como nuevo jefe del Govern.

5- El “Govern legítimo” y las alternativas a Puigdemont

El hecho de que en el PDeCat insista en restituir el “Govern legítimo” también pretende ser un argumento dentro de un relato de largo recorrido, que irá más allá de la investidura y que puede servir también al PDeCat para luchar contra ERC ante las próximas citas electorales (las municipales de 2019), y el Estado por las causas judiciales que se mantienen abiertas como consecuencia del 1-O y la DUI.

Ante la inviabilidad de que Puigdemont sea el presidente ejecutivo de nuevo, el PDeCat sopesa alternativas, y pensando en un eventual paso al lado del expresident surgen nombres como el de Jordi Sànchez, número dos de la lista pero también encarcelado, e incluso Elsa Artadi, Jordi Turull o Josep Rull. El expresidente de la ANC aún no ha sido excarcelado, pero hay quien ve poco probable que siga en prisión hasta que se celebre el juicio. Elsa Artadi, que asumió el encargo de coordinar la ponencia ideológica del nuevo PDeCat y ha sido la directora de campaña de Puigdemont, se dio de baja del partido justo antes de implicarse en la campaña. Los otros dos exconsellers están imputados igual que Junqueras, Puigdemont y Sànchez, aunque en libertad provisional.

6- El no rotundo de ERC y JxCat a repetir elecciones

De momento, la firmeza de JxCat con Puigdemont es tal que obliga al PDeCat a declarar que no hay plan B, sólo plan A, y que no se contempla otra alternativa que investir al expresident y que no habrá una repetición de elecciones como consecuencia de una falta de acuerdo con ERC en la investidura. Pero el PDeCat no olvida que Puigdemont ni siquiera comunicó a los máximos dirigentes de su partido su decisión de irse a Bélgica y que dejó plantada la reunión de la ejecutiva de la formación el lunes siguiente a la DUI en el Parlament.

La negativa a repetir elecciones es un convencimiento compartido entre ERC y JxCat. Sobre todo son los republicanos los que dejan claro que no están por la labor de forzar una fatigosa repetición electoral en Catalunya, máxime con su candidato en prisión. Desde las filas republicanas son rotundos a la hora de rechazar nuevos comicios como consecuencia de una falta de acuerdo en la investidura con JxCat. El riesgo de que no se reedite la victoria independentista por una división personalista en el seno del bloque, o la idea de que se perpetúe la aplicación del 155 son dos buenos argumentos. JxCat tampoco quiere poner en riesgo una victoria inesperada ante los republicanos cuando había encuestas que les situaban como tercera fuerza parlamentaria o incluso por detrás.

7- La previsión de que el juicio en el Supremo se celebre en un año y deje inhabilitaciones

Aunque nadie quiere ni oír hablar de repetir elecciones, cualquier decisión sobre la investidura tiene que tener en cuenta las novedades de la causa que se instruye en el Tribunal Supremo contra los ocho dirigentes independentistas que han conseguido representación parlamentaria tras el 21-D y que están inculpados por delitos graves que pueden conllevar muchos años de cárcel o, cuanto menos, penas de inhabilitación para ejercer cargo público.

Como sucedió con Artur Mas y las exconselleras Rigau y Ortega, Junqueras, Turull, Rull, Forn, Bassa, Borràs, Jordi Sànchez, Romeva, Mondó y Forcadell, así como el resto de miembros imputados de la Mesa del Parlament y Jordi Cuixart, pueden recibir esa pena que les impida ejercer como parlamentarios en el caso de recoger el acta de diputado y pretender actuar como tal.

Si como se pretende, el juicio ante el Supremo tiene lugar dentro de un año más o menos, la situación puede provocar que los ocho electos, los cinco en Bélgica (Carles Puigdemont, Clara Ponsatí y Lluís Puig, Toni Comín, Meritxell Serret) y los tres que aún siguen en prisión (Oriol Junqueras, Jordi Sànchez y Joaquim Forn) se vean obligados finalmente a dejar sus cargos y renunciar a sus actas de diputados.

8- El papel secundario de la CUP

Los resultados electorales también han servido para dejar atrás la dependencia de la CUP que antaño generó tantas disputas con el partido de Artur Mas e incluso le obligó a renunciar a la presidencia de la Generalitat. Con los cuatro escaños que han cosechado sólo se necesita de ellos una abstención en segunda votación para la investidura, pero aún así, venden caro su apoyo al insistir en la vía unilateral si el diálogo con el Estado no lleva a ninguna parte. Es un apoyo secundario pero determinante si se plantan a la hora de vetar algún candidato.

La vía unilateral que impulsan los cuperos choca con la renuncia a esta estrategia por parte de ERC y JxCat, que tras el choque de trenes con el Estado y las causas judiciales en marcha se quieren centrar en una vía bilateral que pueda generar acuerdos. Sin embargo, ninguna de las dos principales formaciones independentistas renuncian a seguir con la situación de tensión de la legislatura anterior como consecuencia del permanente conflicto competencial y de bloqueos ante el Tribunal Constitucional.

9- La voluntad de ERC de ampliar la base soberanista con los ‘comuns’

Es una de las primeras voluntades expresadas por Oriol Junqueras tras su entrada en prisión y la convocatoria de los comicios del 21-D: “tejer complicidades” con los ‘comuns’, aunque se esperaba que el apoyo ciudadano al partido de Ada Colau fuera mucho mayor de lo que finalmente ha sido. Con sólo 8 diputados, su apoyo ya no es tan determinante ni tan caro como se pudiera presumir. En contra de la viabilidad de esta entente juega el hecho de que los ‘comuns’ ya advirtieron que no pactarían con un Govern en el que estuviera el PDeCat, aunque una cosa son los pactos de gobierno y otra los acuerdos puntuales a lo largo de la legislatura.

10- Las elecciones municipales de mayo de 2019

El hecho de que independentistas no quieran repetir los comicios también está ligada con el horizonte electoral, con una nueva cita con las urnas prevista para mayo de 2019, aunque se trate de elecciones municipales. En poco más de un año, los ciudadanos catalanes volverán a citarse en las urnas. Aunque los catalanes no votan igual en las generales, las autonómicas y las municipales, ERC aspira a superar por fin a los convergentes, algo que no pudo ser en 2015.

CiU fue quien ganó entonces las municipales en Catalunya pero retrocediendo respecto a 2011 en cerca de 115.000 votos. El partido, que ha cambiado mucho desde entonces, logró ser la fuerza más votada con 667.683 votos, el 21,52%, y 3.324 concejales, mientras que ERC cosechó 508.839 votos, duplicando así los 257.705 sufragios que logró en los anteriores comicios, y sumó 2.381 concejales, con lo que se sitúa como segunda fuerza en número de ediles en los consistorios catalanes. Aún así, los republicanos quedaban lejos de las perspectivas que se les abrían por primera vez en las europeas de 2014, cuando fue el partido más votado en Catalunya.

La pugna entre ambas formaciones se mantendrá hasta entonces y es probable que se multipliquen las diferencias que han aflorado en esta campaña electoral, aunque mantengan el mismo objetivo secesionistas y lleguen a compartir el Govern de la Generalitat. El hecho de que no hayan reeditado la coalición de Junts pel Sí abre la veda.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.